巴斯克维尔的猎犬.  阿瑟•柯南 道尔

第1章. 歇洛克•福尔摩斯先生 (Capítulo 1. El señor Sherlock Holmes)
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歇洛克•福尔摩斯先生坐在桌旁早餐,他除了时常彻夜不眠之外,早晨总是起得很晚的。我站在壁炉前的小地毯上,拿起了昨晚那位客人遗忘的手杖。这是一根很精致而又沉重的手杖,顶端有个疙疸;这种木料产于槟榔屿,名叫槟榔子木。紧挨顶端的下面是一圈很宽的银箍,宽度约有一英寸。上刻”送给皇家外科医学院学士杰姆士•摩梯末,C。C。H。的朋友们赠“,还刻有”一八八四年“。这不过是一根旧式的私人医生所常用的那种既庄重、坚固而又实用的手杖。

”啊,华生,你对它的看法怎么样?“

福尔摩斯正背对着我坐在那里,我原以为我摆弄手杖的事并没有叫他发觉呢。

”你怎么知道我在干什么呢?我想你的后脑勺儿上一定长了眼睛了吧。“

”至少我的眼前放着一把擦得很亮的镀银咖啡壶。“他说,”可是,华生,告诉我,你对咱们这位客人的手杖怎样看呢?

遗憾的是咱们没有遇到他,对他此来的目的也一无所知,因此,这件意外的纪念品就变得更重要了。在你把它仔细地察看过以后,把这个人给我形容一番吧。“

”我想,“我尽量沿用着我这位伙伴的推理方法说,”从认识他的人们送给他这件用来表示敬意的纪念品来看,摩梯末医生是一位功成名就、年岁较大的医学界人士,并且很受人尊敬。“

”好哇!“福尔摩斯说:”好极了!“

”我还认为,他很可能是一位在乡村行医的医生,出诊时多半是步行的。“

”为什么呢?“

”因为这根手杖原来虽很漂亮,可是,已经磕碰得很厉害了,很难想象一位在城里行医的医生还肯拿着它。下端所装的厚铁包头已经磨损得很厉害了,因此,显然他曾用它走过很多的路。“

”完全正确!“福尔摩斯说。

”还有,那上面刻着’C。C。H。的朋友们‘,据我猜想,所指的大概是个猎人会[因为猎人(Hunter)一词的头一个字母是H,所以华生推想C。C。H。可能是个什么猎人会组织名称的缩写字。——译者注];他可能曾经给当地的这个猎人会的会员们作过一些外科治疗,因此,他们才送了他这件小礼物表示酬谢。“

”华生,你真是大有长进了,“福尔摩斯一面说着,一面把椅子向后推了推,并点了支纸烟,”我不能不说,在你热心地为我那些微小的成就所作的一切记载里面,你已经习惯于低估自己的能力了。也许你本身并不能发光,但是,你是光的传导者。有些人本身没有天才,可是有着可观的激发天才的力量。我承认,亲爱的伙伴,我真是太感激你了。“

他以前从来没有讲过这么多的话,不可否认,他的话给了我极大的快乐。因为过去他对于我对他的钦佩和企图将他的推理方法公诸于众所作的努力,常是报以漠然视之的态度,这样很伤我的自尊心。而现在我居然也能掌握了他的方法,并且实际应用起来,还得到了他的赞许,想起这点我就感到很骄傲。现在他从我手中把手杖拿了过去,用眼睛审视了几分钟,然后带着一副很感兴趣的神情放下了纸烟,把手杖拿到窗前又用放大镜仔细察看起来。

”虽很简单,但还有趣,“他说着就重新在他所最喜欢的那只长椅的一端坐下了,”手杖上确实有一两处能够说明问题。它给我们的推论提供了根据。“

”我还漏掉了什么东西吗?“我有些自负地问道,”我相信我没有把重大的地方忽略掉。“

”亲爱的华生,恐怕你的结论大部分都是错误的呢!坦白地说吧,当我说你激发了我的时候,我的意思是说:在我指出你谬误之处的同时,往往就把我引向了真理。但并不是说这一次你完全错误了。那个人肯定是一位在乡村行医的医生,而且他确是常常步行的。“

”那么说,我的猜测就是对的了。“

”也只是到这个程度而已。“

”但是,那就是全部事实了。“

”不,不,亲爱的华生,并非全部——决不是全部。譬如说,我倒愿意提出,送给这位医生的这件礼物,与其说是来自猎人会,倒不如说是来自一家医院;由于两个字头’C。C。‘是放在’医院‘一词(在英文中,医院一词的字头也是H)之前的。因此,很自然的使人想起了CharingCross这两个字来。“

”也许是你对了。“

”很可能是这样的。如果咱们拿这一点当作有效的假设的话,那我们就又有了一个新的根据了。由这个根据出发,就能对这位未知的来客进行描绘了。“

”好吧!假设’C。C。H。‘所指的就是查林十字医院,那么我们究竟能得出什么进一步的结论呢?“

”难道就没有一点能够说明问题的地方了吗?既然懂得了我的方法,那么就应用吧!“

”我只能想出一个明显的结论来,那个人在下乡之前曾在城里行过医。“

”我想咱们可以大胆地比这更前进一步,从这样的角度来看,最可能是在什么样的情况下,才会发生这样的赠礼的行动呢?在什么时候,他的朋友们才会联合起来向他表示他们的好意呢?显然是在摩梯末为了自行开业而离开医院的时候。

我们知道有过一次赠礼的事;我们相信他曾从一家城市医院转到乡村去行医。那么咱们下结论,说这礼物是在这个转换的当儿送的不算过分吧。“

”看来当然是可能的。“

”现在,你可以看得出来,他不会是主要医师,因为只有当一个人在伦敦行医已有了相当名望的时候,才能据有这样的地位,而这样的一个人就不会迁往乡村去了。那么,他究竟是个做什么的呢?如果说他是在医院里工作而又不算在主要医师之列,那么他就只可能是个住院外科医生或者是住院内科医生——地位稍稍高于医学院最高年级的学生;而他是在五年以前离开的——日期是刻在手杖上的,因此你的那位严肃的、中年的医生就化为乌有了。亲爱的华生,可是这里出现了一位青年人,不到三十岁,和蔼可亲、安于现状、马马虎虎,他还有一只心爱的狗,我可以大略地把它形容成比狸犬大,比獒犬小。“

我不相信地笑了起来。歇洛克•福尔摩斯向后靠在长椅上,向天花板上吐着飘荡不定的小烟圈。

”至于后一部份,我无法检查你是否正确,“我说,”但是要想找出几个有关他的年龄和履历的特点来,至少是不怎么困难的。“我从我那小小的放医学书籍的书架上拿下一本医药手册来,翻到人名栏的地方。里面有好几个姓摩梯末的,但只有一个可能是我们的来客。我高声地读出了这段记载:

”杰姆士•摩梯末,一八八二年毕业于皇家外科医学院,德文郡达特沼地格林盆人。一八八二至一八八四年在查林十字医院任住院外科医生。因着文《疾病是否隔代遗传》而获得杰克逊比较病理学奖金。瑞典病理学协会通讯会员。曾着有《几种隔代遗传的畸形症》(载于一八八二年的《柳叶刀》),[《柳叶刀》(原文为Lance)是英国的一种医学杂志,至今仍继续出版。——译者注]《我们在前进吗?》(载于一八八三年三月份的《心理学报》)。曾任格林盆、索斯利和高冢村等教区的医务官。“

”并没有提到那个本地的猎人会啊,华生!“福尔摩斯带着嘲弄的微笑说,”正象你所说的观察结果一样,他不过是个乡村医生;我觉得我的推论是很正确的了。至于那些形容词,如果我记得不错的话,我说过’和蔼可亲、安于现状和马马虎虎‘。根据我的经验,在这个世界里只有待人亲切的人才会收到纪念品;只有不贪功名的人才会放弃伦敦的生涯而跑到乡村去;只有马马虎虎的人才会在你的屋里等了一小时以后不留下自己的名片,反而留下自己的手杖。“

”那狗呢?“

”经常是叼着这根手杖跟在它主人的后面。由于这根木杖很重,狗不得不紧紧地叼着它的中央,因此,它的牙印就能看得很清楚了。从这些牙印间的空隙看来,我以为这只狗的下巴要比狸犬下巴宽,而比獒犬下巴窄。它可能是……对了,它一定是一只卷毛的长耳獚犬。“

他站了起来,一面说着一面在屋里来回地走着。他在向楼外突出的窗台前站住了。他的语调里充满了自信,引得我抬起头来,以惊奇的眼光望着他。

”亲爱的伙伴,对这一点,你怎么能这样地肯定呢?“

”原因很简单,我现在已经看到那只狗正在咱们大门口的台阶上,而且它主人按铃的声音也传了上来。不要动,我恳求你,华生。他是你的同行兄弟,你在场对我也许会有帮助。

华生,现在真是命运之中最富戏剧性的时刻了,你听得到楼梯上的脚步声了吧,他正在走进你的生活;可是,你竟不知道是祸是福。这位医学界的人物,杰姆士•摩梯末医生要向犯罪问题专家歇洛克•福尔摩斯请教些什么呢?请进!“

这位客人的外表,对我来说真是值得惊奇的事,因为我先前预料的是一位典型的乡村医生,而他却是一个又高又瘦的人,长长的鼻子象只鸟嘴,突出在一双敏锐而呈灰色的眼睛之间,两眼相距很近,在一副金边眼镜的后面炯炯发光。他穿的是他这一行人常爱穿的衣服,可是相当落拓,因为他的外衣已经脏了,裤子也已磨损。虽然还年轻,可是长长的后背已经弯曲了,他在走路的时候头向前探着,并具有贵族般的慈祥风度。他一进来,眼光马上就落在福尔摩斯拿着的手杖上了,他欢呼一声就向他跑了过去。”我太高兴了!“他说道,”我不能肯定究竟是把它忘在这里了呢?还是忘在轮船公司里了。我宁可失去整个世界,也不愿失去这根手杖。“

”我想它是件礼物吧。“福尔摩斯说。

”是的,先生。“

”是查林十字医院送的吗?“

”是那里的两个朋友在我结婚时送的。“

”唉呀!天哪,真糟糕!“福尔摩斯摇着头说。

摩梯末医生透过眼镜稍显惊异地眨了眨眼。

”为什么糟糕?“

”因为您已经打乱了我们的几个小小的推论。您说是在结婚的时候,是吗?“

”是的,先生,我一结婚就离开了医院,也放弃了成为顾问医生[顾问医生为医生中之地位最高者。顾问医生停止一般医疗工作而专门协助诊断治疗一般医生难以诊治之疑难病症。——译者注]的全部希望。可是,为了能建立起自己的家庭来,这样做是完全必要的。“

”啊哈!我们总算还没有弄错。“福尔摩斯说道,”嗯,杰姆士•摩梯末博士……“

”您称我先生好了,我是个卑微的皇家外科医学院的学生。“

”而且显而易见,还是个思想精密的人。“

”一个对科学略知一二的人,福尔摩斯先生;一个在广大的未知的海洋岸边拣贝壳的人。我想我是在对歇洛克•福尔摩斯先生讲话,而不是……“

”不,这是我的朋友华生医生。“

”很高兴能见到您,先生。我曾听到人家把您和您朋友的名字相提并论。您使我很感兴趣,福尔摩斯先生。我真想不到会看见这样长长的头颅或是这种深深陷入的眼窝。您不反对我用手指沿着您的头顶骨缝摸一摸吧,先生?在没有得到您这具头骨的实物以前,如果按照您的头骨做成模型,对任何人类学博物馆说来都会是一件出色的标本。我并不想招人讨厌,可是我承认,我真是羡慕您的头骨。“

歇洛克•福尔摩斯用手势请我们的陌生客人在椅子上坐下。”先生,我看得出来,您和我一样,是个很热心于思考本行问题的人,如同我对我的本行一样。“他说道,”我从您的食指上能看出来您是自己卷烟抽的;不必犹豫了,请点一支吧。“

那人拿出了卷烟纸和烟草,在手中以惊人的熟练手法卷成了一支。他那长长的手指抖动着,好象昆虫的触须一样。

福尔摩斯很平静,可是他那迅速地转来转去的眼珠使我看出,他已对我们这位怪异的客人发生了兴趣。

”我认为,先生,“他终于说起话来了,”您昨晚赏光来访,今天又来,恐怕不仅仅是为了研究我的头颅吧?“

”不,先生,不是的,虽然我也很高兴有机会这样做。我所以来找您,福尔摩斯先生,是因为我知道我自己是个缺乏实际经验的人,而且我忽然遇到了一件最为严重而又极为特殊的问题。由于我确知您是欧洲第二位最高明的专家……“

”喝,先生!请问,荣幸地站在第一位的是谁呢?“福尔摩斯有些刻薄地问道。

”对于一个具有精确的科学头脑的人来说,贝蒂荣先生办案的手法总是具有很强的吸引力的。“

”那么您去找他商讨不是更好吗?“

”先生,我是说,就具有精确的科学头脑的人说来。可是,就对事物的实际经验说来,众所共知的,您是独一无二的了。东西

我相信,先生,我并没有在无意之中……“

”不过稍微有一点罢了,“福尔摩斯说道,”我想,摩梯末医生,最好请您立刻把要求我协助的问题明白地告诉我吧。“

Eseñor Sherlock Holmes, que de ordinario se levantaba muy tarde, excepto en las ocasiones nada infrecuentes en que no se acostaba en toda la noche, estaba desayunando.

Yo, que me hallaba de pie junto a la chimenea, me agaché para recoger el bastón olvidado por nuestro visitante de la noche anterior. Sólido, de madera de buena calidad y con un abultamiento a modo de empuñadura, era del tipo que se conoce como «abogado de Penang»1. Inmediatamente debajo de la protuberancia el bastón llevaba una ancha tira de plata, de más de dos centímetros, en la que estaba grabado «A James Mortimer, MRCS2, de sus amigos de CCH», y el año, «1884». Era exactamente la clase de bastón que solían llevar los médicos de cabecera a la antigua usanza: digno, sólido y que inspiraba confianza.

-Veamos, Watson, ¿a qué conclusiones llega?

1. Bastón de paseo de cabeza abultada que se fabrica con el tallo de Licuala Acutifida, una palma dé Asia oriental.

2. Member of the Royal College of Surgeons (Miembro del Real Colegio de Cirujanos).

Holmes me daba la espalda, y yo no le había dicho en qué me ocupaba.

-¿Cómo sabe lo que estoy haciendo? Voy a creer que tiene usted ojos en el cogote.

-Lo que tengo, más bien, es una reluciente cafetera con baño de plata delante de mí -me respondió-. Vamos, Watson, dígame qué opina del bastón de nuestro visitante. Puesto que hemos tenido la desgracia de no coincidir con él e ignoramos qué era lo que quería, este recuerdo fortuito adquiere importancia. Descríbame al propietario con los datos que le haya proporcionado el examen del bastón.

-Me parece -dije, siguiendo hasta donde me era posible los métodos de mi compañeroque el doctor Mortimer es un médico entrado en años y prestigioso que disfruta de general estimación, puesto que quienes lo conocen le han dado esta muestra de su aprecio.

-¡Bien! -dijo Holmes-. ¡Excelente!

-También me parece muy probable que sea médico rural y que haga a pie muchas de sus visitas.

-¿Por qué dice eso?

-Porque este bastón, pese a su excelente calidad, está tan baqueteado que difícilmente imagino a un médico de ciudad llevándolo. El grueso regatón de hierro está muy gastado, por lo que es evidente que su propietario ha caminado mucho con él.

-¡Un razonamiento perfecto! -dijo Holmes.

-Y además no hay que olvidarse de los «amigos de CCH». Imagino que se trata de una asociación local de cazadores', a cuyos miembros es posible que haya atendido profesionalmente y que le han ofrecido en recompensa este pequeño obsequio.

1. La deducción de Watson se explica porque la inicial H sirve en inglés tanto para la palabra hunt, una de cuyas acepciones es «asociación de cazadores», como para «hospital».

-A decir verdad se ha superado usted a sí mismo -dijo Holmes, apartando la silla de la mesa del desayuno y encendiendo un cigarrillo-. Me veo obligado a confesar que, de ordinario, en los relatos con los que ha tenido usted a bien recoger mis modestos éxitos, siempre ha subestimado su habilidad personal. Cabe que usted mismo no sea luminoso, pero sin duda es un buen conductor de la luz. Hay personas que sin ser genios poseen un notable poder de estímulo. He de reconocer, mi querido amigo, que estoy muy en deuda con usted.

Hasta entonces Holmes no se había mostrado nunca tan elogioso, y debo reconocer que sus palabras me produjeron una satisfacción muy intensa, porque la indiferencia con que recibía mi admiración y mis intentos de dar publicidad a sus métodos me había herido en muchas ocasiones. También me enorgullecía pensar que había llegado a dominar su sistema lo bastante como para aplicarlo de una forma capaz de merecer su aprobación. Acto seguido Holmes se apoderó del bastón y lo examinó durante unos minutos. Luego, como si algo hubiera despertado especialmente su interés, dejó el cigarrillo y se trasladó con el bastón junto a la ventana, para examinarlo de nuevo con una lente convexa.

-Interesante, aunque elemental -dijo, mientras regresaba a su sitio preferido en el sofá-.

Hay sin duda una o dos indicaciones en el bastón que sirven de base para varias deducciones.

-¿Se me ha escapado algo? -pregunté con cierta presunción-. Confío en no haber olvidado nada importante. -Mucho me temo, mi querido Watson, que casi todas sus conclusiones son falsas. Cuando he dicho que me ha servido usted de estímulo me refería, si he de ser sincero, a que sus equivocaciones me han llevado en ocasiones a la verdad. Aunque tampoco es cierto que se haya equivocado usted por completo en este caso. Se trata sin duda de un médico rural que camina mucho.

-Entonces tenía yo razón. -Hasta ahí, sí.

-Pero sólo hasta ahí.

-Sólo hasta ahí, mi querido Watson; porque eso no es todo, ni mucho menos. Yo consideraría más probable, por ejemplo, que un regalo a un médico proceda de un hospital y no de una asociación de cazadores, y que cuando las iniciales CC van unidas a la palabra hospital, se nos ocurra enseguida que se trata de Charing Cross.

-Quizá tenga usted razón.

-Las probabilidades se orientan en ese sentido. Y si adoptamos esto como hipótesis de trabajo, disponemos de un nuevo punto de partida desde donde dar forma a nuestro desconocido visitante.

-De acuerdo; supongamos que «CCH» significa «hospital de Charing Cross»; ¿qué otras conclusiones se pueden sacar de ahí?

-¿No se le ocurre alguna de inmediato? Usted conoce mis métodos. ¡Aplíquelos!

-Sólo se me ocurre la conclusión evidente de que nuestro hombre ha ejercido su profesión en Londres antes de marchar al campo.

-Creo que podemos aventurarnos un poco más. Véalo desde esta perspectiva. ¿En qué ocasión es más probable que se hiciera un regalo de esas características? ¿Cuándo se habrán puesto de acuerdo sus amigos para darle esa prueba de afecto? Evidentemente en el momento en que el doctor Mortimer dejó de trabajar en el hospital para abrir su propia consulta. Sabemos que se le hizo un regalo. Creemos que se ha producido un cambio y que el doctor Mortimer ha pasado del hospital de la ciudad a una consulta en el campo.

¿Piensa que estamos llevando demasiado lejos nuestras deducciones si decimos que el regalo se hizo con motivo de ese cambio?

-Parece probable, desde luego.

-Observará usted, además, que no podía formar parte del personal permanente del hospital, ya que tan sólo se nombra para esos puestos a profesionales experimentados, con una buena clientela en Londres, y un médico de esas características no se marcharía después a un pueblo. ¿Qué era, en ese caso? Si trabajaba en el hospital sin haberse incorporado al personal permanente, sólo podía ser cirujano o médico interno: poco más que estudiante posgraduado. Y se marchó hace cinco años; la fecha está en el bastón. De manera que su médico de cabecera, persona seria y de mediana edad, se esfuma, mi querido Watson, y aparece en su lugar un joven que no ha cumplido aún la treintena, afable, poco ambicioso, distraído, y dueño de un perro por el que siente gran afecto y que describiré aproximadamente como más grande que un terrier pero más pequeño que un mastín.

Yo me eché a reír con incredulidad mientras Sherlock Holmes se recostaba en el sofá y enviaba hacia el techo temblorosos anillos de humo.

-En cuanto a sus últimas afirmaciones, carezco de medios para rebatirlas -dije-, pero al menos no nos será dificil encontrar algunos datos sobre la edad y trayectoria profesional de nuestro hombre.

Del modesto estante donde guardaba los libros relacionados con la medicina saqué el directorio médico y, al buscar por el apellido, encontré varios Mortimer, pero tan sólo uno que coincidiera con nuestro visitante, por lo que procedí a leer en voz alta la nota biográfica.

«Mortimer, James, MRCS, 1882, Grimpen, Dartmoor, Devonshire. De 1882 a 1884 cirujano interno en el hospital de Charing Cross. En posesión del premio Jackson de patología comparada, gracias al trabajo titulado "¿Es la enfermedad una regresión?".

Miembro correspondiente de la Sociedad Sueca de Patología. Autor de "Algunos fenómenos de atavismo" (Lancet, 1882), "¿Estamos progresando?" (Journal of Psychology, marzo de 1883). Médico de los municipios de Grimpen, Thorsley y High Barrow».

-No se menciona ninguna asociación de cazadores -comentó Holmes con una sonrisa maliciosa-; pero sí que nuestro visitante es médico rural, como usted dedujo atinadamente.

Creo que mis deducciones están justificadas. Por lo que se refiere a los adjetivos, dije, si no recuerdo mal, afable, poco ambicioso y distraído. Según mi experiencia, sólo un hombre afable recibe regalos de sus colegas, sólo un hombre sin ambiciones abandona una carrera en Londres para irse a un pueblo y sólo una persona distraída deja el bastón en lugar de la tarjeta de visita después de esperar una hora.

-¿Y el perro?

-Está acostumbrado a llevarle el bastón a su amo. Como es un objeto pesado, tiene que sujetarlo con fuerza por el centro, y las señales de sus dientes son perfectamente visibles.

La mandíbula del animal, como pone de manifiesto la distancia entre las marcas, es, en mi opinión, demasiado ancha para un terrier y no lo bastante para un mastín. Podría ser..., sí, claro que sí: se trata de un spaniel de pelo rizado.

Holmes se había puesto en pie y paseaba por la habitación mientras hablaba. Finalmente se detuvo junto al hueco de la ventana. Había un tono tal de convicción en su voz que levanté la vista sorprendido.

-¿Cómo puede estar tan seguro de eso?

-Por la sencilla razón de que estoy viendo al perro delante de nuestra casa, y acabamos de oír cómo su dueño ha llamado a la puerta. No se mueva, se lo ruego. Se trata de uno de sus hermanos de profesión, y la presencia de usted puede serme de ayuda. Éste es el momento dramático del destino, Watson: se oyen en la escalera los pasos de alguien que se dispone a entrar en nuestra vida y no sabemos si será para bien o para mal. ¿Qué es lo que el doctor James Mortimer, el científico, desea de Sherlock Holmes, el detective? ¡Adelante!

El aspecto de nuestro visitante fue una sorpresa para mí, dado que esperaba al típico médico rural y me encontré a un hombre muy alto y delgado, de nariz larga y ganchuda, disparada hacia adelante entre unos ojos grises y penetrantes, muy juntos, que centelleaban desde detrás de unos lentes de montura dorada. Vestía de acuerdo con su profesión, pero de manera un tanto descuidada, porque su levita estaba sucia y los pantalones, raídos. Cargado de espaldas, aunque todavía joven, caminaba echando la cabeza hacia adelante y ofrecía un aire general de benevolencia corta de vista. Al entrar, sus ojos tropezaron con el bastón que Holmes tenía entre las manos, por lo que se precipitó hacia él lanzando una exclamación de alegría.

-¡Cuánto me alegro! -dijo-. No sabía si lo había dejado aquí o en la agencia marítima.

Sentiría mucho perder ese bastón.

-Un regalo, por lo que veo -dijo Holmes.

-Así es.

-¿Del hospital de Charing Cross?

-De uno o dos amigos que tenía allí, con ocasión de mi matrimonio.

-¡Vaya, vaya! ¡Qué contrariedad! -dijo Holmes, agitando la cabeza.

-¿Cuál es la contrariedad?

-Tan sólo que ha echado usted por tierra nuestras modestas deducciones. ¿Su matrimonio, ha dicho?

-Sí, señor. Al casarme dejé el hospital, y con ello toda esperanza de abrir una consulta.

Necesitaba un hogar. -Bien, bien; no estábamos tan equivocados, después de todo -dijo Holmes-. Y ahora, doctor James Mortimer...

-No soy doctor; tan sólo un modesto MRCS.

-Y persona amante de la exactitud, por lo que se ve.

-Un simple aficionado a la ciencia, señor Holmes, coleccionista de conchas en las playas del gran océano de lo desconocido. Imagino que estoy hablando con el señor Sherlock Holmes y no...

-No se equivoca; yo soy Sherlock Holmes y éste es mi amigo, el doctor Watson.

-Encantado de conocerlo, doctor Watson. He oído mencionar su nombre junto con el de su amigo. Me interesa usted mucho, señor Holmes. No esperaba encontrarme con un cráneo tan dolicocéfalo ni con un arco supraorbital tan pronunciado. ¿Le importaría que recorriera con el dedo su fisura parietal? Un molde de su cráneo, señor mío, hasta que pueda disponerse del original, sería el orgullo de cualquier museo antropológico. No es mi intención parecer obsequioso, pero confieso que codicio su cráneo.

Sherlock Holmes hizo un gesto con la mano para invitar a nuestro extraño visitante a que tomara asiento. -Veo que se entusiasma usted tanto con sus ideas como yo con las mías - dijo-. Y observo por su dedo índice que se hace usted mismo los cigarrillos. No dude en encender uno si así lo desea.

El doctor Mortimer sacó papel y tabaco y lió un pitillo con sorprendente destreza. Sus dedos, largos y temblorosos, eran tan ágiles e inquietos como las antenas de un insecto.

Holmes guardó silencio, pero la intensidad de su atención me demostraba el interés que despertaba en él nuestro curioso visitante.

-Supongo -dijo finalmente-, que no debemos el honor de su visita de anoche y ésta de hoy exclusivamente a su deseo de examinar mi cráneo.

-No, claro está; aunque también me alegro de haber tenido la oportunidad de hacerlo, he acudido a usted, señor Holmes, porque no se me oculta que soy una persona poco práctica y porque me enfrento de repente con un problema tan grave como singular. Y reconociendo, como yo lo reconozco, que es usted el segundo experto europeo mejor cualificado...

-Ah. ¿Puedo preguntarle a quién corresponde el honor de ser el primero? -le interrumpió Holmes con alguna aspereza.

-Para una persona amante de la exactitud y de la ciencia, el trabajo de monsieur Bertillon tendrá siempre un poderoso atractivo.

-¿No sería mejor consultarle a él en ese caso?

-He hablado de personas amantes de la exactitud y de la ciencia. Pero en cuanto a sentido práctico todo el mundo reconoce que carece usted de rival. Espero, señor mío, no haber...

-Tan sólo un poco -dijo Holmes-. No estará de más, doctor Mortimer, que, sin más preámbulo, tenga la amabilidad de contarme en pocas palabras cuál es exactamente el problema para cuya resolución solicita mi ayuda.

 
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