Read synchronized with  English  Russian 
Middlemarch.  George Eliot
Capítulo 49.
< Prev. Chapter  |  Next Chapter >
Font: 

Tarea demasiado dura para hechizos
De un mago ha realizado este señor;
Es fácil arrojar piedras en los pozos,
¿Mas quién las sacará?

Ojalá pudiéramos evitar que Dorothea supiera esto! -dijo Sir James Chettam, el ceño fruncido y una expresión de profunda repulsión en los labios.

Estaba de pie sobre la alfombra de la biblioteca de Lowick Grange, y hablaba con el señor Brooke. Era el día siguiente al entierro del señor Casaubon y Dorothea aún no podía abandonar su habitación.

-Sería difícil, Chettam, como usted sabe, pues ella es albacea y le gustan esas cosas..., propiedades, tierras y todo eso. Ya sabe usted que tiene sus ideas -dijo el señor Brooke, calándose las gafas con cierto nerviosismo y concentrándose en las esquinas de un papel doblado que sostenía entre las manos-; y querrá hacer algo, téngalo por seguro que como albacea Dorothea querrá hacer algo. Y además, cumplió veintiuno el diciembre pasado. No puedo impedirle nada.

Sir James observó en silencio la alfombra durante unos minutos y de pronto alzó la vista, clavando los ojos en el señor Brooke y diciendo:

-Le voy a decir lo que sí podemos hacer. Hasta que Dorothea no esté bien, no debemos permitir que se ocupe de nada y, en cuanto se la pueda mover debe venir a casa, con nosotros. Estar con Celia y el niño será lo mejor del mundo para ella, y le hará pasar el tiempo. Y entretanto debe echar a Ladislaw: envíelo fuera del país. -En este punto el gesto de repulsión de Sir James reapareció con toda intensidad.

El señor Brooke se puso las manos a la espalda, caminó hacia la ventana y enderezó la espalda con una pequeña sacudida antes de responder:

-Eso, Chettam, es muy fácil de decir. Muy fácil de decir.

-Mi querido señor Brooke -insistió Sir James, refrenando su indignación para mantenerla dentro de formas de respeto-, fue usted quien lo trajo aquí, y es usted quien lo mantiene aquí; me refiero gracias a la ocupación que le da.

-Sí, pero no puedo despedirle de repente sin ninguna razón, mi querido Chettam. Ladislaw no tiene precio, su labor es de lo más satisfactoria. Considero que le he hecho un favor a esta parte del país trayéndolo..., trayéndolo aquí, ya sabe. -El señor Brooke concluyó con una inclinación de la cabeza, girándose hacia Sir James para hacerla.

-Pues es una lástima que esta parte del país no prescindiera de él, es cuanto tengo que decir al respecto. En cualquier caso, como cuñado de Dorothea, me siento con derecho a oponerme a que permanezca aquí por mor de cualquier acción de parte de los familiares de mi cuñada. Supongo que estará de acuerdo, al menos así lo espero, en que tengo derecho a hablar respecto de cuanto ataña la dignidad de la hermana de mi esposa.

Sir James se iba acalorando.

-Por supuesto, mi querido Chettam, por supuesto. Pero usted y yo tenemos ideas diferentes... diferentes... -Espero que no sea así en cuanto a esta acción de Casaubon -interrumpió Sir James-. Mi opinión es que ha comprometido a Dorothea de la manera más injusta. Mi opinión es que jamás ha habido acción más mezquina, menos caballerosa que ésta... un codicilo de este tipo a un testamento que redactó cuando se casó y con el conocimiento y confianza de la familia de su mujer... ¡es un insulto para Dorothea!

-Bueno, ya sabe lo retorcido que era Casaubon con respecto a Ladislaw. Ladislaw me ha contado la razón... le disgustó la dirección que tomó, ya sabe... Ladislaw no pensaba que las ideas de Casaubon fueran gran cosa, Thoth y Dagon... ese tipo de cosas; y yo creo que a Casaubon le disgustó la postura de independencia que Ladislaw había adoptado. Vi la correspondencia entre ellos, ¿sabe? El pobre Casaubon estaba un poco enterrado entre sus libros... no conocía el mundo.

-A Ladislaw le va muy bien pintarlo así -dijo Sir James-. Pero yo creo que Casaubon sólo estaba celoso de él por causa de Dorothea, y la gente pensará que ella le dio motivos; y eso es lo que hace tan abominable todo este asunto... emparejar su nombre con el de este joven.

-Mi querido Chettam, esto no tendrá ninguna consecuencia -dijo el señor Brooke sentándose y calándose de nuevo las gafas-. Forma parte de las rarezas de Casaubon. Este papel, sin ir más lejos, «tabulación sinóptica» y tal..., «para uso de la señora Casaubon», estaba junto al testamento, cerrado con llave en el escritorio. Supongo que pretendía que Dorothea publique sus investigaciones, ¿no? y ella lo hará, ¿sabe usted? Se ha interesado mucho por los estudios de su marido.

-Mi querido señor Brooke -dijo Sir James con impaciencia-, esto ni va ni viene. La cuestión es si está usted de acuerdo conmigo en la conveniencia de hacer que el joven Ladislaw se marche.

-Pues no estoy de acuerdo en cuanto a la urgencia. Con el tiempo, quizá se pueda conseguir. En cuanto al cotilleo, bueno, no se evitará aunque se vaya. La gente dice lo que quiere, no lo que debe -dijo el señor Brooke esgrimiendo con habilidad las verdades que apoyaban sus deseos-. Podría deshacerme de Ladislaw hasta cierto punto... quitarle la dirección del Pioneer y eso, pero no puedo echarle del país si no quiere irse, ¿sabe?..., si no quiere marcharse.

El señor Brooke, insistiendo con la misma calma que si del clima del año pasado se tratara y moviendo la cabeza al concluir con su habitual amabilidad, constituía un desesperante ejemplo de terquedad.

-¡Por Dios! -exclamó Sir James con el máximo apasionamiento que jamás mostrara-, consigámosle un puesto; gastémonos dinero con él. ¡Si pudiera entrar en el séquito de algún gobernador colonial! Quizá Grampus le quisiera... puedo escribir a Fulke para proponérselo.

-Pero Ladislaw no se avendrá a que le embarquen como una cabeza de ganado, mi querido amigo; Ladislaw tiene sus propias ideas. Tengo la impresión de que si se separara de mí mañana sólo se oiría hablar más de él en todo el país. Con el talento que tiene para hablar y redactar documentos, hay pocos que estén a su altura como agitador, ya sabe, como agitador.

-¡Agitador! -dijo Sir James con enfática amargura y sintiendo que la repetición adecuada de las sílabas de esta palabra bastaban para indicar lo odiosa que era.

-Pero sea usted razonable, Chettam. Veamos, como usted dice, lo mejor será que Dorothea esté con Celia lo antes posible. Que viva en su casa y entretanto, quizá las cosas se serenen. No saquemos los cañones demasiado deprisa. Standish hará lo que le digamos y la noticia se hará vieja antes de que se haga pública. Pueden pasar mil cosas que obliguen a Ladislaw a marcharse sin que yo tenga que intervenir, ¿sabe?

-Entonces, habré de concluir que usted se niega a hacer nada, ¿no es así?

-¿Que me niego, Chettam?... no..., no digo negarme. Pero es que no veo que pueda hacer nada. Ladislaw es un caballero.

-¡Me alegra saberlo! -dijo Sir James, perdiendo un poco los nervios a causa de la irritación-. Pues estoy seguro de que Casaubon no lo era.

-Bueno, peor hubiera sido si el codicilo la impidiera volverse a casar nunca.

-Pues no lo sé -dijo Sir James-. Casi hubiera mostrado más delicadeza.

-¡Es una de las gracias de Casaubon! Aquel ataque le alteró un poco la mente. Y todo para nada. Dorothea no quiere casarse con Ladislaw.

-Pero la redacción de este codicilo parece querer inducir a todo el mundo a que crea que sí quería. No es que yo piense de Dorothea en esos términos -dijo Sir James-, pero Ladislaw me hace sospechar -añadió con el ceño fruncido-. Se lo digo con franqueza, sospecho de Ladislaw.

-No podría tomar medidas inmediatas basándome en eso, Chettam. De hecho, si fuera posible largarle... enviarle a la isla de Norfolk... ese tipo de cosa... Dorothea todavía quedaría peor ante quienes lo supieran. Parecería como si desconfiáramos de ella... ya sabe, como si no tuviéramos confianza en ella.

El hecho de que el señor Brooke hubiera dado con un argumento innegable no calmó a Sir James. Alargó la mano para coger el sombrero, insinuando que no era su intención seguir discutiendo y dijo, aún algo acalorado:

-Bien, lo único que puedo decir es que a Dorothea ya se la ha inmolado una vez porque sus familiares se descuidaron demasiado. Ahora, como hermano suyo, haré cuanto pueda para protegerla.

-Lo mejor que puede hacer, Chettam, es llevarla a Freshitt cuanto antes. Apruebo totalmente ese plan -dijo el señor Brooke, contento de haber ganado en la discusión. Le hubiera resultado muy poco conveniente desprenderse de Ladislaw en ese momento, cuando el Parlamento podía disolverse en cualquier instante y había que convencer a los electores del curso mediante el cual habían de servirse los intereses del país. El señor Brooke creía sinceramente que esta finalidad se lograría con su propia vuelta al Parlamento: estaba honradamente ofreciendo a la nación el poder de su inteligencia.