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Fausto.  Johann Wolfgang Goethe
Capítulo 6. COCINA DE BRUJA
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(En un hogar bajo hay una gran marmita sobre el fuego. En los vapores que salen hacia arriba se vislumbran diversas formas. Una mona está sentada ante la marmita espumándola y cuidando de que no rebose su contenido. Él, con sus crías, está sentado a su lado calentándose. Las paredes y el techo están adornados con el más raro instrumental de brujería.)

(FAUSTO junto a MEFISTÓFELES.)

FAUSTO

¡Me repugna esta estúpida brujería! ¿Y tú me prometes que voy a curarme en este caos de locura? ¡Pedir consejos a una vieja! ¿Y estas cochambrosas artes culinarias me quitarán treinta años de encima? ¡Pobre de mí si es que no sabes algo mejor! ¿No habrá encontrado la naturaleza, o tal vez un espíritu noble, el bálsamo adecuado?

MEFISTÓFELES

Amigo, vuelves a hablar con perspicacia. Para hacerte más joven hay un medio natural, pero viene en otro libro y es un capítulo muy raro.

FAUSTO

¡Quiero saberlo!

MEFISTÓFELES

Un medio que no requiere ni dinero, ni médico, ni hechizos: sal inmediatamente al campo y ponte a escarbar y a cavar; manténte a ti y a tu pensamiento dentro de un círculo muy limitado; aliméntate de comidas no muy sazonadas; vive junto al rebaño y como parte del rebaño, y no creas excesivo abonar el terreno en el que hiciste la recolecta. ¡Créeme, ese es el modo de llegar joven a los ochenta!

FAUSTO

No estoy acostumbrado, no podría habituarme a tomar la azada en mi mano. No me va vivir con estrecheces.

MEFISTÓFELES

De ahí que tenga que entrar en danza la bruja.

FAUSTO

¿Y por qué ha de hacerlo precisamente la vieja?, ¿no puedes tú mismo preparar la pócima?

MEFISTÓFELES

¡Menuda pérdida de tiempo! Prefiero, entretanto, construir mil puentes. No sólo hacen falta arte y ciencia, también se precisa paciencia para realizar la obra. Un espíritu tranquilo está activo muchos años; sólo el tiempo provee de poderes a un sutil fermento. Y todos los ingredientes son sorprendentes. Aunque el demonio le ha enseñado, el demonio no lo puede hacer. (Reparando en LOS ANIMALES.) ¡Mira qué diminuta y agradable especie! Aquí está la sirvienta; allí el criado. (Mirando a LOS ANIMALES.) Al parecer, la señora no está en casa.

LOS ANIMALES

Está comiendo fuera de casa; salió ponla chimenea.

MEFISTÓFELES

Decidme, ¿cuánto tiempo emplea, de ordinario, en sus diversiones?

LOS ANIMALES

El mismo que empleamos nosotros en calentarnos las patas.

MEFISTÓFELES

¿Qué te parecen estos tiernos animales?

FAUSTO

¡Del peor gusto que he visto nunca!

MEFISTÓFELES

No; una charla como esta es precisamente la que más me gusta tener. (A LOS ANIMALES.) Entonces decidme, muñecos malditos, qué es ese puré que se cocina en la olla que rondáis. .

LOS ANIMALES

Estamos cocinando una gran sopa para pobres.

MEFISTÓFELES

Entonces tendréis mucho público.

EL MONO (Acercándose y adulando a MEFISTÓFELES.)

¡Juguemos a los dados!
Quiero hacerme rico.
¡Haz que gane mi apuesta!
El asunto va mal.
Si tuviera dinero,
tendría inteligencia.

MEFISTÓFELES

¡Qué feliz se sentiría este mono si pudiera jugar a la lotería.

(Entretanto, las pequeñas crías de mono se han puesto a jugar con una gran bola dorada y la hacen rodar.)

EL MONO

El mundo es así,
va subiendo y bajando
y no deja de rodar.
Resuena cual cristal
que quebradizo es.
Por dentro está vacío.
Mucho brilla aquí,
y allí aún más.
Estoy lleno de vida.
Hijo de mi amor,
ten cuidado con él.
Al final morirás.
El mundo es de barro,
se pulverizará.

MEFISTÓFELES

¿Para qué sirve la criba?

EL MONO (Descolgándola.)

Si fueras un ladrón te reconocería. (Corre hacia donde está LA MONA y la hace mirar a través de la criba.)

¡Mira bien por la criba!
¿Conoces al ladrón
y no puedes nombrarlo?

MEFISTÓFELES (Acercándose al fuego.)

¿Y este puchero?

EL MONO Y LA MONA

Es estúpido y simple.
No conoce el puchero.
No conoce la marmita.

MEFISTÓFELES

¡Qué animal tan mal educado!

EL MONO

Toma este soplillo
y en el sillón siéntate.

(Insta a MEFISTÓFELES a sentarse.)

FAUSTO (Que entretanto ha estado frente al espejo, tan pronto acercándose como alejándose

de él.)

¿Qué veo? ¿Qué visión celestial se refleja en este espejo mágico? ¡Oh amor, préstame tus alas más ligeras y llévame a su país! Ah, si me quedara aquí, si me atreviera a acercarme. ¡Esta es la más bella imagen de mujer! ¿Es posible que una mujer sea tan hermosa? ¿Es posible que, en el cuerpo tendido de esta mujer, esté reunida toda la belleza de los cielos? ¿Existirá algo así sobre la tierra?

MEFISTÓFELES

Claro, si un Dios se afana durante seis días y al último se vitorea a sí mismo, tiene que haber dado lugar a algo muy logrado. Por esta vez, mira hasta saciarte. Sabré hacerte hallar este pequeño tesoro, y feliz el que tenga la buena suerte de llevársela a casa como esposa. (FAUSTO se sigue mirando al espejo. MEFISTÓFELES, arrellanándose en el sillón y jugando con el soplillo, continúa hablando.) Aquí estoy, sentado como el rey en el trono. Aquí empuño el cetro, sólo me falta la corona.

LOS ANIMALES (Que hasta entonces han hecho todo tipo de movimientos, le traen a

MEFISTÓFELES una corona haciendo gran griterío.)

Oh, haznos el favor,

con sudor y con sangre

péganos la corona.

(Caminando torpemente con la corona, MEFISTÓFELES la rompe en dos pedazos, con los que dan vueltas y saltan.)

Ya ha ocurrido.
Hablamos y vemos,
rimamos y oímos.

FAUSTO (Frente al espejo.)

Ay de mí! Casi me estoy volviendo loco.

MEFISTÓFELES (Señalando a los animales.)

También a mí me empieza a flaquear la cabeza.

LOS ANIMALES

Si tenemos suerte
y todo concuerda,
tendremos ideas.

FAUSTO (Como antes.)

Mi pecho empieza a arder. Alejémonos cuanto antes.

MEFISTÓFELES (Con la postura anterior.)

Bueno, al menos hay que reconocer que son unos poetas muy sinceros.

(La marmita que LA MONA ha dejado hasta ahora descuidada empieza a rebosar; sale una gran llama que sube por la chimenea. LA BRUJA baja a través de la llama dando unos gritos espantosos.)

LA BRUJA

Ay, ay, ay. Maldito animal, condenada puerca. Has descuidado la caldera, has chamuscado a tu señora. Maldito animal. (Mirando a FAUSTO y a MEFISTÓFELES.)
¿Qué ha pasado aquí?
¿Quiénes sois vosotros dos?
¿Qué es lo que queréis?
¿Quién os hizo entrar?
¡Que el fuego del infierno arda en vuestros huesos!

(Mete la espumadera en la marmita y empieza a salpicar con llamas a FAUSTO, MEFISTÓFELES y a LOS ANIMALES. LOS ANIMALES aúllan.)

MEFISTÓFELES (Que le da la vuelta al soplillo que tiene en la mano y golpea las vasijas de cristal y

las ollas.)

Por el suelo, por el suelo,
ahí está tu brebaje,
ahí están tus vasijas.
Esto es sólo una broma,
puta vieja, es el ritmo
propio de tu melodía.

(Mientras LA BRUJA retrocede llena de horror y espanto.) ¿Me reconoces, esqueleto?, ¿eh, espantajo? ¿Reconoces a tu señor y maestro? No sé qué me impide golpearos y destrozaros a ti y a tus espíritus animales. ¿Le has perdido el respeto al jubón rojo? ¿Ya no puedes reconocer la pluma de gallo? ¿He ocultado mi rostro? ¿Tengo que anunciarme por mi nombre?

LA BRUJA

Oh, señor, perdona este grosero saludo, pero no he visto ningún pie de caballo. ¿Dónde están vuestros dos cuernos?

MEFISTÓFELES

Por esta vez saldrás del apuro, pues es cierto que hace mucho tiempo que no nos vemos. También la cultura, que a todo el mundo barniza, se ha extendido al demonio. Ya no es posible ver al fantasma nórdico. ¿Dónde están los cuernos, la cola y las garras? Y en cuanto al pie, del que no puedo prescindir, sé que me causaría cierto perjuicio entre la gente. Por ello, como algunos hombres jóvenes, me sirvo desde hace muchos años de falsas pantorrillas.

LA BRUJA (Bailando.)

Casi pierdo el sentido y el entendimiento. He aquí de nuevo al noble señor Satán.

MEFISTÓFELES

Mujer, no vuelvas a repetir ese nombre.

LA BRUJA

¿Por qué?, ¿qué daño os hace?

MEFISTÓFELES

Hace ya tiempo que fue escrito en el libro de las fábulas, sin que por eso los hombres hayan mejorado. Están libres del Maligno, pero los males se han quedado. Llámame señor Barón; así queda mejor. Soy un caballero igual que otros. Tú no dudarás de mi sangre azul. Mira, estas son mis armas. (Hace un gesto obsceno.)

LA BRUJA (Ríe con desmesura.)

¡Ja!, ¡ja! Ese es vuestro estilo. Seguís siendo un pícaro, como lo habéis sido siempre.

MEFISTÓFELES (A FAUSTO.)

Amigo, echa cuenta de esto; este es el modo de tratar con las brujas.

LA BRUJA

Ahora, decidme, señores, qué deseáis.

MEFISTÓFELES

Un buen vaso del conocido jugo. Pero quiero que sea del más añejo. Con los años redobla su efecto.

LA BRUJA

¡Con mucho gusto! Aquí tengo una botella de la que me gusta de vez en cuando beber y que no apesta en absoluto. Os daré un vasito con gran placer. (En voz baja.) Pero si este hombre bebe sin estar preparado, sabéis que no vivirá ni una hora.

MEFISTÓFELES

Es un buen amigo y le sentará muy bien. Quiero que disfrute de lo más escogido de tus artes culinarias. Traza tu círculo, pronuncia tus ensalmos y dale una taza llena.

(LA BRUJA, con extraños gestos, traza un círculo y va depositando dentro de su contorno cosas extrañas. Entretanto, los vasos empiezan a tintinear, las marmitas a resonar y a hacer música. Finalmente trae un libro, coloca a los monos dentro del círculo. Estos le sirven de pupitre y le sostienen la antorcha. Hace un gesto a FAUSTO para que se acerque a ella.)

FAUSTO (A MEFISTÓFELES.)

No; dime ¿a qué va a dar lugar esto? Esos trucos absurdos, esos gestos locos, este engaño de mal gusto ya son bastante conocidos y odiados por mí.

MEFISTÓFELES

¡Ea, qué tontería! Esto es sólo una broma. No seas tan estricto. Como médico, ella debe hacer un ensalmo para que el jugo le salga bien. (Apremia a FAUSTO a entrar en el círculo.)

LA BRUJA (Empieza a declamar con énfasis un párrafo del libro.)

Debes entender.
Haz de uno diez
y réstale dos
e iguálalo a tres.
Serás rico así.
Quítale el cuatro.
Con cinco y seis,
te avisa la bruja,
siete y ocho harás.
Llegó ya el final:
nueve es igual a uno
y diez no es ninguno.
Esta es la tabla de multiplicar de la bruja.

FAUSTO

Me parece que esta vieja delira.

MEFISTÓFELES

Pues todavía falta mucho para que esto acabe. Sé muy bien que así suena el libro entero; he perdido mucho tiempo con él. Una contradicción perfecta es tan misteriosa para los listos como para los tontos. Amigo mío, el arte es viejo y nuevo. Con él se difundió para la posteridad el error en lugar de la verdad: con el tres y el uno y con el uno el tres. Así se charla y se enseña sin trabas. ¿Quién se ocupa de los locos? Cuando el hombre oye palabras, cree habitualmente que estas ofrecen materia para pensar.

LA BRUJA (Continúa.)

La enorme fuerza
que tiene la ciencia
queda oculta al mundo.
Pero el que no piensa
que le es brindada
la obtiene de balde.

FAUSTO

¿Qué tonterías nos está diciendo? Pronto me estallará la cabeza. Me parece estar escuchando un coro de cien mil dementes.

MEFISTÓFELES

Ya basta, ya basta, perfecta sibila. Trae la bebida y llena la copa hasta los bordes. Este jugo no le hará daño a mi amigo: es un hombre con muchos grados que otros tragos ha tenido ya que beber.

(LA BRUJA, muy ceremoniosamente, escancia la bebida en una copa; al llevársela FAUSTO a la boca, surge una tenue llama.)

¡Venga, adentro!, ¡de un trago! ¿Estás hablando de tú a tú con el diablo y te asusta el ver una llama?

(LA BRUJA rompe el círculo. FAUSTO sale.) ¡Venga afuera!, ¡no debes quedarte quieto!

LA BRUJA

Que os aproveche el trago.

MEFISTÓFELES

Si puedo hacerte algún favor, pídemelo por Walpurgis.

LA BRUJA

¡Esta es una canción! Si la cantáis de vez en cuando, notaréis ciertos efectos.

MEFISTÓFELES

Vamos, deprisa, deja que te guíe. Tienes que sudar para que te invada su fuerza por dentro y por fuera. A partir de ahora te enseñaré a apreciar el ocio noble y pronto notarás con íntimo placer cómo Cupido despierta y vuelve a saltar.

FAUSTO

Deja que me mire en el espejo. ¡Esa imagen de mujer era tan bella!

MEFISTÓFELES

¡No, no! Pronto verás en persona el modelo de toda mujer. (En voz baja.) Con esta bebida en el cuerpo verás pronto a Helena encarnada en cada una de las mujeres.