El Retrato de Dorian Gray.  Oscar Wilde
Capítulo 14. (Capítulo 14. )
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Alas nueve de la mañana del día siguiente, el criado entró con una taza de chocolate en una bandeja y abrió las contraventanas. Dorian dormía apaciblemente, tumbado sobre el lado derecho, con una mano bajo la mejilla. Parecía un adolescente agotado por el juego o el estudio.

Às nove da manhã, o criado entrou com uma chávena de chocolate num tabuleiro, e abriu as portadas das janelas. Dorian dormia tranquilamente, deitado sobre o lado direito, com a mão sob a face. Parecia um rapazinho cansado de brincar, ou de estudar.

El ayuda de cámara tuvo que tocarle dos veces en el hombro para despertarlo, y mientras abría los ojos la sombra de una sonrisa cruzó por sus labios, como si hubiera estado perdido en algún sueño placentero.

En realidad no había soñado en absoluto. Ninguna imagen, ni agradable ni dolorosa, había turbado su descanso. Pero la juventud sonríe sin motivo. Es uno de sus mayores encantos.

O criado teve de lhe tocar duas vezes no ombro para o acordar. Quando abriu os olhos, perpassou-lhe pelos lábios um leve sorriso, como se tivesse andado perdido num sonho delicioso. Porém, não tivera sonho algum. O seu sono não fora perturbado por imagens de prazer, nem de dor. Mas a mocidade ri sem motivo. É um dos seus principais encantos.

Volviéndose, Dorian Gray empezó a tomar a sorbos el chocolate, apoyándose en el codo. El dulce sol de noviembre entraba a raudales en el cuarto. El cielo resplandecía y había en el aire una tibieza reconfortante. Era casi como una mañana de mayo.

Voltou-se e, apoiado no cotovelo, começou a tomar o seu chocolate. O brando sol de Novembro entrava a jorros no quarto. O céu estava luminoso, e o ar era cálido e suave. Quase como numa manhã de Maio.

Poco a poco, los acontecimientos de la noche anterior penetraron en su cerebro, avanzando a pasos furtivos con los pies manchados de sangre, hasta recobrar su forma con terrible claridad. En su rostro apareció una mueca de dolor al recordar todo lo que había sufrido y, por un momento, volvió a apoderarse de él, llenándolo de una cólera glacial, el extraño sentimiento de odio que le había obligado a matar a Basil Hallward. El muerto seguía sin duda sentado en la silla, iluminado ahora por el sol. ¡Qué horrible imagen! Cosas tan espantosas como aquélla eran para la oscuridad de la noche, no para la luz del día.

A pouco e pouco, com pés silenciosos e tintos de sangue, os acontecimentos da noite anterior insinuavam-se-Lhe no cérebro, e reconstituíam-se aí com uma nitidez tremenda. Estremeceu ao recordar tudo o que sofrera, e, por um breve momento, tornou a sentir a estranha aversão que o levara a matar Basil Hallward, quando este se encontrava sentado na cadeira, e gelou com a emoção sentida. O morto ainda lá estava sentado e, agora, ao sol. Que horrível! Essas coisas medonhas pertenciam às trevas, e não à claridade.

Sintió que si meditaba sobre lo que le había sucedido se exponía a enfermar o a volverse loco. Había pecados cuya fascinación residía más en la memoria que en su misma realización; extraños triunfos más gratificantes para el orgullo que para las pasiones, y que daban a la inteligencia un sentimiento de alegría más vivo, superior al gozo que procuran o podrían jamás procurar a los sentidos. Pero este último no pertenecía a esa categoría. Se trataba de algo que era necesario expulsar de la mente, adormecerlo con opio, estrangularlo antes de que pudiera estrangularlo a uno.

Sentiu que se cismasse naquilo por que passara ficaria doente ou louco. Certos pecados possuem mais fascínio na memória do que no próprio acto de os cometer, estranhos triunfos que satisfaziam mais o orgulho do que as paixões, e que proporcionavam ao intelecto uma intensa sensação de júbilo, maior do que qualquer júbilo que trouxessem, ou pudessem trazer, aos sentidos. Mas este era de natureza diferente. Essa coisa tinha de ser afastada da mente, ou narcotizada com papoilas, ou estrangulada, não fosse ela a estrangular.

Cuando el reloj dio la media, Dorian Gray se pasó la mano por la frente, se levantó con decisión, y se vistió con más cuidado incluso del habitual, prestando gran atención a la elección de la corbata y del alfiler, y cambiando más de una vez de sortijas. También dedicó mucho tiempo al desayuno, probando los diferentes platos, hablando con su ayuda de cámara sobre las nuevas libreas que estaba pensando encargar para los criados de Selby, y revisando la correspondencia. Algunas de las cartas le hicieron sonreír. Tres le aburrieron. Una la leyó varias veces y luego la rasgó con un ligero gesto de irritación en el rostro. «¡Qué calamidad, los recuerdos de una mujer!», como lord Henry había dicho en una ocasión.

Quando soou a meia hora, passou a mão pela testa, e depois levantou-se rapidamente. Vestiu-se com mais esmero do que habitualmente, escolhendo meticulosamente a gravata e o alfinete, e mudando várias vezes de anéis. Tomou o pequeno-almoço demoradamente, saboreando os diversos pratos, falando com o seu criado a propósito das novas librés que pensava mandar fazer para os criados de Selby, e passando os olhos pela correspondência. Umas cartas fizeram-no sorrir. Outras aborreceram-no. Houve uma que leu repetidas vezes, a seguir rasgou-a, com um leve ar de enfado. Que coisa horrível, a memória de uma mulher! como uma vez dissera Lord Henry.

Depois de ter bebido o café, limpou vagarosamente os lábios ao guardanapo, fez sinal ao criado que esperasse, e sentou-se à mesa a escrever duas cartas. Meteu uma no bolso e entregou a outra ao criado.

Después de beber la taza de café solo, se limpió lentamente los labios con la servilleta, hizo un gesto a su cría-do para que esperase y, dirigiéndose hacia su escritorio, se sentó y redactó dos cartas. Guardó una en el bolsillo y tendió la otra al criado.

- Francis, leve esta carta ao n.o 152 da Hertford Street, e se Mr. Campbell não estiver em Londres, veja se consegue o seu endereço.

-Llévela al 152 de Hertford Street, Francis, y si el señor Campbell ha salido de Londres, pida que le den su dirección.

Cuando se quedó solo encendió un cigarrillo y empezó a hacer dibujos en un trozo de papel: primero flores, luego detalles arquitectónicos y, finalmente, rostros. De repente advirtió que todas las caras que dibujaba parecían tener un extraño parecido con Basil Hallward. Frunció el ceño y, poniéndose en pie, se acercó a una estantería y tomó un volumen al azar. Estaba decidido a no pensar en lo que había sucedido hasta que fuese absolutamente necesario hacerlo.

Assim que ficou só, acendeu um cigarro e começou a desenhar, num pedaço de papel, primeiro flores e esboços de arquitectura, e depois rostos. Subitamente, notou que cada rosto que desenhava parecia ter uma parecença extraordinária com Basil Hallward. De semblante carregado, levantou-se e dirigiu-se à estante, de onde tirou um volume ao acaso. Estava decidido a não pensar no que Lhe acontecera, salvo quando fosse absolutamente necessário.

Depois de estendido no sofá, olhou para o título do livro: Era Emaux et Camées, de Gautier, uma edição Charpentier em papel japonês, com uma água-forte de Jacquemart. Estava encadernado em pele verde-limão, com um desenho dourado de entrelaçados e semeado de romãs.

Después de tumbarse en el sofá miró el título del libro. Se trataba de Émaux et Camées, la edición de Charpentier en papel japón, con un grabado de Jacquemart. La encuadernación era de cuero verde limón, con un enrejado en oro, salpicado de granadas. Se lo había regalado Adrian Singleton. Al pasar las páginas, sus ojos se detuvieron en un poema sobre la mano de Lacenaire, la helada mano amarillenta «du supplice encore mal lavée», con su vello rojo y sus «doigts de faune». Dorian Gray se miró los dedos, blancos como la cera, tuvo un estremecimiento a su pesar, y siguió adelante, hasta que llegó a las espléndidas estrofas dedicadas a Venecia: Sur une gamme chromatique, Le sein de perles ruisselant, La Vénus de l'Adriatique Sort de feau son corps rose et blanc.

Fora-Lhe oferecido por Adrian Singleton. Ao virar as páginas, deparou com um poema sobre a mão de Laenaire, á gélida mão amarela du supplice encore mal lavée, de penugentos pêlos arruivados e doigts de faune. Olhou para os seus dedos brancos e esguios com um arrepio involuntário, e continuou a folhear o livro, até chegar àquelas preciosas estrofes sobre Veneza: Sur une gamme chromatique, Le sein de perles ruisselant, La Vénus de l'Adriatique Sort de l'eau son corps rose et blanc.

Les domes, sur l'ázur des ondes Suivant la phrase au pure contour, S'enflent comme des gorges rondes Que soulève un soupir d'amour.

L'esquife aborde et me dépose Jetant son amarre au pilier, Devant une façade rose, Sur le marbre d'un escalier.

Les dómes, sur I'azur des ondes Suivant la phrase au pur contour, S'enflentcomme des gorges rondes Que souléve un soupir d'amour.

L'esquif aborde et me dépose Jetantson amarre au pilfer, Devant une fa~ade rose, Sur le marbre d'un escalier.

¡Qué versos exquisitos! Al leerlos se tenía la impresión de estar flotando por los verdes canales de la ciudad de color rosa y gris perla, sentado en una góndola negra con la proa de plata y unos cendales arrastrados por la brisa. Los versos mismos le parecían las rectas estelas azul turquesa que siguen al visitante cuando navega hacia el Lido. Los repentinos estallidos de color le recordaban los destellos de las palomas -la garganta de color ópalo e iris- que revolotean en torno al esbelto campanile acolmenado, o que pasean, con tranquila elegancia, entre los polvorientos arcos en penumbra. Recostándose, con los ojos semicerrados, Dorian repitió una y otra vez los versos: «Devant une fa~ade rose, Sur le marbre d'un escalier».

Toda Venecia estaba contenida allí. Recordó el otoño que había pasado en la ciudad, y el maravilloso amor que le empujó a desenfrenadas y deliciosas locuras. Había poesía por doquier. Porque Venecia, como Oxford, conservaba el adecuado ambiente poético y, para el verdadero romántico, el ambiente lo era todo, o casi todo. Basil pasó con él algún tiempo durante aquella estancia, y se había entusiasmado con Tintoreto. ¡Pobre Basil! ¡Qué muerte tan horrible la suya!

Que belas! Ao ler estas estrofes, tinha-se a sensação de deslizar pelos verdes canais da cidade pérola e rosa, sentados em negra gôndola de proa prateada e de cortinas a arrastar. Os simples versos pareciam-lhe aquelas linhas rectas de cor azul-turquesa que nos seguem quando se sai do Lido. Os súbitos lampejos coloridos faziam-lhe lembrar o fulgor das aves de irisado pescoço opalino que esvoaçam em redor do alto Campanile alveolado, ou se passeiam com majestosa graciosidade pelas arcadas sombrias e poeirentas. Recostado, de olhos semicerrados, repetia vezes sem conta: Devant une façade rose, Sur le marbre dun escalier.

Toda a Veneza estava naqueles dois versos. Recordou-se do Outono que lá passara, e de um amor maravilhoso que o arrastara para delirantes e maravilhosas loucuras. Havia aventuras amorosas em toda a parte. Mas Veneza, tal como Oxford, conservara o cenário romanesco, e, para o verdadeiro romântico, o cenário era tudo, ou quase tudo. Basil estivera com ele durante parte desse tempo, e ficara louco por Tintoretto. Pobre Basil! Que maneira horrível de um homem morrer!

Dorian Gray suspiró, abrió de nuevo el libro de Gautier, y se esforzó por olvidar. Leyó los versos dedicados al pequeño café de Esmirna donde los hayis pasan sus cuentas de ámbar, y los mercaderes enturbantados fuman sus largas pipas adornadas con borlas, al tiempo que conversan sobre temas profundos mientras las golondrinas entran y salen haciendo rápidos quiebros; leyó sobre el obelisco de la Place de la Concorde que llora lágrimas de granito en su solitario exilio sin sol y anhela volver al ardiente Nilo cubierto de flores de loto, donde hay esfinges e ibis rosados y buitres blancos de garras doradas y cocodrilos con ojillos de berilo que se arrastran por el humeante cieno verde; y empezó a soñar con las estrofas que, extrayendo música del mármol manchado de besos, hablan de la curiosa estatua que Gautier compara con una voz de contralto, el «monstre charmant» tumbado en el Louvre en la sala de los pórfidos. Pero al cabo de algún tiempo el libro se le cayó de las manos. Le fue dominando el nerviosismo, que culminó con un tremendo ataque de terror. ¿Qué sucedería si Alan Campbell no estaba en Inglaterra? Tendrían que pasar días y días antes de que regresara. Quizás se negara a volver. ¿Qué hacer entonces? Cada minuto contaba; era de importancia vital. Habían sido grandes amigos en otro tiempo, cinco años atrás; casi inseparables, a decir verdad. Luego su intimidad terminó bruscamente.

Suspirou e, pegando de novo no livro, procurou esquecer. Leu sobre as andorinhas que voam para dentro e fora de um pequeno café de Esmirna, onde os hadjis se sentam a desfiar as suas contas de âmbar, e os mercadores de turbante fumam os seus longos cachimbos de borlas e conversam com certa gravidade uns com os outros, leu sobre o Obelisco da Praça da Concórdia, que chora lágrimas de granito em seu exílio solitário e sem sol, e anseia por regressar ao calor do Nilo coberto de lótus, onde há esfinges, e íbis de um rosa vivo, e abutres brancos de garras douradas, e crocodilos de pequenos olhos de berilo que se arrastam pelo lodo verde e fumegante, pôs-se a meditar naqueles versos que, extraindo música do mármore manchado de beijos, falam daquela estátua singular que Gautier compara a uma voz de contralto, o monstre charmant que jaz na sala de pórfiro do Louvre.

Mas, passado algum tempo, o livro caiu-Lhe das mãos. Tomado de um pavoroso acesso de terror, começou a sentir-se nervoso. E se Alan Campbell se tivesse ausentado de Inglaterra? Só poderia regressar depois de terem passado alguns dias. Talvez recusasse vir. Nesse caso, que poderia ele fazer? Cada momento que passava era de vital importância. Haviam sido amigos cinco anos atrás, amigos inseparáveis até. Depois a intimidade entre eles terminara abruptamente. Quando agora se encontravam em convívios sociais, Dorian Gray era o único que sorria, Alan Campbell nunca sorria.

Cuando se encontraban en público, era Dorian Gray quien sonreía, nunca Alan Campbell.

Se trataba de un joven extraordinariamente inteligente, aunque sin verdadero aprecio por las artes plásticas y que, si en algo había llegado a captar la belleza de la poesía, se lo debía por completo a Dorian. Su pasión intelectual dominante era la ciencia. En Cambridge pasaba gran parte del tiempo trabajando en el laboratorio, y había obtenido una buena calificación en el examen final de ciencias naturales. De hecho, aún seguía dedicado al estudio de la química, y tenía laboratorio propio, donde solía encerrarse el día entero, lo que irritaba mucho a su madre, que tendía a confundir a los químicos con los boticarios, y a quien ilusionaba sobre todo que consiguiese un escaño en el Parlamento. Campbell era, por otra parte, un músico excelente, y tocaba el violín y el piano mejor que la mayoría de los aficionados.

La música había sido, de hecho, el lazo de unión entre Dorian Gray y él: la música y la indefinible capacidad de atracción que Dorian podía utilizar a voluntad y que de hecho utilizaba con frecuencia sin.

ser consciente de ello. Se habían conocido en casa de lady Berkshire la noche en que tocó allí Rubinstein, y después se los veía con frecuencia juntos en la ópera y dondequiera que se interpretara buena música.

Su intimidad había durado dieciocho meses. Campbell estaba siempre en Selby Royal o en Grosvenor Square. Para él, como para muchos otros, Dorian Gray representaba el modelo de todo lo que la vida tiene de maravilloso y fascinante.

Nadie sabía si habían llegado a pelearse. Pero, de repente, otras personas se dieron cuenta de que apenas hablaban cuando se veían, y de que Campbell se marchaba pronto de las fiestas a las que asistía Dorian Gray. Había cambiado, por otra parte: se mostraba extrañamente melancólico a veces, casi parecía que la música le desagradase, y no tocaba nunca, dando como excusa, cuando se le pedía que interpretase algo, estar tan absorto en la ciencia que le faltaba tiempo para practicar. Y era sin duda cierto. Cada día que pasaba daba la impresión de estar más interesado por la biología, y su nombre había aparecido una o dos veces en algunas dulas revistas científicas, en relación con ciertos curiosos experimentos.

Era um jovem extremamente inteligente, embora não tivesse verdadeiro apreço pelas artes visuais, e a reduzida sensibilidade pela beleza da poesia devia-se inteiramente a Dorian. A sua paixão intelectual predominante era votada à ciência. Em Cambridge, passara grande parte do seu tempo a trabalhar no laboratório, e tivera uma boa classificação no exame final de Ciências da Natureza. Na verdade, ainda se dedicava ao estudo da química, e tinha um laboratório só seu, onde costumava encafuar-se o dia inteiro, para grande desespero da mãe, que se empenhara na sua candidatura ao Parlamento e tinha uma vaga ideia de que um químico era uma pessoa que fazia receitas. Ele era, todavia, também excelente músico, e tocava violino e piano melhor do que numerosos amadores. De facto, foi a música que aproximou os dois, ele e Dorian Gray, a música, e aquela atracção indizível que Dorian parecia saber exercer sempre que desejava, mas que chegava também a ser exercida inconscientemente. Tinham travado conhecimento em casa de Lady Berkshire na noite em que Rubenstein dera lá um concerto, e depois disso costumavam ser vistos juntos na Ópera e onde quer que se tocasse boa música. A intimidade entre eles durou dezoito meses. Campbell estava sempre em Selby Royal ou na Grosvenor Square. Para ele, assim como para muitos outros, Dorian Gray era o modelo de tudo o que é maravilhoso e fascinante na vida. Se houvera, ou não, uma desavença entre eles, ninguém sabia. Mas, de repente, as pessoas notaram que eles mal se falavam quando se encontravam, e que Campbell parecia retirar-se sempre cedo de qualquer reunião social em que Dorian estivesse presente. E também se modificara: às vezes estava inexplicavelmente melancólico, quase parecia detestar ouvir música, e nunca mais tocara, desculpando-se, quando a isso se via obrigado, com a falta de tempo para praticar, pois a ciência absorvia-o muito. E isto era mesmo verdade. Parecia interessar-se cada vez mais por biologia, e o seu nome apareceu uma ou duas vezes em algumas revistas científicas, associado a determinadas experiências curiosas.

Tal era el hombre que Dorian Gray esperaba. Su mirada se volvía hacia el reloj a cada momento. A medida que pasaban los minutos aumentaba su agitación. Finalmente se levantó y empezó a pasear por la estancia, con el aspecto de un bello animal enjaulado. Caminaba a grandes zancadas que tenían algo de furtivo. Y las manos se le habían quedado extrañamente frías.

Era este o homem que Dorian Gray aguardava. A cada segundo olhava para o relógio. À medida que os minutos avançavam, ia ficando tremendamente agitado. Por fim, levantou-se e começou a passear na sala, de um lado para o outro, parecendo qualquer coisa de muito belo dentro de uma jaula. Dava longas passadas furtivamente. Tinha as mãos geladas.

La incertidumbre se hizo insoportable. Tuvo la impresión de que el tiempo se arrastraba con pies de plomo, mientras él, empujado por monstruosos huracanes, avanzaba hacia el borde dentado de un negro precipicio. Dorian sabía lo que le esperaba allí abajo; lo veía, incluso, y, estremecido, se aplastó con manos húmedas los párpados ardientes como si quisiera robarle la vista al cerebro mismo, empujando los globos de los ojos hasta el fondo de las órbitas. Pero era inútil. El cerebro disponía de su propio alimento, en el que se cebaba, y la imaginación, lanzada a grotescos excesos por el terror, se retorcía y deformaba como un ser vivo a causa del dolor, bailaba como una horrible marioneta sobre un escenario, y hacía muecas detrás de máscaras animadas. Luego, de repente, el Tiempo se detuvo para él. Sí; aquella dimensión ciega, de lentísima respiración, dejó de arrastrarse, y horribles pensamientos, puesto que el Tiempo había muerto, emprendieron una veloz carrera y desenterraron el espantoso futuro de su tumba para mostrárselo. Dorian lo contempló fijamente. Y el horror que sintió lo dejó petrificado.

A expectativa tornava-se insuportável. O tempo parecia arrastar-se com pés de chumbo, enquanto ele era arrastado por ventos monstruosos para a berma escarpada da negra fenda de um precipício. Sabia o que o esperava lá, chegava mesmo a vê-lo, e, a tremer, pressionava com as mãos húmidas de suor as pálpebras escaldantes, como se quisesse roubar a visão ao próprio cérebro e empurrar os globos oculares para o fundo das órbitas. Era inútil. O cérebro tinha alimento próprio que o sustentava, e a imaginação, que o terror tornava grotesca, enroscada e distorcida como ser vivo em sofrimento, dançava como uma marioneta imunda sobre um estrado, e arreganhava os dentes através de máscaras móveis. Depois, subitamente, o Tempo parou. Sim, aquela coisa cega, de lento arfar, já não se arrastava, e os pensamentos medonhos, agora que o Tempo estava morto, correram ligeiros e puxaram para fora da sepultura um futuro hediondo, e mostraram-Lho. Ele fitou-o, petrificado de horror.

Por fim, abriu-se a porta e o criado entrou. Dorian volveu-lhe um olhar vago.

- Chegou Mr. Campbell, senhor - disse o criado.

Um suspiro de alívio brotou-lhe dos lábios ressequidos, e as faces retomaram cor.

- Peça-lhe que entre imediatamente, Francis.

Finalmente la puerta se abrió, dando paso al ayuda de cámara. Dorian Gray lo miró con ojos vidriosos.

Sentia-se de novo senhor de si. O acesso de cobardia passara.

-El señor Campbell -anunció.

Un suspiro de alivio escapó entonces de los labios resecos de Dorian Gray el color regresó a sus mejillas.

O criado saiu, com uma vénia. Pouco depois, entrou Alan Campbell, de semblante severo e um pouco pálido, uma palidez realçada pelo cabelo negro e pelas sobranceLhas escuras.

-Hágalo pasar ahora mismo, Francis -sintió que volvía a ser el de siempre. Había superado el momento de cobardía.

- Alan! Que gentileza da sua parte. Obrigado por ter vindo.

El criado hizo una inclinación de cabeza y se retiró. Instantes después entró Alan Campbell, con aspecto severo y bastante pálido, la palidez intensificada por los cabellos y las cejas de color negro azabache.

-¡Atan! ¡Cuánta amabilidad por tu parte! Te agradezco mucho que hayas venido.

- Era minha intenção nunca mais voltar a entrar em sua casa, Gray. Mas disse que era um caso de vida e de morte. - A voz era dura e fria. Falava com lenta deliberação. Havia desprezo no olhar firme e perscrutador que lançou a Dorian. Tinha as mãos metidas nos bolsos do casaco de astracã, parecendo ignorar o gesto de cumprimento com que fora recebido.

-Me había propuesto no volver a pisar tu casa, Gray. Pero se me ha dicho que era una cuestión de vida o muerte -su voz era dura y fría y hablaba con estudiada lentitud. Había una expresión de desprecio en la mirada insistente con que procedió a estudiar el rostro de Dorian. Mantenía las manos en los bolsillos de su abrigo de astracán y dio la impresión de no haberse percatado del gesto con el que había sido recibido.

- Sim, é um caso de vida e de morte, Alan, e que envolve mais de uma pessoa. Sente-se.

Campbell sentou-se numa cadeira perto da mesa, e Dorian sentou-se do outro lado. Os olhos dos dois homens cruzaram-se. Nos de Dorian havia uma piedade infinita. Sabia que o que ia fazer era terrível.

-Sí; se trata de una cuestión de vida o muerte, Alan, y para más de una persona. Haz el favor de sentarte.

Após um momento de tensão e silêncio, inclinou-se para a frente e falou com grande serenidade, mas observando o efeito de cada palavra no rosto daquele que mandara chamar.

Campbell ocupó una silla junto a la mesa, y Dorian se sentó frente a él. Los dos hombres se miraron a los ojos. En los de Dorian había una infinita compasión. Sabía que lo que se disponía a hacer era espantoso.

- Alan, num quarto trancado do último andar desta casa, um quarto a que ninguém tem acesso senão eu, está um morto sentado a uma mesa. Morreu há precisamente dez horas. Não se enerve, nem me olhe assim. Quem é este homem, por que motivo e como morreu são assuntos que lhe não interessam. O que você tem de fazer é...

Después de un tenso momento de silencio, se inclinó hacia adelante y dijo, con mucha calma, pero atento al efecto de cada palabra sobre el rostro de su visitante: -Alan, en una habitación cerrada con llave en el ático de esta casa, en una habitación a la que nadie, excepto yo mismo, tiene acceso, hay un muerto sentado ante una mesa. Hace ya diez horas que falleció.

- Basta, Gray. Não quero saber mais nada. Seja verdade ou mentira, o que me contou não me diz respeito. Recuso absolutamente envolver-me na sua vida. Guarde para si os seus segredos horrendos. Não me interessam mais.

No te muevas, ni me mires de esa manera. Quién es esa persona, por qué ha muerto, cómo ha muerto, son cuestiones que no te conciernen. Lo que tienes que hacer es esto...

-Basta, Gray. No quiero saber nada más. Ignoro si lo que me acabas de contar es mentira o verdad. No me importa. Me niego por completo a verme mezclado en tu vida. Guarda para ti solo tus horribles secretos. Han dejado de interesarme.

- Alan, vão ter de Lhe interessar. Este terá de Lhe interessar. Lamento muito, Alan. É que eu não posso resolver nada sozinho. Você é o único homem que me pode salvar. Vejo-me obrigado a metê-lo no caso. Não me resta outra solução. Alan, você é um homem de ciência, sabe química, e coisas do género. Fez experiências. O que você tem de fazer é destruir aquilo que está lá em cima, destruí-lo para que não fique vestígio algum. Ninguém viu essa pessoa entrar cá em casa.

-Tienen que interesarte, Alan. Éste, en concreto, va a tener que interesarte. Lo siento muchísimo por ti, pero no puedo evitarlo. Eres la única persona que me puede salvar. Estoy obligado a forzar tu intervención. No tengo alternativa. Eres un hombre de ciencia, Alan. Sabes química y otras cosas relacionadas con ella. Has hecho experimentos. Se trata de que destruyas el cuerpo sin vida que está ahí arriba; de destruirlo de manera que no quede el menor rastro. Nadie vio entrar a esa persona en esta casa.

Na verdade, presentemente supõem que está em Paris. Só daqui a alguns meses notarão a sua falta. Quando isso acontecer, não quero que encontrem aqui nenhum sinal da sua passagem. Você, Alan, deve reduzi-lo, e tudo o que lhe pertence, a um punhado de cinzas que eu possa dispersar.

- Você está louco, Dorian.

- Ah! Eu estava à espera que me tratasse por Dorian.

Se piensa, de hecho, que se encuentra actualmente en París. Pasarán meses antes de que se le eche de menos. Cuando eso suceda, es preciso que no quede aquí traza alguna suya. Tú, Alan, debes encargarte de convertirlos, a él y a todas sus pertenencias, en un puñado de cenizas que puedan esparcirse al viento.

- Digo-Lhe que você está louco, louco ao imaginar que eu levantaria um dedo para o ajudar, louco por fazer essa confissão monstruosa. Não terei nada a ver com esse assunto, seja qual for. Julga que vou arriscar a minha reputação por você? Não me interessa a maquinação diabólica que você anda a congeminar.

-Estás loco, Dorian.

- Foi suicídio, Alan.

-¡Ah! Esperaba anhelante a que me llamaras Dorian. -Estás loco, te lo repito... Loco por imaginar que vaya a alzar un dedo por ayudarte, loco por hacer esa confesión monstruosa. No quiero tener nada que ver con ese asunto, se trate de lo que se trate. ¿Me crees dispuesto a poner en peligro mi reputación por ti? ¿Qué me importa en qué tarea diabólica te hayas metido?

- Antes isso. Mas quem o induziu a fazê-lo? Você, calculo eu.

- Continua a recusar fazer-me isto?

-Se trata de un suicidio, Alan.

-Me alegro de saberlo. Pero, ¿quién lo ha empujado al suicidio? Estoy seguro de que has sido tú.

-¿Sigues negándote a hacer lo que te pido?

- Com certeza. Não quero ter absolutamente nada a ver com o caso. É-me indiferente que se cubra de ignomínia. Você merece-a. Não me afligiria vê-lo cair em desgraça na praça pública. Como ousa pedir-me, e logo a mim, que me envolva neste horror? Sempre pensei que você conhecesse melhor o carácter das pessoas. O seu amigo Lord Henry Wotton não lhe deve ter ensinado muito de psicologia, por muito que Lhe tivesse ensinado. Não há nada que me convença a dar um passo para o ajudar. Veio bater a má porta. Dirija-se aos seus amigos. Não a mim.

-Claro que me niego. No quiero tener nada que ver con ello. No me importa lo que te acarree. Mereces todo lo que te suceda. No me entristecerá verte deshonrado, públicamente deshonrado. ¿Cómo te atreves a pedirme, a mí especialmente, que tome parte en ese horror? Hubiera creído que entendías mejor la manera de ser de las personas. Quizá tu amigo lord Henry Wotton no te ha enseñado tanto sobre psicología, aunque te haya enseñado mucho sobre otras cosas. Nada me llevará a dar un paso por ayudarte. Te has equivocado de persona. Acude a alguno de tus amigos. No a mí.

- Foi assassínio, Alan. Matei-o. Você não sabe o que ele me fez sofrer. Seja como for, ele teve mais influência na formação ou na destruição da minha vida do que o pobre do Harry. Ainda que não tenha sido essa a sua intenção, o resultado foi o mesmo.

- Assassínio! Meu Deus, Dorian, foi a isso que você chegou? Não o denunciarei. Não me diz respeito. Aliás, mesmo que eu não toque no assunto, tenho a certeza de que você irá preso.

-Ha sido un asesinato, Alan. Lo he matado. No sabes lo que me ha hecho sufrir. Se piense lo que se quiera de mi vida, él ha contribuido más a destrozarla que el pobre Harry. Quizá no fuera su intención, pero el resultado ha sido el mismo.

Não há ninguém que cometa um crime sem fazer qualquer estupidez. Mas não terei nada a ver com isso.

-¡Asesinato! ¡Cielo santo, Dorian! ¿A eso has llegado finalmente? No te denunciaré. No es asunto mío.

Además, sin necesidad de que yo mueva un dedo acabarán por detenerte. Nadie comete nunca un delito sin hacer algo estúpido. Pero me niego a intervenir.

-Tendrás que hacerlo. Espera, espera un momento; escúchame. Sólo tienes que oírme. Todo lo que te pido es que lleves a cabo un determinado experimento científico. Vas a los hospitales y a los depósitos de cadáveres y los horrores que ves allí no te afectan. Si en una espantosa sala de disección o en un laboratorio maloliente encontraras a un ser humano sobre una mesa de plomo al que se han hecho unas incisiones rojas para permitir que salga la sangre, lo mirarías como una cosa admirable. No te inmutarías.

No pensarías que estabas haciendo nada reprobable. Considerarías, por el contrario, que trabajabas en beneficio de la raza humana, o que aumentabas su caudal de conocimientos, o satisfacías su curiosidad intelectual, o algo por el estilo. Lo que quiero que hagas es, sencillamente, algo que ya has hecho muchas veces. A decir verdad, destruir un cadáver debe de ser mucho menos horrible que lo que estás acostumbrado a hacer. Y recuerda que es la única prueba contra mí. Si se descubre, estoy perdido; y se sabrá sin duda, a menos que tú me ayudes.

- Terá de ter. Espere, espere um pouco. Ouça. Ouça apenas, Alan. Tudo o que lhe peço é que faça uma determinada experiência científica. Você costuma ir aos hospitais e às morgues, e os horrores que aí comete não o afectam, Se, em alguma medonha sala de dissecação ou em fétido laboratório, encontrasse este homem sobre uma mesa de chumbo sulcada de calhas vermelhas para escoarem o sangue, considerá-lo-ia apenas um excelente objecto de estudo. Você continuaria imperturbável. Nem acreditava que estivesse a fazer algo de reprovável. Pelo contrário, sentiria talvez que estava a prestar um benefício à humanidade, ou a incrementar a totalidade de conhecimentos no mundo, ou a satisfazer a curiosidade intelectual, ou outra coisa do género. O que eu quero que faça não é mais do que já fez muitas vezes. Na verdade, destruir um cadáver deve ser muito menos impressionante do que as práticas a que está habituado. E veja bem que esta é a única prova contra mim. Se for descoberta estou perdido. E certamente que será, se você não me ajudar.

- Não estou disposto a ajudá-lo. Já se esqueceu? Tudo isso me é indiferente. Não tem nada a ver comigo.

-No tengo el menor deseo de ayudarte. Eso es algo que olvidas. Lo único que me inspira todo este asunto es indiferencia. No tiene nada que ver conmigo.

- Alan, suplico-lhe. Pense na minha situação. Precisamente antes de você chegar, quase desmaiava de pavor. Até você pode um dia sentir pavor. Não! Não pense nisso. Encare o assunto unicamente do ponto de vista científico. Você nunca pergunta de onde vêm os cadáveres em que pratica as suas experiências. Não pergunte também agora. Já lhe contei demais. Mas imploro-lhe que faça isto. Dantes éramos amigos, Alan.

-Alan, te lo suplico. Piensa en qué situación me encuentro. Unos instantes antes de que llegaras el terror casi ha hecho que me desmayara. Quizá tú también conozcas el terror algún día. ¡No! No pienses en eso. Míralo desde una perspectiva estrictamente científica. Tú no preguntas de dónde proceden los cadáveres con los que experimentas. Tampoco es necesario que lo investigues ahora. Ya te he contado demasiado. Pero te suplico que lo hagas. Fuimos amigos en otro tiempo, Alan.

- Não fale nesses dias, Dorian. Estão mortos.

- Por vezes os mortos ficam. O homem que está lá em cima não se quer ir embora. Está sentado à mesa, de cabeça pendida e braços estendidos. Alan! Alan! Se não vier em meu auxílio estou perdido. Não vê que me vão enforcar, Alan! Não compreende? Vão enforcar-me pelo que fiz.

-No hables de eso. Aquellos días están muertos.

- Escusa de prolongar esta cena. Recuso em absoluto intervir no assunto. É loucura da sua parte pedir-mo.

-A veces lo que está muerto perdura. El individuo del ático no desaparecerá. Está sentado en la mesa con la cabeza caída y los brazos colgando. ¡Alan, por favor! Si no vienes en mi ayuda, estoy perdido.

- Recusa?

- Recuso.

- Suplico-lhe, Alan.

- É inútil.

¡Me ahorcarán! ¿Es que no lo entiendes? Me ahorcarán por lo que he hecho. -No sirve de nada que prolongues esta escena. Me niego categóricamente a intervenir en este asunto. Tienes que estar loco para pedirme una cosa así.

A mesma expressão de piedade surgiu nos olhos de Dorian Gray. Depois, estendeu a mão para pegar num pedaço de papel, e escreveu nele qualquer coisa. Leu-o duas vezes, dobrou-o meticulosamente e passou-o para o outro lado da mesa. Feito isto, levantou-se e foi até à janela.

-¿Te niegas?

-Sí.

-Te lo suplico, Alan.

-Es inútil.

La misma expresión compasiva apareció de nuevo en los ojos de Dorian Gray. Luego extendió el brazo, tomó un trozo de papel y escribió algo en él. Lo releyó dos veces, lo dobló cuidadosamente y lo empujó hasta el otro lado de la mesa. Después se levantó, acercándose a la ventana.

Campbell olhou-o surpreendido, e então pegou no papel e abriu-o. Ao lê-lo, cobriu-se-lhe o rosto de uma palidez cadavérica, e tombou para trás na cadeira. Assaltou-o uma atroz sensação de náusea. Era como se o coração batesse desordenadamente num buraco oco até desfalecer Após dois ou três minutos de um silêncio terrível. Dorian voltou-se, aproximou-se e postou-se atrás dele, pousando-lhe a mão no ombro.

Campbell le miró sorprendido, y luego recogió el papel y lo abrió. Mientras lo leía su rostro adquirió una palidez cenicienta y tuvo que recostarse en el respaldo de la silla. Le invadió una sensación de náusea infinita. Sintió que el corazón le latía en una vacía premonición de muerte.

Al cabo de dos o tres minutos de terrible silencio, Dorian, abandonando la ventana, se situó tras él y le puso una mano en el hombro.

-Lo siento por ti, Alan -murmuró-, pero no me has dado otra opción. La carta está escrita. La tengo aquí. Ya ves a quién va dirigida. Si no me ayudas, la enviaré. Sabes cuáles serán las consecuencias. Pero me vas a ayudar. Es imposible que te niegues. He tratado de evitártelo. Has de reconocerlo. Te has mostrado inflexible, duro, ofensivo. Me has tratado como nadie se ha atrevido a tratarme nunca; nadie que esté vivo, al menos. Lo he soportado todo. Pero ahora soy yo quien impone las condiciones.

- Tenho tanta pena de si, Alan - disse, num sussurro -, mas você não me deixou alternativa alguma. Já escrevi uma carta. Ei-la. Veja o endereço. Se não me ajudar, sou obrigado a enviá-la. Se não me ajudar, vou enviá-la. Você conhece as consequências. Mas você vai ajudar-me. Agora é-lhe impossível recusar. Procurei poupá-lo. Far-me-á a justiça de o admitir. Você foi severo, implacável, ofensivo. Tratou-me como jamais homem algum ousou tratar-me... pelo menos um que esteja vivo. Suportei tudo. Agora chegou a minha vez de ditar as condições.

Campbell mergulhou o rosto entre as mãos, estremecendo.

- Sim, chegou a minha vez de ditar as condições, Alan. Sabe quais são. A coisa é muito simples. Vamos, não fique nessa agitação febril. A coisa tem de ser feita. Enfrente-a, e faça-a.

Campbell ocultó el rostro entre las manos, recorrido el cuerpo por un estremecimiento.

-Sí; soy yo quien pone las condiciones, Alan. Ya sabes cuáles son. Se trata de hacer algo muy sencillo.

Vamos, no te desesperes. Es inevitable. Acéptalo, y haz lo que tienes que hacer.

A Campbell se le escapó un gemido, y empezó a temblar de pies a cabeza. Le pareció que el tictac del reloj situado en la repisa de la chimenea dividía el tiempo en átomos de dolor, cada uno de ellos demasiado terrible para soportarlo. Sentía como si un anillo de hierro, lentamente, se estrechara en torno a su frente, como si el deshonor con que se le amenazaba hubiera descendido ya sobre él. La mano posada sobre su hombro parecía hecha de plomo.

Campbell soltou um gemido, e todo o seu corpo tremia. O tiquetaque do relógio que estava no rebordo da chaminé parecia-lhe dividir o tempo em átomos de tormento, cada um deles demasiado atroz para se poder suportar. Tinha a sensação de que um anel de ferro lhe apertava lentamente a fronte, como se a ignomínia com que fora ameaçado se houvesse abatido já sobre si. A mão pousada no seu ombro pesava como mão de chumbo. Era insuportável. Parecia esmagá-lo.

- Vamos, Alan, tem que tomar imediatamente uma decisão.

- Não consigo fazê-lo - respondeu, maquinalmente, como se as palavras pudessem alterar as coisas.

- Mas tem de o fazer. Não tem outro remédio. Não perca tempo.

-Vamos, Alan; tienes que decidirte ya.

Ele hesitou um pouco.

-No lo puedo hacer -dijo maquinalmente, como si las palabras pudieran alterar la realidad.

- Há alguma lareira no quarto lá em cima?

- Sim, há uma lareira a gás, com amianto.

-Has de hacerlo. No tienes elección. No te empeñes en retrasarlo.

- Tenho de ir a casa para trazer umas coisas do laboratório.

Campbell vaciló un momento.

-¿Hay un fuego en la habitación del ático? -Sí; una toma de gas con placas de amianto.

- Não, Alan, não pode sair daqui. Escreva numa folha de papel aquilo de que precisa, e o meu criado irá de fiacre buscar essas coisas.

-Tendré que ir a mi casa y recoger algunas cosas del laboratorio.

-No, Alan; no puedes salir de esta casa. Escribe en un papel lo que quieres y mi criado irá en un coche a buscarlo. Campbell garrapateó unas líneas, secó la tinta, y escribió en un sobre el nombre de su ayudante. Dorian tomó la nota y la leyó cuidadosamente. Luego tocó la campanilla y entregó la carta a su ayuda de cámara, ordenándole que volviera cuanto antes con las cosas solicitadas.

Campbell escrevinhou umas linhas, secou-as com o mata-borrão e endereçou um envelope ao seu assistente. Dorian pegou na folha e leu-a atentamente. Em seguida, tocou a campainha e entregou a mensagem ao criado, ordenando-lhe que estivesse de volta o mais breve possível e que trouxesse as coisas consigo.

Al cerrarse la puerta principal, Campbell tuvo un sobresalto y, levantándose de la silla, se acercó a la chimenea. Temblaba como atacado por la fiebre. Durante cerca de veinte minutos nadie habló. Una mosca zumbó ruidosamente por el cuarto y el tictac del reloj era como el golpear de un martillo.

Quando se fechou a porta do vestíbulo, Campbell teve um sobressalto de nervosismo, e, levantando-se, aproximou-se da lareira. Tremia como se tivesse sezões. Durante cerca de vinte minutos, os dois homens permaneceram calados. Pela sala esvoaçava uma mosca que zumbia ruidosamente, e o tiquetaque do relógio parecia a pancada de um martelo.

Cuando el carillón dio la una, Campbell se volvió y, al mirar a Dorian Gray, vio que tenía los ojos llenos de lágrimas. Había algo en la pureza y el refinamiento de aquel rostro lleno de tristeza que pareció enfurecerlo.

Quando soou uma hora, Campbell voltou-se e, ao olhar para Dorian Gray, viu que este tinha os olhos rasos de lágrimas. Havia qualquer coisa na pureza e perfeição daquele rosto triste que parecia enfurecê-lo.

- Você é infame, absolutamente infame! - balbuciou.

-¡Eres un infame! ¡Un ser absolutamente repugnante! -murmuró.

- Não diga nada, Alan. Você salvou-me a vida - disse Dorian.

-Calla, Alan: me has salvado la vida -dijo Dorian Gray. -¿La vida? ¡Cielo santo! ¿Qué vida es ésa? Has ido de corrupción en corrupción y ahora has coronado tus hazañas con un asesinato. Al hacer lo que voy a hacer, lo que me obligas a hacer, no es en tu vida en lo que estoy pensando.

- A sua vida? Céus! Mas que vida! Você andou de corrupção em corrupção até culminar no crime. Ao fazer o que vou fazer, aquilo que você me obriga a fazer, não é na sua vida que estou a pensar.

- Ah, Alan, desejaria que sentisse por mim a milésima parte da compaixão que sinto por você.

-Atan, Alan -murmuró Dorian Gray con un suspiro-, quisiera que sintieras por mí una milésima parte de la compasión que me inspiras -se volvió mientras hablaba y se quedó mirando el jardín.

E dizendo isto, voltou-se e pôs-se a olhar para o jardim lá fora. Campbell não lhe deu resposta.

Campbell no respondió.

Al cabo de unos diez minutos se oyó llamar a la puerta, y entró el criado con una gran caja de caoba llena de productos químicos, junto con un rollo de hilo de acero y platino, así como dos pinzas de hierro de forma bastante extraña.

Uns dez minutos depois, bateram à porta, e entrou o criado transportando uma grande caixa de mogno para produtos químicos, com um rolo comprido de fio de aço e platina, e dois grampos de ferro que tinham uma forma bastante curiosa.

- Quer que deixe as coisas aqui, senhor? - perguntou a Campbell.

-¿He de dejar aquí estas cosas? -le preguntó a Campbell.

-Sí -respondió Dorian-. Y mucho me temo, Francis, que aún tengo otro encargo para usted. ¿Cómo se llama esa persona de Richmond que lleva orquídeas a Selby? -Harden, señor.

- Sim, deixe - disse Dorian. - E, Francis, parece-me que tenho outra incumbência para si. Como se chama o homem de Richmond que fornece as orquídeas para Selby?

- Chama-se Harden, senhor.

-Eso es, Harden. Tiene usted que ir a Richmond de inmediato, ver a Harden en persona y decirle que mande el doble de orquídeas de las que había encargado, y que de las blancas ponga el menor número posible. De hecho, dígale que no quiero ninguna blanca. Hace muy buen día, Francis, y Richmond es un sitio muy bonito, de lo contrario no le diría que fuese.

- Ah, sim. Harden. Vá imediatamente a Richmond procurar esse Harden e diga-Lhe que mande o dobro das orquídeas que encomendei, mas o mínimo possível de orquídeas brancas. Para ser mais exacto, não quero nenhumas brancas. Está um lindo dia, Francis, e Richmond é muito bonito, se não fosse assim não lhe daria essa maçada.

- Não é maçada nenhuma, senhor. A que horas devo estar cá?

-No es ninguna molestia, señor. ¿A qué hora debo estar de vuelta?

Dorian olhou para Campbell.

Dorian miró a Campbell.

-¿Cuánto durará tu experimento, Alan? -preguntó con voz tranquila, indiferente. La presencia de una tercera persona en la habitación parecía darle un valor extraordinario.

- Quanto tempo irá levar a sua experiência, Alan? perguntou, numa voz calma, indiferente. A presença de uma terceira pessoa na sala parecía transmitir-lhe uma calma extraordinária.

Campbell frunció el entrecejo y se mordió los labios. -Unas cinco horas -respondió.

Campbell, de semblante carregado, fez por se dominar.

- Levará aproximadamente cinco horas - respondeu.

-Bastará, entonces, con que esté de vuelta para las siete y media. Mejor, quédese allí: deje las cosas preparadas para que pueda vestirme. Tómese la tarde libre. No cenaré en casa, de manera que no voy a necesitarlo.

- Então basta que você esteja de regresso às sete e meia, Francis. Não. Não volte. Deixe apenas tudo em ordem para eu mudar de roupa. Pode ficar com a noite livre. Como não janto em casa, não vou precisar de si.

-Muchas gracias, señor -dijo el ayuda de cámara, abandonando la habitación.

- Obrigado, senhor - disse o criado, ao sair da sala.

-Bien, Alan, no hay un momento que perder. ¡Cuánto pesa esta caja! Yo te la llevaré. Encárgate tú de lo demás -hablaba rápidamente y con acento autoritario. Campbell se sintió dominado por él. Juntos salieron de la habitación.

- Agora, Alan, não há um momento a perder. Como esta caixa pesa! Eu levo-lha. Traga as outras coisas.

Falava depressa e com modos autoritários. Campbell sentia-se dominado por ele. Saíram os dois juntos da sala.

Cuando llegaron al descansillo del ático, Dorian sacó la llave y la hizo girar en la cerradura. Luego se detuvo, una mirada de incertidumbre en los ojos. Se estremeció.

Quando chegaram ao último patamar, Dorian tirou a chave do bolso e fê-la girar na fechadura. Depois parou, e os seus olhos reflectiam uma certa inquietação. E recuou.

-Me parece que no soy capaz de entrar -murmuró.

- Creio que não consigo entrar, Alan - disse, num murmúrio.

-No importa. No te necesito para nada -respondió Campbell con frialdad.

- É-me indiferente. A sua presença não é necessária - disse Campbell, com frieza.

Dorian Gray abrió a medias la puerta. Al hacerlo, vio el rostro del retrato, mirándolo, socarrón, iluminado por la luz del sol. En el suelo, delante, se hallaba la cortina rasgada. Recordó que la noche anterior había olvidado, por primera vez en su vida, esconder el lienzo maldito, y se disponía a abalanzarse, cuando retrocedió, estremecido.

Dorian só abriu a porta até meio. Ao fazê-lo, viu, à luz do sol, o olhar maldoso no rosto do seu retrato. À frente deste, caída no chão, estava a cortina rasgada. Lembrou-se então de que na noite anterior se esquecera, pela primeira vez na vida, de ocultar a fatídica tela. E quando ia avançar precipitadamente, recuou assustado.

¿Qué era aquel repugnante rocío rojo que brillaba, reluciente y húmedo, sobre una de sus manos, como si el lienzo hubiera sudado sangre? ¡Qué cosa tan espantosa! Por un momento le pareció más espantosa aún que la presencia silenciosa derrumbada sobre la mesa, la presencia cuya grotesca sombra en la alfombra manchada de sangre le indicaba que seguía sin moverse, que seguía allí, en el mismo sitio donde él la había dejado.

O que seriam aquelas repugnantes gotas vermelhas que luziam, húmidas e cintilantes, numa das mãos, como se a tela ressumasse suor de sangue? Que horrendo era aquilo! Mais horrendo - assim lhe parecia naquele instante do que aquela coisa silenciosa que ele sabia que estava de bruços sobre a mesa, e cuja sombra grotesca e disforme projectada no tapete salpicado lhe permitia ver que não se movera, mas que ainda ali estava onde a deixara.

Respiró hondo, abrió un poco más la puerta y, con los ojos medio cerrados y la cabeza vuelta, entró rápidamente, decidido a no mirar ni siquiera una vez al muerto. Luego, agachándose, recogió la tela morada y oro y la arrojó directamente sobre el cuadro.

Respirou fundo, abriu a porta um pouco mais e, de olhos quase fechados e virando a cabeça, entrou rapidamente, decidido a não olhar, nem uma vez sequer, para o morto. Depois, debruçando-se, levantou do chão a cortina de ouro e púrpura e lançou-a por sobre o retrato.

A continuación se inmovilizó, temiendo volverse, y sus ojos se concentraron en las complejidades del motivo decorativo que tenía delante. Oyó cómo Campbell entraba en el cuarto con la pesada caja de caoba, así como con los hierros y las otras cosas que había pedido para su espantoso trabajo. Empezó a preguntarse si Basil Hallward y Alan se habrían visto alguna vez y, en ese caso, qué habrían pensado el uno del otro.

-Ahora déjame -dijo tras él una voz severa.

Ficou ali parado, com medo de se voltar, de olhos fixos no emaranhado do desenho que estava à sua frente.

Ouviu Campbell a trazer para dentro do quarto a pesada caixa, e os ferros, e as outras coisas de que necessitava para a sua pavorosa tarefa. Começou a interrogar-se se ele e Basil Hallward se teriam alguma vez encontrado, e, se assim fora, que opinião teriam tido um do outro.

Dorian Gray dio media vuelta y salió precipitadamente, no sin advertir que el muerto había vuelto a apoyar la espalda contra la silla y que Campbell contemplaba un rostro amarillento que brillaba. Mientras descendía las escaleras oyó cómo la llave giraba por dentro en la cerradura.

- Agora deixe-me só - disse, atrás de si, uma voz dura. Voltou-se e saiu apressadamente, apercebendo-se apenas de que o morto havia sido recostado na cadeira e que Campbell contemplava um rosto amarelecido e luzidio. Quando descia as escadas, ouviu a chave girar na fechadura.

Hacía tiempo que habían dado las siete cuando Campbell se presentó de nuevo en la biblioteca. Estaba pálido, pero muy tranquilo.

Já passava muito das sete horas quando Campbell entrou na biblioteca. Estava pálido, mas absolutamente calmo.

-He hecho lo que me habías pedido que hiciera -murmuró-. Y ahora, adiós. Espero que no volvamos a vernos nunca.

- Fiz o que me pediu - disse entre-dentes. - E agora, adeus. Espero que jamais nos voltemos a ver!

-Me has salvado del desastre, Alan. Eso no lo puedo olvidar-dijo Dorian Gray con sencillez.

- Salvou-me da desgraça, Alan. Não posso esquecer isso limitou-se a dizer Dorian.

Tan pronto como Campbell salió de la casa, subió al ático. En la habitación había un horrible olor a ácido nítrico. Pero la cosa sentada ante la mesa había desaparecido.

Assim que Campbell saiu, subiu ao último andar. No quarto havia um cheiro horrível a ácido nítrico. Mas aquilo que estivera sentado à mesa desaparecera.