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La Máquina del Tiempo.  Herbert George Wells
Capítulo 15. EL REGRESO DEL VIAJERO A TRAVES DEL TIEMPO
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Y así he vuelto. Debí permanecer largo tiempo insensible sobre la máquina. La sucesión intermitente de los días y las noches se reanudó, el sol salió dorado de nuevo, el cielo volvió a ser azul. Respiré con mayor facilidad. Los contornos fluctuantes de la tierra fluyeron y refluyeron. Las agujas giraron hacia atrás sobre los cuadrantes. Al final vi otra vez vagas sombras de casas, los testimonios de la Humanidad decadente. Estas también cambiaron y pasaron; aparecieron otras. Luego, cuando el cuadrante del millón estuvo a cero, aminoré la velocidad. Empecé a reconocer nuestra mezquina y familiar arquitectura, la aguja de los millares volvió rápidamente a su punto de partida, la noche y el día alternaban cada vez más despacio. Luego los viejos muros del laboratorio me rodearon. Muy suavemente, ahora, fui parando el mecanismo.

Observé una cosa insignificante que me pareció rara. Creo haberles dicho a ustedes que, cuando partí, antes de que mi velocidad llegase a ser muy grande, la señora Watchets, mi ama de llaves, había cruzado la habitación, moviéndose, eso me pareció a mí, como un cohete. A mi regreso pasé de nuevo en el minuto en que ella cruzaba el laboratorio. Pero ahora cada movimiento suyo pareció ser exactamente la inversa de los que había ella hecho antes. La puerta del extremo inferior se abrió, y ella se deslizó tranquilamente en el laboratorio, de espaldas, y desapareció detrás de la puerta por donde había entrado antes.

Exactamente en el minuto precedente me pareció ver un momento a Hilleter; pero él pasó como un relámpago. Entonces detuve la máquina, y vi otra vez a mi alrededor el viejo laboratorio familiar, mis instrumentos mis aparatos exactamente tales como los dejé. Bajé de la' máquina todo trémulo, y me senté en mi banco. Durante varios minutos estuve temblando violentamente. Luego me calmé.

A mi alrededor estaba de nuevo mi antiguo taller exactamente como se hallaba antes. Debí haberme dormido allí, y todo esto había sido un sueño.

¡Y, sin embargo, no era así exactamente! La máquina había partido del rincón sudeste del laboratorio. Estaba arrimada de nuevo al noroeste, contra la pared donde la han visto ustedes. Esto les indicará la distancia exacta que había desde la praderita hasta el pedestal de la Esfinge Blanca, a cuyo interior habían trasladado mi máquina los Morlocks.

Durante un rato mi cerebro quedó paralizado. Luego me levanté y vine aquí por el pasadizo, cojeando, pues me sigue doliendo el talón, y sintiéndome desagradablemente desaseado. Vi la Pall Mall Gazette sobre la mesa junto a la puerta. Descubrí que la fecha era, en efecto, la de hoy, y mirando el reloj vi que marcaba casi las ocho. Oí las voces de ustedes y el ruido de los platos.

Vacilé. ¡Me sentía tan extenuado y débil! Entonces olí una buena y sana comida, abrí la puerta y aparecí ante ustedes. Ya conocen el resto. Me lavé, comí, y ahora les he contado la aventura.