O Retrato De Dorian Gray.  Oscar Wilde
Capítulo 5. (Capítulo 5. )
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- Mãe, Mãe, estou tão feliz! - murmurou a rapariga mergulhando o rosto no regaço da mulher gasta e cansada que, de costas para a luz ofuscante e incómoda, estava sentada na única poltrona da acanhada sala de estar. - Estou tão feliz! repetiu ela -, e a mãe também devia sentir-se feliz!

-Qué feliz soy, madre! -susurró la muchacha, escondiendo el rostro en el regazo de la marchita mujer, de aspecto cansado, que, vuelta de espaldas a la luz demasiado estridente de la ventana, estaba sentada en el único sillón que contenía su sórdida sala de estar-. Soy muy feliz -repitió-, ¡y tú también debes serlo!

Mrs. Vane retraiu-se e colocou as mãos franzinas e embranquecidas com bismuto sobre a cabeça da filha.

La señora Vane hizo una mueca de dolor y puso las delgadas manos, con la blancura de los afeites, sobre la cabeza de su hija.

- Feliz! - repetiu como um eco. - Só estou feliz, Sibyl, quando te vejo representar. Não deves pensar em mais nada senão na tua arte de representar. Mr. Isaacs tem sido muito bom para nós e nós devemos-lhe dinheiro.

-¡Feliz! -repitió como un eco-. Sólo soy feliz cuando te veo actuar. Sólo debes pensar en tu carrera. El señor Isaacs ha sido muy bueno con nosotras, y le debemos dinero.

A rapariga levantou os olhos para a mãe e fez um trejeito de amuo.

La muchacha alzó la cabeza e hizo un puchero.

- Dinheiro, mãe? - exclamou ela -, que importância tem o dinheiro? O amor vale mais do que o dinheiro.

-¿Dinero, madre? -exclamó-, ¿qué importancia tiene el dinero? El amor es más que el dinero.

- Mr. Isaacs adiantou-nos cinquenta libras para pagarmos as nossas dívidas e comprar um fato decente para o James. Não te deves esquecer disso, Sibyl. Cinquenta libras é uma quantia muito elevada. Mr. Isaacs tem sido extremamente atencioso.

-El señor Isaacs nos ha adelantado cincuenta libras para pagar nuestras deudas, y para vestir a James como es debido. No debes olvidarlo, Sibyl. Cincuenta libras es mucho. El señor Isaacs ha tenido muchas consideraciones con nosotras.

- Ele não é um senhor, mãe, e detesto a maneira como ele fala comigo - disse a rapariga, levantando-se e aproximando-se da janela.

-No es un caballero, madre, y me desagrada mucho la manera que tiene de hablarme -dijo la muchacha, poniéndose en pie y acercándose a la ventana.

- Não sei como poderíamos aguentar sem ele - respondeu a mulher mais velha, com voz lamuriosa.

-No sé cómo podríamos arreglárnoslas sin él -respondió la mujer de más edad con tono quejumbroso.

Sibyl movió la cabeza y se echó a reír.

Sibyl Vane atirou a cabeça para trás e desatou a rir.

-Ya no nos hace falta, madre. El príncipe azul gobierna ahora nuestras vidas -luego hizo una pausa.

- Não precisamos mais dele, mãe. Agora é o Príncip Encantado que orienta a nossa vida. - Fez uma pausa. Uma rosa agitava-lhe o sangue e coloria-Lhe as faces. A respiração ofegante apartava os seus lábios de pétalas. Estavam trémulos. Um vento sul de paixão tomou-a impetuosamente e agitou as pregas delicadas do vestido. - Eu amo-o - disse apenas.

Una rosa se agitó en su sangre, encendiéndole las mejillas. La respiración, acelerada, abrió los pétalos de sus labios, que temblaron. Un viento meridional de pasión sopló sobre ella, moviendo los delicados pliegues del vestido-. Le quiero -añadió con sencillez.

- Que tolinha! Que tolinha! - foi a resposta papagueada pela mãe. O movimento dos dedos retorcidos e cobertos de jóias falsas tornavam as suas palavras grotescas.

-¡Estúpida niña!, ¡estúpida niña! -fue la frase cotorril que recibió como respuesta. El movimiento de unos dedos deformados, cubiertos de falsas joyas, dio un carácter grotesco a aquellas palabras.

A rapariga riu-se novamente. A voz tinha a alegria de um pássaro engaiolado. Os oLhos captavam a melodia e irradiavam-na como um eco, depois fechavam-se por um momento, como que a esconder o seu segredo. Quando se abriram tinha passado por eles a névoa de um sonho.

La muchacha volvió a reírse. Su voz reflejaba la alegría de un pájaro enjaulado. Sus ojos retomaron la melodía y le hicieron eco con su brillo: luego se cerraron por un momento, como para ocultar su secreto.

Cuando se volvieron a abrir, los velaba la niebla de un sueño.

A sensatez, de lábios apertados, instalada na poltrona puída, falava para ela, sugeria prudência, fazia citações daquele livro da cobardia cujo autor macaqueia o nome do bom senso. Mas ela a nada atendia. Era livre no seu cárcere de paixão. O seu príncipe, o Príncipe Encantado, estava consigo. Recorrera à memória para o reconstituir. Dissera à sua alma que o procurasse e ela trouxera-lho de volta. O beijo dele voltava a queimar-lhe a boca. O seu hálito afagava-lhe as pálpebras. Então a Sensatez modificou a sua estratégia e falou de espionagem e descoberta. Este jovem talvez fosse rico. Sendo assim, devia pensar-se no casamento. As ondas da astúcia interesseira desfaziam-se contra as conchas dos ouvidos da jovem. As setas da malícia passavam por ela sem lhe tocar. Via o movimento dos lábios apertados, e sorria. Subitamente, sentiu necessidade de falar. O silêncio palavroso perturbava-a.

La sabiduría de unos labios demasiado finos le habló desde el sillón desgastado, aconsejando prudencia, con citas de ese libro sobre la cobardía cuyo autor se disfraza con el nombre de sentido común. No la escuchó. Era libre en la cárcel de su pasión. Su príncipe, el príncipe azul, estaba con ella.

Había llamado a la memoria para reconstruirlo. Envió a su alma a buscarlo, y su alma volvió con él. Su beso le quemaba de nuevo la boca. Su aliento le entibiaba los párpados.

La sabiduría cambió entonces de método y habló de espiar y descubrir. Aquel joven podía ser rico. En caso afirmativo, había que pensar en el matrimonio. Contra la concha del oído de Sibyl se estrellaban las olas de la prudencia mundana. Las flechas de la astucia pasaban sin tocarla. Vio que los finos labios se movían, y sonrió.

De repente sintió la necesidad de hablar. El silencio lleno de palabras la desazonaba.

- Mãe, mãe - exclamou -, por que me ama ele tanto? Eu conheço as razões do meu amor. Amo-o porque ele é como o próprio amor deve ser. Mas o que vê ele em mim? Eu não sou digna dele. E, contudo, não sei dizer porquê, embora sentindo-me tão abaixo dele, não me sinto inferior. Sinto-me orgulhosa, terrivelmente orgulhosa. A mãe amava o meu pai como eu amo o Príncipe Encantado?

A mulher mais velha empalideceu sob a camada grosseira de pó que lhe revestia as faces, e os lábios ressequidos crisparam-se num espasmo de dor. Sibyl correu para ela, abraçou-a e beijou-a.

-Madre, madre -exclamó-, ¿por qué me quiere tanto? Sé que yo le quiero. Le quiero porque es la imagen de lo que el mismo Amor debe ser. Pero, ¿qué ve él en mí? No soy digna de él. Y sin embargo, aunque me veo tan por debajo de él, no siento humildad: siento orgullo, un orgullo terrible, pero no sé explicar por qué. Madre, ¿querías a mi padre como yo quiero al príncipe azul? -la mujer de más edad palideció bajo los polvos demasiado visibles que le embadurnaban las mejillas, y sus labios secos se estremecieron en un espasmo de dolor. Sibyl corrió hacia ella, se abrazó a su cuello y la besó-.

- Perdão, mãe, sei que lhe é doloroso falar do pai. Mas isso atormenta-a, é porque o amava. tanto. Não fique tão triste. Sou tão feliz hoje como a mãe o era há vinte anos. Ah! Quero ser feliz para sempre!

Perdóname, madre. Ya sé que hablar de mi padre te hace sufrir. Pero sufres porque lo querías muchísimo.

No te entristezcas. Soy tan feliz hoy como lo eras tú hace veinte años. ¡Ah, déjame que sea feliz para siempre!

- Minha filha, és muito nova ainda para pensar em te apaixonares. Além disso, que sabes tu deste rapaz? Nem sequer sabes o seu nome. Tudo isto é muito inoportuno, e, realmente, agora que o James vai para a Austrália, e eu tenho tanto em que pensar, devo dizer-te que devias mostrar mais consideração. No entanto, como eu dizia há pouco, se ele for rico...

- Ah! Mãe, mãe, quero ser feliz!

-Hijita mía, eres demasiado joven para pensar en enamorarte. Además, ¿qué sabes de ese joven? Ni siquiera su nombre. Todo esto es muy poco conveniente y, a decir verdad, cuando lames está a punto de irse a Australia y yo tengo tantas preocupaciones, he de decir que podrías haber mostrado un poco más de consideración. Sin embargo, como ya he dicho antes, en el caso de que sea rico... -¡Madre, madre!

Mrs. Vane olhou para ela e, com um daqueles postiços gestos teatrais que tantas vezes se tornam uma segunda natureza de um actor de palco, apertou-a nos braços. Nesse momento, a porta abriu-se e entrou na sala um rapaz de áspero cabelo castanho. Era uma figura atarracada, de mãos e pés enormes, e de movimentos um tanto desajeitados. Não tinha a classe requintada da irmã. Seria difícil adivinhar que os unia uma relação de parentesco tão chegada. Mrs. Vane fitou-o e acentuou o sorriso. Mentalmente, elevava o filho à dignidade de um público. Tinha a certeza de que o rapaz era atraente.

- Bem podias guardar alguns dos teus beijos para mim, Sibyl - disse o rapaz, com um resmungo carinhoso.

¡Permíteme ser feliz!

La señora Vane se la quedó mirando y, con uno de esos falsos gestos teatrales que con tanta frecuencia se convierten casi en segunda naturaleza para un actor, la estrechó entre sus brazos. En aquel momento se abrió la puerta, y un joven de áspero pelo castaño entró en la habitación. Era más bien corpulento, tenía grandes los pies y las manos y se movía con cierta torpeza. No poseía la delicadeza de su hermana y era difícil adivinar el estrecho parentesco que existía entre los dos. La señora Vane fijó sus ojos en él, y su sonrisa se intensificó. Mentalmente elevaba a su hijo a la categoría de público. Estaba segura de que el tableau era interesante.

- Ah, mas tu não gostas que te beijem, Jim - exclamou ela.

És um urso insuportável. - E correu a abraçá-lo.

-Podrías guardar algunos de tus besos para mí, Sibyl, pienso yo -dijo el muchacho con tono de amable reproche.

James Vane olhou para o rosto da irmã com ternura.

-¡Pero si no te gusta que te besen! -exclamó su hermana-. Siempre has sido un cardo borriquero.

- Quero que saias comigo a passear, Sibyl. Creio que jamais voltarei a ver esta Londres horríVel. Tenho a certeza de que nem vou querer.

Y cruzó corriendo la habitación para abrazarlo.

James Vane contempló con ternura el rostro de su hermana.

- Meu filho, não digas coisas tão desagradáveis - murmurou Mrs. Vane, que, suspirando, pegou num vestido de mau gosto para usar em cena e começou a remendá-lo.

-Ven conmigo a dar un paseo, Sibyl. No creo que vuelva a ver nunca este horrible Londres. Estoy seguro de que no lo echaré de menos.

Estava um pouco decepcionada por não ter feito parte do grupo. Teria realçado o pitoresco teatral da cena.

- Por que não, mãe? É o que penso.

-No digas esas cosas tan horribles, hijo mío -murmuró la señora Vane, retomando, con un suspiro, una chabacana pieza de vestuario teatral que empezó a remendar. La apenaba un tanto que James no se hubiera incorporado a la compañía, lo que hubiera aumentado el pintoresquismo teatral de la situación.

- Tu desgostas-me, meu filho. Tenho fé em que hás-de voltar da Austrália muito rico. Creio que não existe nenhum tipo de vida social nas colónias, nada a que se possa chamar vida social, nesse caso, quando tiveres feito fortuna deves regressar e ser alguém em Londres.

-¿Por qué no, madre? Es lo que siento.

- Vida social! - resmungou o rapaz. - Não quero saber nada disso. Gostaria de ter algum dinheiro para tirar a mãe e a Sibyl desse palco. Odeio-o!

-Me duele que digas eso, hijo mío. No pierdo la esperanza de que regreses de Australia después de hacer fortuna. Creo que la buena sociedad no existe en las colonias; al menos, nada de lo que yo considero buena sociedad; de manera que cuando hayas triunfado deberás volver a Londres y convertirte aquí en una persona conocida.

- Ai, Jim - disse, rindo, Sibyl -, não sejas antipático! Mas é mesmo verdade que vais dar um passeio comigo? Que bom! E eu que receava que te fosses despedir de alguns amigos teus, como o Tom Hardy, que te deu aquele cachimbo medonho, ou o Ned Langton, que zomba de ti por o usares. És muito querido por me dedicares a tua última tarde. Aonde havemos de ir? Vamos ao Parque.

-¡Buena sociedad! -murmuró el muchacho-. No me interesa nada la buena sociedad. Me gustaría ganar algún dinero para sacaros a ti y a Sibyl de los escenarios. Aborrezco la vida del teatro.

- Pareço um maltrapilho - respondeu ele, com ar carrancudo.

- O Parque é frequentado só por gente que veste bem.

- Que disparate, Jim - murmurou ela, afagando-Lhe a manga do casaco.

Ele hesitou por um instante.

- Está bem - disse, por fim -, mas não leves muito tempo a vestir-te.

-¡Jim! -exclamó Sibyl, riendo-, ¡qué poco amable por tu parte! ¿De verdad quieres dar un paseo conmigo? ¡Eso está bien! Temía que fueses a despedirte de algunos de tus amigos..., de Tom Hardy, que te regaló esa pipa espantosa, o de Ned Langton, que te toma el pelo fumando en ella. Me conmueve que me concedas tu última tarde. ¿Qué hacemos? ¿Vamos al parque?

A irmã saiu da sala a dançar. Ouviram-na a cantar quando subia as escadas a correr. Ouviram-se depois os seus passinhos miúdos no andar de cima.

-No tengo ropa adecuada -respondió su hermano, frunciendo el ceño-. Al parque sólo va gente elegante. -Tonterías, Jim -susurró Sibyl, acariciándole la manga de la chaqueta.

Ele percorreu a sala umas duas ou três vezes. Depois dirigiu-se à figura que continuava sentada em silêncio.

James vaciló un momento.

-De acuerdo -dijo por fin-, pero no tardes demasiado en vestirte.

- Mãe, tenho tudo pronto? - perguntou.

Sibyl dio unos pasos de baile hasta la puerta. Se la oyó cantar mientras subía corriendo las escaleras y luego el ruido de sus pies en el piso superior.

- Tudo pronto, James - respondeu a mãe, continuando com os olhos postos no trabalho que estava a fazer. Durante os últimos meses, sentira-se pouco à vontade quando estava a sós com este seu filho severo e carrancudo.

Su hermano recorrió la habitación dos o tres veces antes de volverse hacia la figura inmóvil en el sillón.

-¿Están listas mis cosas, madre? -preguntó.

A sua índole secretamente mesquinha perturbava-se quando o seu olhar se cruzava com o dele. Costumava interrogar-se se ele suspeitaria de alguma coisa. O silêncio tornava-se-lhe intolerável, pois ele não fez mais nenhuma observação. Então começou a lamuriar-se. As mulheres defendem-se atacando, assim como atacam recorrendo a estranhas e súbitas capitulações.

-Todo está preparado, James -respondió la señora Vane sin levantar los ojos de su labor. Desde hacía varios meses se sentía incómoda cuando se quedaba a solas con aquel hijo suyo tan tosco y tan severo.

- Espero, James, que fiques satisfeito com a tua vida no mar - disse ela. - Não te esqueças de que a escolha foi... tua. Podias ter entrado para o cartório de um advogado. Os advogados são uma classe muito respeitável, e os que vivem na província costumam jantar com as melhores famílias.

- Odeio cartórios e amanuenses - replicou ele. - Mas tem toda a razão. Fui eu que escolhi o meu modo de vida. Tudo o que lhe peço é que olhe pela Sibyl. Não deixe que lhe aconteça mal algum. Ouve, mãe? Olhe bem por ela.

Temía revelar su secreta frivolidad cada vez que sus miradas se cruzaban. Y se preguntaba con frecuencia si James sospechaba algo. El silencio, porque su hijo no hizo ya ninguna otra observación, llegó a resultarle intolerable y empezó a quejarse. Las mujeres se defienden atacando, como también atacan mediante repentinas y extrañas rendiciones-. Espero que estés satisfecho con tu vida en el mar - dijo-. Recuerda que eres tú quien la ha elegido. Podrías haber entrado en el bufete de un abogado. Los abogados son personas muy respetables, y en provincias comen a menudo con las mejores familias.

- Que maneira tão estranha de falares comigo, James. Claro que olho pela Sibyl.

-Aborrezco los despachos y los oficinistas -replicó su hijo-. Pero tienes toda la razón. Soy yo quien ha elegido vivir así. Sólo te pido que cuides de Sibyl. No permitas que le suceda nada malo. Tienes que cuidarla, madre.

- Soube que há um cavalheiro que vem todas as noites ao teatro e vai falar com ela ao camarim. Acha isso bem? O que é que me diz?

-Hablas de una manera muy extraña, James. Claro está que cuidaré de Sibyl.

- Tu falas de coisas que não entendes, James. Nesta profissão, estamos habituadas a receber muitas atenções que nos são gratificantes. Até comigo acontecia oferecerem-me muitos ramos de flores de uma só vez. Isso era no tempo em que o teatro era realmente apreciado. Quanto à Sibyl, de momento não sei se a sua ligação é a sério ou não. Mas não há dúvida de que o jovem em questão é um perfeito cavalheiro. É sempre delicadíssimo comigo. Além disso, tem aspecto de ser rico, e as flores que oferece são um espanto.

- Mesmo assim, nem sabe o nome dele - disse o rapaz, asperamente.

-Me han dicho que hay un caballero que va todas las noches al teatro y luego charla con ella entre bastidores. ¿Es cierto? ¿Qué hay de eso?

-Hablas de cosas que no entiendes, James. En nuestra profesión estamos acostumbradas a recibir atenciones. Hubo un tiempo en que yo misma recibía muchos ramos de flores. Entonces sí que se entendía el trabajo de los actores. En cuanto a Sibyl, ignoro si en el momento actual su interés es serio o no. Pero no hay duda de que el joven que mencionas es un perfecto caballero. A mí me trata con extraordinaria corrección. Por otra parte, da la sensación de ser rico, y las flores que manda son muy bonitas.

- Não, não sei - respondeu a mãe, com uma expressão tranquila no rosto. - Ele ainda não revelou o seu verdadeiro nome. Acho isso tão romântico da parte dele. Provavelmente pertence à aristocracia.

James Vane procurou dominar-se.

- Ollhe pela Sibyl, mãe - exclamou ele. -- Olhe bem por ela.

-Pero no sabes cómo se llama -dijo el muchacho con aspereza.

-No -respondió la señora Vane con una plácida expresión en el rostro-. No ha revelado aún su verdadero nombre. Y me parece muy romántico. Probablemente se trata de un aristócrata.

- Meu filho, não me aflijas tanto. Tenho sempre um cuidado muito especial com a Sibyl. Evidentemente que, se este cavalheiro for rico, não há motivo para que ela não faça contrato de casamento com ele. Tenho fé que ele seja da aristocracia. Tem todo o aspecto disso, tenho que reconhecer. Seria um casamento magnífico para a Sibyl. Fariam um par encantador. A beleza dele é realmente notável, toda a gente repara nela.

James Vane se mordió los labios.

-Cuida de Sibyl, madre -exclamó-. ¡Cuídala!

-Hijo mío, me duelen mucho tus palabras. Siempre cuido de Sibyl de manera muy especial. Por supuesto, si ese caballero es rico, no hay razón para que no se case con él. Estoy segura de que se trata de un aristócrata. Tiene todo el aspecto, no hay la menor duda. Sería un matrimonio brillantísimo para Sibyl.

Harían una pareja encantadora. Es un muchacho muy apuesto, todo el mundo lo advierte.

O rapaz disse qualquer coisa entredentes e tamborilou no vidro da janela ínn os seus dedos grossos. Precisamente quando se voltava para dizer alguma coisa, a porta abriu-se e Sibyl entrou a correr.

El joven murmuró algo para sus adentros y tableteó sobre el cristal de la ventana con sus dedos de trabajador. Acababa de volverse para decir algo cuando se abrió la puerta y entró Sibyl.

- Estão os dois com um ar tão sério! -- exclamou. - O que aconteceu?

-¡Qué serios estáis! -exclamó-. ¿Qué sucede?

- Nada - respondeu o irmão. - Parece-me que às vezes é preciso estar-se sério. Adeus, mãe, vou jantar às cinco horas. Está tudo emalado, excepto as minhas camisas, por isso não precisa de se incomodar.

-Nada -respondió su hermano-. Supongo que a veces hay que ponerse serio. Hasta luego, madre; cenaré a las cinco. El equipaje está hecho, a excepción de las camisas, así que no tienes que preocuparte.

- Adeus, meu filho - respondeu, inclinando a cabeça num gesto de contida altivez.

-Hasta luego, hijo mío -respondió ella, con una inclinación resentidamente majestuosa.

Estava extremamente contrariada com u tom que o filho adoptara com ela, e notara no seu olhar uma expressão que Lhe causara medo.

Estaba muy molesta con el tono que su hijo había adoptado con ella, y había algo en su mirada que le hacía sentir miedo.

- Um beijo, mãe - pediu a rapariga. E os seus lábios de flor tocaram ao de leve na face mirrada, dando-Lhe um pouco de calor.

-Bésame, madre -dijo Sibyl. Sus labios florales tocaron la marchita mejilla, entibiando su escarcha.

- Minha filha! Minha filha! - exclamou Mrs. Vane, erguendo o olhar para o tecto à procura de um imaginário público da galeria.

-¡Hija mía, hija mía! -exclamó la señora Vane, alzando los ojos al techo en busca de un imaginario anfiteatro. -Vamos, Sibyl -dijo su hermano con impaciencia. Le irritaba la teatralidad de su madre.

- Vamos, Sibyl -- disse o irmão, com impaciência. Detestava os modos teatrais da mãe.

Saíram os dois ao encontro de um dia de sol inconstante e batido pelo vento, e desceram a sombria Euston Road. Os transeuntes olhavam admirados para o jovem de ar taciturno e apressado que vestindo roupas grosseiras e mal feitas, era acompanhado por uma rapariga tão graciosa e de aspecto tão distinto. Parecia um rude jardineiro a passear uma rosa.

Salieron a una luz de reflejos agitados por el viento y empezaron a caminar por la deprimente Euston Road. Los viandantes miraban con asombro al joven corpulento y hosco que, con ropa basta y nada favorecedora, iba acompañado de una joven tan atractiva y de aspecto refinado. Era como un vulgar jardinero paseando con una rosa.

Jim fruncía el ceño de cuando en cuando al sorprender la mirada inquisitiva de algún desconocido.

De vez em quando, Jim franzia o sobrolho quando vislumbrava o olhar de curiosidade de algum desconhecido.

Ele tinha aquela aversão de ser olhado que aparece tarde nas pessoas de génio e que permanece sempre na gente comum. Sibyl, porém, não tinha noção alguma do efeito que causava. O amor que sentia estremecia no riso dos seus lábios. Pensava no Príncipe Encantado e, só por nele poder pensar, não falava dele, mas falava entusiasticamente do navio em que Jim ia partir, do ouro que ele ia de certeza encontrar, da maravilhosa herdeira que havia de salvar das mãos de cruéis salteadores de camisas vermelhas. Não havia de ser sempre marinheiro, ou comissário de bordo, ou lá o que era. Ah! Isso é que não. A vida de um marinheiro era terrível. Imagine-se! Ficar engaiolado num navio horrível, e as ondas, de dorso enrolado e com um ruído cavo, a quererem entrar, e um vento tenebroso a derrubar os mastros e rasgando as velas em longas tiras sibilantes! Ele devia desembarcar em Melbourne, despedir-se educadamente do capitão e partir de imediato para as minas de ouro. Em menos de uma semana havia de encontrar uma enorme pepita de ouro puro, a maior que alguma vez fora descoberta, e trazê-la até á costa num vagão escoltado por seis guardas montados. Os salteadores haviam de os atacar três vezes, e seriam derrotados e chacinados. Não! Ele não havia de ir para as minas de ouro. Eram lugares horrendos onde os homens se embriagavam e disparavam uns contra os outros nos bares e diziam palavrões. Ele havia de ser um simpático criador de gado, e uma tardinha, ao voltar a cavalo para casa, havia de ver a formosa herdeira a ser raptada por um ladrão montando um cavalo preto, e que ele havia de perseguir, salvando-a. Claro que ela se apaixonaria por ele, e ele por ela, e haviam de casar, e de regressar, e viver numa enorme casa em Londres. Havia coisas maravilhosas que o futuro Lhe reservava. Mas era preciso que ele fosse muito bom, e não perdesse a paciência, nem gastasse o dinheiro à toa. Ela era apenas um ano mais velha do que ele, mas sabia da vida tanto ou mais do que ele. Ele que não se esquecesse também de Lhe escrever todos os dias em que havia correio, e de rezar todas as noites antes de se deitar. Deus era muito bom e protegê-lo-ia. Ela também rezaria por ele e daqui a alguns anos regressaria muito rico e feliz.

Sentía, ante las miradas insistentes, el desagrado que los genios sólo conocen ya tarde en la vida, y que siempre acompaña a las personas corrientes. Sibyl, sin embargo, no se daba cuenta en absoluto del efecto que causaba. El amor le temblaba en los labios en forma de risa. Pensaba en el príncipe azul y, para poder hacerlo con mayor libertad, se lanzó a parlotear sobre el barco en el que Jim iba a hacerse a la mar, sobre el oro que sin duda encontraría, sobre la maravillosa heredera cuya vida salvaría de los malvados bandidos de camisa roja. Porque no seguiría siendo marinero, o sobrecargo, o lo que fuese que hiciera a bordo. ¡No, no! La existencia de un marinero era espantosa. Qué absurdo encerrarse en un horrible barco que las grupas monstruosas de las olas trataban de invadir, mientras un viento aciago derribaba mástiles y rasgaba velas hasta convertirlas en largos colgajos desmelenados y rugientes. Sin duda, Jim abandonaría la nave en Melbourne, se despediría cortésmente del capitán y se pondría en camino hacia las explotaciones auríferas. Antes de que transcurriese una semana habría encontrado una enorme pepita, la mayor jamás descubierta, y la transportaría hasta la costa en una carreta protegida por seis policías a caballo. Los salteadores los atacarían tres veces, y serían rechazados con inmensas pérdidas. O mejor, no.

No iría a las explotaciones auríferas, que eran unos sitios horribles, donde los hombres se emborrachaban y se peleaban a tiros en los bares y decían palabras malsonantes. Se dedicaría a criar ovejas y, una noche, cuando regresara a su casa a caballo, al ver a la bella heredera, raptada por un ladrón con un caballo negro, los daría caza y la rescataría. Por supuesto la muchacha se enamoraría de él, y él de ella, se casarían, volverían a Inglaterra y vivirían en una inmensa casa londinense. Sí, le esperaban aventuras maravillosas. Pero tenía que ser muy bueno, y no enfadarse, ni gastarse el dinero tontamente. Sibyl sólo era un año mayor que Jim, pero sabía mucho más sobre la vida. También tenía que escribirle siempre que hubiera correo, y decir sus oraciones todas las noches antes de acostarse. Dios era muy bueno y cuidaría de él. También ella rezaría por él, y al cabo de muy pocos años regresaría, muy rico ya y muy feliz.

El muchacho la escuchó hoscamente y no hizo ningún comentario. Se le partía el corazón al pensar en abandonar su hogar.

O rapaz ia ouvindo, de mau humor, as suas palavras e não lhe dava resposta alguma. Sentia-se muito infeliz por deixar o país.

No entanto, não era só por isso que ele se sentia abatido e taciturno. Por muito inexperiente que fosse, tinha ainda uma noção precisa do perigo que Sibyl corria. Esse jovem dândi que lhe fazia a corte não devia ter boas intenções em relação a ela. Era um cavalheiro, e por isso odiava-o, odiava-o devido a um curioso instinto de raça que ele não sabia explicar, e que, por esse mesmo motivo, mais prevalecia dentro de si. Apercebia-se também da mesquinhez e vaidade do carácter da mãe, e via aí um perigo ilimitado para Sibyl e para a felicidade de Sibyl. As crianças começam por amar os pais, à medida que crescem tornam-se seus juízes, perdoam-lhes, às vezes.

Pero no era sólo eso lo que le deprimía y ponía de mal humor. Pese a su falta de experiencia, se daba cuenta con toda claridad de los peligros de la situación de Sibyl. Aquel joven dandi que le hacía la corte no le traería la felicidad. Era un caballero y lo aborrecía por eso, con una extraña repugnancia instintiva que no sabía explicar y que, por esa misma razón, resultaba aún más imperiosa. Tampoco se le ocultaba la superficialidad y vanidad de su madre, y advertía en ello un peligro infinito para Sibyl y para su felicidad. Los hijos comienzan la vida amando a sus padres; al hacerse mayores, los juzgan, y en ocasiones los perdonan.

Mas a mãe! Tinha na ideia uma coisa para lhe perguntar, uma coisa em que havia cismado durante muitos meses de silêncio. Uma frase ocasional que ouvira no teatro, um certo sarcasmo em segredo que lhe chegara aos ouvidos, numa noite em que esperava junto à porta de acesso ao palco, tinham desencadeado uma série de pensamentos medonhos.

¡Su madre! Había algo que quería preguntarle y que le obsesionaba, algo sobre lo que llevaba muchos meses cavilando en silencio. Una frase casual que había oído en el teatro, un susurro burlón, que llegó una noche hasta sus oídos mientras esperaba junto a la salida de artistas, habían puesto en marcha una horrible cadena de pensamientos. Lo recordaba como un golpe de fusta en pleno rostro. Frunció el ceño formando un surco muy profundo y con un estremecimiento doloroso se mordió los labios.

Lembrava-se disso como se lhe tivessem chicoteado o rosto. As sobrancelhas franziram-se num sulco profundo e, com uma contracção dolorosa, mordeu o lábio inferior.

-No escuchas una sola palabra de lo que digo, Jim -exclamó Sibyl-, a pesar de que hago los planes más maravillosos para tu futuro. Haz el favor de hablarme.

- Não estás a ouvir uma única palavra do que estou a dizer, Jim - exclamou Sibyl -, e eu a arquitectar os planos mais fantásticos para o teu futuro. Diz qualquer coisa.

-¿Qué quieres que diga?

-Pues que vas a ser un buen chico y que no te olvidarás de nosotras -respondió su hermana, sonriéndole.

- O que queres que eu diga?

Jim se encogió de hombros.

- Ora, que vais ser bom rapaz e não nos vais esquecer rrespondeu, sorrindo-lhe.

-Será más fácil que tú te olvides de mí que yo de ti. Sibyl se ruborizó.

O irmão encolheu os ombros.

-¿Qué quieres decir? -preguntó.

- É mais provável que tu te esqueças de mim do que eu de ti, Sibyl.

Ela corou.

-Tienes un nuevo amigo, según he oído. ¿Quién es? ¿Por qué no me has hablado de él? No te hará ningún bien.

- O que queres dizer com isso, Jim? - perguntou.

-¡No sigas, Jim! -exclamó-. No digas nada contra él. Lo quiero.

- Pelo que ouvi, tens um novo amigo. Quem é? Por que não me falaste dele? Ele não tem boas intenções a teu respeito.

-¡Cómo es posible! Ni siquiera sabes su nombre -respondió el muchacho-. ¿Quién es? Tengo derecho a saberlo.

- Cala-te, Jim! - exclamou a irmã. - Não deves dizer nada contra ele. Eu amo-o.

- Ora, tu nem sequer sabes o seu nome - respondeu o rapaz.

Quem é ele? Tenho o direito de saber.

- Chama-se Príncipe Encantado. Não gostas do nome? Seu tolo!

Não devias esquecê-lo. Bastava só que o visses para o achares a pessoa mais maravilhosa de todo o mundo.

Um dia hás-de encontrá-lo, quando regressares da Austrália.

Irás gostar muito dele. Todos gostam dele. E eu... amo-o.

-Se llama príncipe azul. ¿No te gusta? ¡Vamos, no seas tonto! No debes olvidarlo nunca. Si lo vieras, te darías cuenta de que es la persona más maravillosa del mundo. Algún día lo conocerás, cuando vuelvas de Australia. Te gustará mucho. Le gusta a todo el mundo; y yo.... yo lo quiero. Ojalá pudieras venir esta noche al teatro. Estará allí, y yo voy a hacer de Julieta. ¡Ah, cómo interpretaré mi papel! ¡Imagínate, Jim!

Quem me dera que pudesses vir ao teatro esta noite. Ele vai estar lá e eu vou fazer de Julieta. Oh! Nem imaginas como vou representar! Imagina, Jim, estar apaixonada e fazer de Julieta! Saber que ele está ali! Representar para Lhe dar prazer! Receio poder vir a assustar a companhia, assustar ou fasciná-los. Estar apaixonado é ir para além de si mesmo. O coitado do horrível Mr. Isaacs há-de gritar aos frequen tadores do seu bar que sou um génio. Tem-me apregoado como um dogma, esta noite irá anunciar-me como uma revelação. Sinto que será assim. E tudo isto por causa dele, só ele, o Príncipe Encantado, o meu apaixonado encantador, o deus dos meus dons. Mas ao lado dele sou pobre. Pobre? Que importa isso? Quando a pobreza entra pela porta, entra o amor pela janela. Os nossos provérbios precisam de ser revistos. Foram feitos no Inverno e agora é Verão, e a Primavera parece-me uma verdadeira dança de flores em céus azuis.

¡Estar enamorada e interpretar a Julieta! ¡Tenerlo allí, viéndome! ¡Interpretar para darle gusto! Tengo miedo de asustar a la compañía, de asustarlos o de cautivarlos. Amar es superarse. Ese pobre y terrible señor Isaacs se hará lenguas de mi talento ante los holgazanes de su bar. Me ha predicado como un dogma; esta noche me anunciará como una revelación. Lo adivino. Y es todo suyo, únicamente suyo, de mi príncipe azul, mi enamorado maravilloso, mi dador divino de todas las gracias. Pero soy pobre a su lado. ¿Pobre? ¿Qué importa eso? Si la pobreza llama humildemente a la puerta, el amor entra por la ventana. Hay que volver a escribir nuestros refranes. Se hicieron en invierno, y ahora estamos en verano; primavera para mí, creo yo, un baile de botones de rosa en un cielo azul.

-Es un caballero -dijo el muchacho con resentimiento.

-¡Un príncipe! -exclamó ella, su voz llena de música-. ¿Qué más se necesita?

-Quiere esclavizarte.

- Mas ele é um senhor - disse o rapaz, com ar carrancudo.

-Me estremece la idea de ser libre.

-Ten cuidado, te lo ruego.

- Um príncipe! - exclamou ela, com voz musical. - Que queres mais?

-Verlo es adorarlo, conocerlo es confiar en él.

-Has perdido la cabeza, Sibyl.

- Ele pretende dominar-te.

Su hermana se echó a reír y lo tomó del brazo.

- Estremeço só de pensar em ser livre.

- Quero que tenhas cautela.

- Vê-lo é adorá-lo, conhecê-lo é nele confiar.

-Mi querido y maduro Jim, hablas como si tuvieras cien años. Algún día también tú te enamorarás.

- Sibyl, tu estás louca por ele.

Ela riu-se e pegou-lhe no braço.

- Meu querido Jim velhinho, falas como se tivesses cem anos.

Um dia também tu te hás-de apaixonar. Então saberás o que é.

Não faças esse ar tão rabujento. Certamente que deves estar contente ao pensar que, embora vás partir para tão longe, me deixas mais feliz do que nunca. A vida tem sido dura para nós ambos, terrivelmente dura e difícil.

Entonces sabrás de qué se trata. No pongas ese gesto tan enfurruñado. Debe alegrarte pensar que, aunque tú te vayas, me dejas más feliz que nunca. La vida ha sido dura para nosotros dos, terriblemente dura y difícil. Pero a partir de ahora será diferente. Tú te vas a un mundo nuevo, y yo he descubierto uno. Aquí hay dos sillas libres; vamos a sentarnos y a ver pasar a la gente elegante.

Mas agora será diferente. Tu vais para um novo mundo, e eu descobri um outro. Olha, temos aqui duas cadeiras, sentemo-nos a ver passar as pessoas elegantes.

Se sentaron en medio de una multitud de ociosos. Los macizos de tulipanes al otro lado de la avenida ardían, convertidos en palpitantes anillos de fuego. Un polvo blanco, se diría una trémula nube de polvo de lirios, flotaba en el aire jadeante. Los parasoles de colores brillantes subían y bajaban como mariposas gigantes.

Puxaram as cadeiras para o meio de multídão de mirones. Os canteiros de túlipas do outro lado da rua flamejavam como vibrantes anéis de fogo. Um pó branco, que parecia uma trémula nuvem de rizoma de lírio, pairava no ar ofegante. Os guarda-sóis de cores vivas dançavam subindo e baixando como borboletas gigantes.

Ela conseguiu que o irmão falasse de si, das suas esperanças e perspectivas. Ele falava devagar e com esforço.

Passavam as palavras um para o outro como jogadores a passarem fichas quando jogam. Sibyl sentia-se oprimida.

Sibyl hizo hablar a su hermano de sí mismo, de sus esperanzas, de sus proyectos. Jim se expresaba lentamente y con dificultad. Fueron pasándose palabras como los jugadores se pasan fichas. Sibyl empezó a deprimirse. No lograba comunicar su alegría. Todos sus esfuerzos no conseguían otro eco que una débil sonrisa en las comisuras de aquella boca adusta. Después de algún tiempo dejó de hablar. De repente vislumbró unos cabellos dorados y unos labios que reían: Dorian Gray pasaba en un coche abierto con dos damas.

Não conseguia comunicar a sua alegria. Só encontrava eco no breve sorriso que fazia levantar os cantos daquela boca tristonha. Após uns instantes ficou silenciosa. De repente vislumbrou um cabelo dourado e uns lábios sorridentes quando Dorian Gray passou com duas senhoras numa carruagem aberta.

E ela levantou-se de um salto.

Sibyl se puso en pie de un salto.

-¡Ahí está! -exclamó.

-¿Quién?

-Mi príncipe azul -respondió ella, siguiendo la victoria con la vista.

También su hermano se puso en pie y la agarró bruscamente por el brazo.

- Ali vai ele! - exclamou.

- Quem? - perguntou Jim Vane.

- O Príncipe Encantado - respondeu ela, procurando a vitória com os olhos.

Ele deu um salto e agarrou-Lhe o braço com violência.

-Enséñamelo. ¿Quién es? Señálamelo. ¡Tengo que verlo! -exclamó; pero en aquel momento se interpuso el coche del duque de Berwick, tirado por cuatro caballos, y cuando de nuevo se despejó el horizonte, el otro vehículo había abandonado el parque.

- Indica-mo. Qual é? Tenho de o ver! - exclamou, mas nesse mesmo momento interpôs-se a carruagem do duque de Berwick e, quando deixou o espaço livre, já a outra carruagem tinha desaparecido do Parque.

- Desapareceu - murmurou Sibyl com tristeza. - Gostava que o tivesses visto.

-Se ha ido -murmuró Sibyl, entristecida-. Me gustaría que lo hubieras visto.

-A mí también me hubiera gustado, porque tan cierto como que hay un Dios en el cielo, si alguna vez te hace daño, lo mataré.

- Também eu, pois, tão certo como Deus estar no céu, se ele te fizer algum mal eu mato-o.

Ela olhou-o horrorizada. Ele repetiu as mesmas palavras. Cortavam o ar como uma adaga. As pessoas à volta começaram a olhar embasbacadas. Uma senhora que estava perto dela abafou um sorriso.

Su hermana lo miró horrorizada. Jim repitió lo que había dicho, y sus palabras cortaron el aire como un puñal. La gente a su alrededor se quedó boquiabierta. Una señora que estaba muy cerca rió nerviosamente.

-Vámonos, Jim, vámonos -susurró Sibyl. Él la siguió, sin dejarse intimidar, a través de la multitud. Se alegraba de haber dicho lo que había dicho.

- Vamos embora, Jim, vamos embora - segredou ela. Ele seguiu-a com um ar obstinado, enquanto ela abria caminho através da multidão. Sentia-se satisfeito com o que tinha dito.

Cuando llegaron a la estatua de Aquiles, Sibyl se volvió hacia su hermano. La piedad de sus ojos se transformó en risa al llegar a los labios.

Quando chegaram ao pé da estátua de Aquiles ela vultou-se. Havia compaixão nos seus olhos que se tornava em riso nos lábios. Abanou a cabeça, com um ar de reprovação.

- Tu és tolinho, Jim, completamente tolinho, um rapaz mal-humorado, é o que és. Como podes dizer coisas tão horríveis? Não sabes do que estás a falar. És simplesmente ciumento e mau. Ah! Só desejo que te apaixones. O amor torna as pessoas boas, e o que disseste foi grave.

-Estás loco, Jim, completamente loco -le dijo, moviendo la cabeza-; un chico con muy mal genio, eso es todo. ¿Cómo puedes imaginar cosas tan horribles? No sabes lo que dices. Sencillamente tienes celos y eres muy poco amable. ¡Ojalá te enamorases! El amor hace buenas a las personas, y eso que has dicho ha sido una maldad.

-Tengo dieciséis años -respondió Jim-, y sé lo que me digo. Nuestra madre no te ayuda en absoluto. No sabe cómo hay que cuidarte. Preferiría no tener que irme a Australia. Estoy por mandarlo todo a paseo.

- Tenho dezasseis anos - retorquiu ele -, e sei o que devo fazer. A mãe não te presta grande auxílio. Ela não sabe cuidar de ti. Quem me dera agora não ter de ir para a Austrália. Tenho uma grande vontade de livrar-me disto tudo. E fá-lo-ia, se o meu contrato não estivesse assinado.

Lo haría si no hubiera firmado el contrato.

-No te pongas tan serio, Jim. Eres como uno de los héroes de esos melodramas estúpidos que a nuestra madre tanto le gustaba representar. No me voy a pelear contigo. Lo he visto y verlo es la felicidad perfecta. No reñiremos. Sé que nunca harás daño a alguien a quien yo ame, ¿verdad que no?

- Vá lá, não sejas tão sisudo, Jim. Pareces um dos heróis daqueles melodramas idiotas que a mãe tanto gostava de representar. Não vou discutir contigo. Eu vi-o, e vê-lo é a suprema felicidade. Não vamos discutir. Sei que nunca farias mal a alguém que eu amasse, pois não?

-No, mientras todavía lo quieras, imagino -fue su hosca respuesta.

-¡Le querré siempre! -exclamó Sibyl.

-¿Y él?

-¡También siempre!

- Não, se tu o amares, creio - foi a resposta macambúzia.

-Más le vale.

- Amá-lo-ei para sempre! - exclamou ela.

Sibyl se apartó ligeramente de él. Luego se echó a reír y le puso la mano en el brazo. No era más que un niño.

- E ele?

- Também para sempre!

- É melhor que o faça.

Ela afastou-se dele. Depois riu-se e pegou-Lhe no braço. Ele não passava de um rapazinho.

Em Marble Arch fizeram parar uma diligência, que os deixou perto da sua modesta casa na Euston Road. Passava das cinco da tarde, e Sibyl precisava de repousar durante algumas horas antes da sua actuação. Jim insistiu com ela.

En Marble Arch tomaron un ómnibus que los dejó cerca de su modesto hogar. Eran más de las cinco, y Sibyl tenía que descansar echada un par de horas antes de la representación. Jim insistió en que lo hiciera. Dijo que prefería despedirse de ella cuando su madre no estuviera presente. Con toda seguridad haría una escena, y Jim detestaba cualquier clase de escena.

Disse ainda que preferia despedir-se quando a mãe não estivesse presente. Ela ia de certeza fazer uma cena e ele detestava todo o tipo de cenas.

Despediram-se mesmo no quarto de Sibyl. O rapaz tinha o coração carregado de ciúme, e ainda de um ódio feroz e homicida pelo desconhecido que Lhe parecia haver-se intrometido entre ele e a irmã. No entanto, quando ela lhe enlaçou o pescoço com os braços e, com os dedos, lhe afagou o cabelo, enterneceu-se e beijou-a com verdadeiro afecto. Havia lágrimas nos seus olhos quando desceu as escadas.

Se separaron en la habitación de Sibyl. El corazón del muchacho estaba dominado por los celos, y sentía un odio feroz, asesino, contra aquel extraño que, en su opinión, se había interpuesto entre ellos. Sin embargo, cuando Sibyl le echó los brazos al cuello y le acarició el cabello con los dedos, Jim se ablandó y la besó con sincero afecto. Tenía los ojos llenos de lágrimas mientras bajaba las escaleras.

Em baixo, a mãe aguardava-o. Resmungou pela sua falta de pontualidade, quando ele vinha a entrar Sem lhe dar qualquer resposta, sentou-se à mesa para comer a parca refeição. As moscas zuniam à volta da mesa e trepavam pela toalha manchada. Através do estrépito das diligências e do chocalhar dos fiacres, ouvia a voz monótona a devorar-lhe cada minuto que lhe restava.

Su madre lo esperaba abajo. Se quejó de su falta de puntualidad al verlo entrar. Jim no respondió, pero se sentó para consumir su modesta cena. Las moscas zumbaban en torno a la mesa y corrían sobre el mantel poco limpio. Entre el ruido sordo de los ómnibus y el alboroto de los coches de punto, oía la voz monótona que devoraba cada uno de los minutos que le quedaban.

Al cabo de algún tiempo apartó el plato y ocultó la cabeza entre las manos. Estaba convencido de que tenía derecho a saber. Tendrían que habérselo dicho antes, si todo había sucedido como él sospechaba.

Algum tempo depois, arredou o prato e mergulhou a cabeça entre as mãos. Sentia que tinha o direito de saber. Deviam-Lho ter contado antes, se era o que ele suspeitava. Paralisada pelo medo, a mãe quedava-se a observá-lo. As palavras tombavam-Lhe maquinalmente dos lábios. Torcia entre os dedos um lenço de renda já esfarrapado. Quando o relógio bateu as seis, ele levantou-se e encaminhou-se para a porta. Depois, retrocedeu e olhou para ela. Os olhares de ambos cruzaram-se. No dela, ele viu um desesperado pedido de compaixão, que o enfureceu.

- Mãe, tenho uma coisa para lhe perguntar - disse ele. Os olhos dela erravam distraidamente pela sala. Não Lhe respondeu.

Su madre lo observaba dominada por el miedo. Las palabras salían maquinalmente de sus labios. Con los dedos retorcía un pañuelo de encaje hecho jirones. Al darlas seis el reloj de pared, Jim se puso en pie y se dirigió hacia la puerta. Luego se volvió y sus miradas se encontraron. En los ojos maternos descubrió una desesperada solicitud de compasión que lo llenó de cólera.

-Madre, hay algo que tengo que pedirte -dijo. Los ojos de la señora Vane deambularon sin rumbo por el cuarto, pero no contestó-. Dime la verdad. Tengo derecho a saber. ¿Estabas casada con mi padre?

- Diga-me a verdade. Tenho o direito de saber. A mãe era casada com o meu pai?

La señora Vane dejó escapar un hondo suspiro, un suspiro de alivio. El terrible momento, el momento que había temido de día y de noche, durante semanas y meses, había llegado al fin, pero no sentía terror.

Ela soltu um profundo suspiro... (Era um suspiro de alívio. O terrível momento, o momento que noite e dia, semanas e meses, tanto temera, chegara por fim, e, todavia, não se sentia apavorada. Até certo ponto, foi mesmo uma decepção. A pergunta, feita cruamente e sem rodeios, merecia uma resposta directa. A situação não fora gradualmente preparada. Foi abrupta. Fazia-lhe lembrar um mau ensaio.

En cierta medida, de hecho, fue más bien una desilusión. Una pregunta tan vulgarmente directa exigía una respuesta igualmente directa. No era una situación a la que se hubiera llegado poco a poco. Era tosca.

A la señora Vane le hizo pensar en un ensayo poco satisfactorio.

-No -respondió, maravillada de la dura simplicidad de la vida.

- Não - respondeu, surpreendendo-se com a crua simplicidade da vida.

- O meu pai era então um miserável? - indignou-se o rapaz, cerrando os punhos.

-¡En ese caso mi padre era un sinvergüenza! -exclamó el muchacho, apretando los puños.

Su madre negó con la cabeza.

Ela fez um gesto negativo com a cabeça.

- Eu sabia que não era um homem livre. Amávamo-nos muito. Se não tivesse morrido, teria assegurado o nosso futuro. Não fales contra ele, meu filho. Era teu pai e era um senhor. Era até de famílias importantes.

-Yo sabía que no estaba libre. Nos queríamos mucho. Si hubiera vivido, habría atendido a nuestras necesidades. No lo condenes, hijo mío. Era tu padre y un caballero. Pertenecía a una excelente familia.

A Jim se le escapó un juramento.

Uma imprecação irrompeu da boca do rapaz.

- Não é comigo que me preocupo - exclamou. - Mas não deixe a Sibyl... Quem está apaixonado por ela é um senhor, ou que diz que o é, não é assim? E também de famílías muito importantes, creio.

-A mí no me importa -exclamó-, pero no permitas que a Sibyl... Es un caballero, no es eso, el tipo que está enamorado de ella, ¿o dice que lo está? De una familia excelente, también, imagino.

Por un instante, la señora Vane se sintió terriblemente humillada. Inclinó la cabeza. Se limpió los ojos con manos temblorosas.

por um instante, a mulher foi tomada por uma sensação abominável de humilhação. Deixou pender a cabeça. Enxugou os olhos com mãos trémulas.

-Sibyl tiene madre -murmuró-; yo no la tenía.

El muchacho se conmovió. Fue hacia ella, se inclinó y la besó.

- A Sibyl tem mãe - murmurou -, eu não tinha.

O rapaz comoveu-se. Aproximou-se dela e, inclinando-se, abraçou-a.

-Siento haberte apenado, preguntándote por mi padre -dijo-, pero no he podido evitarlo. He de irme ya.

- Perdoe-me por tê-la feito sofrer ao perguntar-lhe pelo meu pai - disse -, mas não podia deixar de o fazer. Agora tenho de partir. Adeus. Não se esqueça de que fica apenas com uma filha para cuidar, e pode crer que se esse homem fizer mal à minha irmã, hei-de encontrá-lo, persegui-lo e abatê-lo como um cão. Juro que o faço.

Adiós.

No olvides que ahora sólo tienes que cuidar de Sibyl, y créeme cuando te digo que si ese hombre engaña a mi hermana, descubriré quién es, lo encontraré y lo mataré como a un perro, lo juro.

A exagerada insensatez da ameaça, o gesto apaixonado que a acompanhou, a loucura melodramática das palavras tornaram a vida mais intensa aos olhos da mãe. Era o seu ambiente. Respirou mais livremente e, pela primeira vez, em muitos meses, sentiu verdadeira admiração pelo filho. Gostaria que a cena continuasse no mesmo nível emocional, mas o filho interrompeu-a abruptamente. Havia malas a transportar e agasalhos a procurar. O criado da pensão entrava e saía numa grande azáfama. Havia ainda a discutir o preço com o cocheiro. O momento perdeu-se em detaLhes triviais. Foi com um renovado sentimento de decepção que ela acenou da janela com o lenço de rendas, quando o filho se afastava. Tinha noção de que se tinha desperdiçado uma grande oportunidade. Consolava-se contando a Sibyl como a sua vida passaria a ser solitária, agora que só tinha uma filha para cuidar. Lembrava-se da frase. Agradara-Lhe. Não mencionou a ameaça. Foi expressa com vivacidade e dramatismo. Tinha a sensação de que todos haviam de rir dela um dia.

Lo desmedido de la amenaza, el gesto apasionado que la acompañó, las palabras melodramáticas, hicieron que por un momento la vida recuperase algo de su brillo para la actriz. Todo aquello recreaba un ambiente con el que estaba familiarizada. Respiró con mayor libertad y por primera vez en muchos meses sintió verdadera admiración por su hijo. Le hubiera gustado continuar la escena en el mismo nivel emocional, pero Jim se lo impidió. Había que bajar baúles, localizar alguna prenda de abrigo. El criado para todo de la pensión entraba y salía sin cesar. Era necesario ajustar el precio con el cochero. La intensidad del momento se perdió en detalles vulgares. Desde la ventana, la señora Vane agitó su maltrecho pañuelo de encaje con un renovado sentimiento de decepción mientras su hijo se alejaba. Se daba cuenta de que se había perdido una gran oportunidad. Se consoló diciendo a Sibyl cuán desolada sería su vida ahora que sólo tenía a una hija a quien cuidar. Recordaba la frase de Jim, que le había gustado. De sus amenazas no dijo nada. La manera de expresarla había sido vigorosa y dramática. La señora Vane tenía la impresión de que algún día todos la recordarían riendo.