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Fausto.  Johann Wolfgang Goethe
Capítulo 4. GABINETE DE ESTUDIO
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FAUSTO

¿Llaman? ¡Adelante! ¿Quién querrá incordiarme?

MEFISTÓFELES

Soy yo.

FAUSTO

¡Adelante!

MEFISTÓFELES

Lo habrás de decir tres veces.

FAUSTO

¡Adelante, pues!

MEFISTÓFELES

Así es como me gusta que seas. Confío en que nos toleremos. Para disipar tu mal humor he venido aquí vestido de hidalgo, con traje rojo, bordado en oro, con esclavina de tersa seda, una pluma de gallo en el sombrero y una daga larga y afilada. Y ahora te recomiendo que, sin más dilación, te vistas igual para que, una vez liberado, experimentes lo que es la vida.

FAUSTO

Con cualquier traje sufriré la pena de las estrecheces de la vida terrenal. Soy demasiado viejo para limitarme a jugar y demasiado joven para morir sin deseos. ¿Qué podrá ofrecerme el mundo?

«¡Renuncia, tienes que renunciar!». He aquí el precepto que continuamente resuena en nuestro oído y que cada hora repite con ronca y acompasada voz. Por la mañana me despierto sobresaltado, y con razón podría llorar amargamente al ver que el nuevo día sigue con rapidez su camino sin dejar satisfecho ninguno de mis deseos; al ver que con su curso ahoga toda esperanza de felicidad, y que, con la ayuda de los ridículos y cómicos actos de la vida, hace desaparecer cuantas agradables creaciones buscan un albergue en mi mente. Después, al llegar la noche, me acuesto con desasosiego ni aun allí puedo descansar, e incluso me llenan de espanto pesados y horrorosos sueños. El espíritu que reina en mi interior puede conmover profundamente mi ser; no obstante, a pesar de que tiene imperio sobre todas mis fuerzas, no puede hacerlas obrar en el exterior: por eso me he convencido de que vivir es una pesada carga, por eso deseo la muerte y aborrezco la vida.

MEFISTÓFELES

Y sin embargo, en aquella noche hubo alguien que no se bebió la pócima color marrón.

FAUSTO

Parece que te gusta el fisgoneo.

MEFISTÓFELES

No soy omnisciente, pero sé muchas cosas.

FAUSTO

Aunque un dulce y conocido canto, con ecos de los buenos tiempos, me apartó del terrible abismo y despertó lo que queda en mí de sentimientos infantiles, maldigo ahora todo lo que el alma enreda con sus juegos de seducción y engaño y cómo, cegándonos y adulándonos, nos ata a esta cueva de penas. ¡Desde ahora declaro maldita la alta opinión de sí mismo con la que el espíritu se aprisiona!, ¡maldito el engaño de los sentidos que oprime nuestra alma!, ¡maldito todo aquello que nos embelece en sueños: el engaño de la fama y el renombre!, ¡maldito lo que nos halaga como posesión, como mujer y como hijo, como criado y arado!, ¡maldito Mammón cuando, prometiéndonos tesoros, nos anima a hazañas temerarias y cuando nos ofrece almohadones para nuestro ocioso placer!, ¡maldito el balsámico jugo de uvas!, ¡maldita la más refinada caricia del amor!, ¡maldita la esperanza!, ¡maldita la fe! y, sobre todo, ¡maldita la paciencia!

CORO DE LOS ESPÍRITUS (Invisible.)

¡Oh, dolor!, ¡qué gran dolor!
Con un poderoso puño,
tú has conseguido destruir,
asolar y abatir
este espléndido mundo.
Un semidiós lo asoló
y nosotros llevaremos
sus ruinas hacia la nada
y lamentaremos también
esa belleza perdida.
Dotado de gran poder,
vástago de la tierra,
vuelve tú a construirlo,
con un esplendor mayor,
edifícalo en tu pecho;
con aguda inteligencia,
has de volver a dar
un nuevo curso a la vida
y, así, nuevas canciones,
mientras tanto resonarán.

MEFISTÓFELES

Estos son mis pequeños. Escucha cómo incitan, con sabiduría, al placer y a la acción. Haciéndote salir de la soledad, donde los sentidos se atrofian y los humores dejan de fluir, quieren atraerte hacia la amplitud del mundo. Deja ya de avivar el rencor que, como un buitre, te va devorando la vida. La peor de las compañías te hace sentir que eres un hombre entre los hombres. Pero no se pretende que te sumas en el vulgo. No soy ninguno de los grandes, pero si quieres caminar junto a mí a través de la vida, con gusto estaré contigo en el acto. Soy tu compañero y, si te parece bien, seré tu servidor, tu criado.

FAUSTO

¿Y qué habré de cumplir yo a cambio?

MEFISTÓFELES

Tienes todavía un plazo largo para ello.

FAUSTO

No, no. El diablo es egoísta y no hace nada que le sea útil a otro por amor de Dios. Expón claramente cuáles son tus condiciones; un criado así pone la casa en peligro.

MEFISTÓFELES

Quiero ponerme a tu servicio aquí. Cuando des la señal, ni me detendré ni descansaré, pero cuando volvamos a encontrarnos allí, tú deberás hacer lo mismo conmigo.

FAUSTO

El futuro apenas me inquieta. Si destruyes este mundo y lo conviertes en ruinas, el otro surgirá después. Pero mis alegrías brotan de esta tierra y este sol ilumina mis dolores. Si he de separarme de ellos con antelación, entonces que ocurra lo que sea. No quiero oír nada acerca de si en el más allá se amará o se odiará y de si también en aquellas esferas hay un arriba y un abajo.

MEFISTÓFELES

En ese caso puedes arriesgarte. Únete a mí. Durante estos días verás con placer cuáles son mis artes. Te daré lo que nunca ha visto hombre alguno.

FAUSTO

¿Qué podrás darme tú, pobre diablo? ¿Alguno de los tuyos ha llegado a comprender alguna vez las altas aspiraciones del espíritu humano? ¿Qué es lo que ofreces? Alimento que no sacia; oro candente que, como el mercurio, se escapa de las manos sin descanso; un juego en el que nunca se gana; una muchacha que, abrazada a mi pecho, ya guiña el ojo y se entiende con el más cercano; el espléndido y divino placer del honor, que se desvanece como un meteoro. Muéstrame frutos que se pudran antes de nacer y árboles que verdeen de nuevo cada día.

MEFISTÓFELES

No me asusta semejante encargo; puedo, muy bien, brindarte esos tesoros. Pero, buen amigo, se acerca el tiempo en el que podremos disfrutar en plena paz de algo bueno.

FAUSTO

Si llega el día en el que pueda tumbarme ociosamente, con toda tranquilidad, me dará igual lo que sea de mí; si entonces logras engañarme con lisonjas haciendo que me agrade a mí mismo, ese será para mí mi último día. En eso consistirá mi apuesta.

MEFISTÓFELES

¡La acepto!

FAUSTO

Choquemos esos cinco. Si alguna vez digo ante un instante: «¡Deténte, eres tan bello!», puedes atarme con cadenas y con gusto me hundiré. Entonces podrán sonar las campanas a difuntos, que seré libre para servirte. El reloj se habrá parado, las agujas habrán caído y el tiempo habrá terminado para mí.

MEFISTÓFELES

Piénsatelo bien; no lo olvidaré.

FAUSTO

Tienes pleno derecho a ello. No he entrado locamente en la apuesta. Si alguna vez me siento extasiado, seré esclavo y no preguntaré si tuyo o de otro dueño.

MEFISTÓFELES

Hoy mismo, en el banquete doctoral, cumpliré mi obligación como criado. ¡Sólo una cosa! Por amor a la vida o a la muerte, te ruego que escribas unas líneas.

FAUSTO

Ah, ¿exiges algo escrito, pedante? ¿No has conocido nunca a un hombre de palabra?, ¿no es bastante que mi palabra empeñada haya dispuesto para siempre de mis días? Si este mundo que corre en todos sus torrentes no me ha detenido, ¿lo hará una promesa? Pero esta locura se ha apoderado de mi corazón, ¿quién se atreverá a liberarme de ella? ¡Afortunado aquel que lleva la fidelidad en su pecho!, ¡no hay sacrificio que le pese! Un pergamino escrito y sellado es un fantasma que espanta a todos. La palabra muere en la pluma, y el papel y la cera son los amos. ¿Qué deseas de mí, espíritu maligno? ¿Bronce, mármol, pergamino o papel? ¿He de escribir con pizarrín, buril o pluma? Te dejo libre la elección.

MEFISTÓFELES

¿Por qué exageras con tanto calor tu charlatanería? Cualquier hojita valdrá. Firmarás con una pequeña gota de tu sangre.

FAUSTO

Si te hace ilusión, te seguiré en este grotesco juego.

MEFISTÓFELES

La sangre es un humor muy especial.

FAUSTO

No temas que rompa la alianza. Lo que ahora mismo te prometo es el alcance de toda mi fuerza. Me he engrandecido tanto que ya sólo pertenezco a tu rango. El gran Espíritu me ha despreciado, ante mí se cierra la naturaleza. Se ha roto el hilo del pensamiento, hace mucho que me asquean los saberes. ¡Que las pasiones que arden dentro de mí se hundan en lo profundo de la sensualidad! ¡Que todo milagro me espere dispuesto tras un velo mágico impenetrable! ¡Lancémonos a la embriaguez del tiempo, a la sucesión de los acontecimientos! ¡Que se alternen como quieran el dolor y el placer, el logro y la desazón!: solamente sin descanso se pone el hombre en actividad.

MEFISTÓFELES

No se te impondrá ninguna medida ni se limitarán tus metas. Si te place picotear aquí y allá y atrapar algo al vuelo, tendrás aquello que te deleite. No seas estúpido y aférrate a mí.

FAUSTO

Ya oíste, no se trata sólo de gozar. Me entrego al vértigo, al placer más doloroso, al amado odio, al fastidio que reconforta. Mi pecho, que se ha liberado del ansia de saber, jamás se cerrará a ningún dolor. Quiero disfrutar dentro de mí de lo que ha disfrutado el conjunto de la humanidad. Quiero apresar con mi espíritu lo más elevado y lo más sumido en la profundidad, amontonar su ventura y su dolor en mi pecho y, de esta manera, ampliar mi yo y convertirlo en el suyo, y, al final, sucumbir como ella misma.

MEFISTÓFELES

Ah, confía en mí, que llevo mascando hace varios miles de años ese manjar de áspero sabor. No hay nadie, desde la cuna hasta la tumba, que digiera la vieja levadura. Créeme: esa totalidad sólo fue hecha para un dios. Él se encuentra en la plena y eterna luz, a nosotros nos confinó en las tinieblas y sólo a vosotros os dio el día y la noche.

FAUSTO

¡Pero yo lo quiero!

MEFISTÓFELES

¡De acuerdo!, pero hay algo que me da miedo. El tiempo es breve y el arte es largo. Diría que debieras aprender: asóciate a un poeta que se afane en encontrar ideas y en amontonar sobre tu cabeza de laureado todas las nobles cualidades: el valor del león, la rapidez del cuervo, la sangre ardiente del italiano y la tenacidad de los del norte. Déjale que encuentre el secreto de unir magnanimidad y astucia con el cálido impulso juvenil que te haga enamorar conforme a un plan. Me gustaría conocer a un ser así; le pondría por nombre microcosmos.

FAUSTO

¿Qué soy, entonces, si no me es posible alcanzar la corona de lo humano, a la que todos los sentidos tienden?

MEFISTÓFELES

Eres, al fin y al cabo, lo que eres. Aunque te pongas una peluca con miles de rizos, aunque te pongas tacones de un codo de altura, seguirás siendo lo que eres.

FAUSTO

Siento que he acumulado en vano los tesoros del espíritu humano. Y ahora que me detengo, ninguna fuerza brota de mi interior; no soy ni un pelo más alto ni me he acercado al infinito.

MEFISTÓFELES

Mi señor, ves las cosas tal como suelen verse. Hay que actuar con mayor sutileza antes de que se nos escape el gozo de la vida. ¡Qué demonios! Las manos, los pies, la cabeza y hasta el trasero son tuyos, pero ¿no es por ello menos mío todo lo que disfruto y está rebosante de vida? Si puedo permitirme pagar seis caballos, ¿no hago mías sus fuerzas y, sin dejar de ser un hombre, camino con veinticuatro patas? Así pues, cumple tus pensamientos y lánzate al mundo. Date cuenta: un tipo que especula es como un animal en una llanura yerma al que un genio maligno le hace dar vueltas en círculo mientras, a su alrededor, hay bellos prados verdes.

FAUSTO

¿Cómo empezamos?

MEFISTÓFELES

Ahora mismo nos ponemos en marcha. ¿Qué lugar de martirio es este? ¿Qué clase de vida es aburrirse y aburrir a los muchachos? Deja eso para tu vecino, el señor Wanst. ¿Por qué te empeñas en desgranar la paja? Lo mejor que podrías conocer no puedes enseñárselo a los muchachos. ¡Ahora mismo oigo a uno en el pasillo!

FAUSTO

No me es posible verlo.

MEFISTÓFELES

El pobre muchacho espera desde hace mucho tiempo; no puede marcharse desconsolado. Venga, dame la esclavina y el birrete, este disfraz me ha de sentar bien. (Se viste.) Ahora déjalo todo en manos de mi ingenio. Sólo necesito un cuarto de hora; entretanto, prepárate para nuestro bello viaje.

(Sale FAUSTO.)

(Con las largas ropas de FAUSTO.) Si desprecia la razón y la ciencia, la más potente fuerza de los hombres, y se fortalece con el espíritu del engaño con obras de ilusionismo y magia, ya lo tengo en mis manos incondicionalmente. El destino le dio un alma que avanza sin detenerse y cuyas apresuradas aspiraciones sobrepasan los gozos del mundo. Ya sabré arrastrarlo por la vida salvaje a través de lo irrelevante y lo insignificante; habrá de quedar atrapado por mí, se aferrará a mí, lo dejaré paralizado y avivaré su insaciabilidad haciendo pasar comida y bebida ante sus ansiosos labios. Suplicará alivio en vano y, aunque al diablo no se hubiera entregado, sucumbirá.

(Entra un ESTUDIANTE.)

ESTUDIANTE

Llevo aquí poco tiempo y vengo, lleno de devoción, a conocer y hablar al hombre que todos mencionan con respeto.

MEFISTÓFELES

¡Me congratulo al ver vuestra educación! Estáis ante un hombre como otro cualquiera. ¿Habéis andado ya por otros sitios?

ESTUDIANTE

Os ruego que me aceptéis entre los vuestros. Vengo con toda mi buena voluntad, una aceptable cantidad de dinero y sangre joven y sana. Mi madre no quería que me fuera, pero quiero estudiar algo de Leyes.

MEFISTÓFELES

Estáis en el lugar más adecuado.

ESTUDIANTE

La verdad es que me querría marchar ya: entre las paredes de estas aulas no consigo estar a gusto. El espacio es muy limitado. No se ve nada verde, no se ve un árbol y en esos bancos y en esas aulas noto que pierdo oído, vista y pensamiento.

MEFISTÓFELES

Sólo es cuestión de costumbre. Al principio tampoco el niño toma con mucho gusto el pecho de la madre. De igual modo, podréis disfrutar cada día más de los pechos de la ciencia.

ESTUDIANTE

Me gustaría ir colgado de su cuello, pero cómo podría llegar a alcanzarlo.

MEFISTÓFELES

Antes de seguir, decidme qué Facultad pensáis escoger.

ESTUDIANTE

Mi deseo es llegar a tener una buena erudición y saber qué hay sobre la tierra y en el cielo; es decir, comprender la ciencia y la naturaleza.

MEFISTÓFELES

Emplead bien el tiempo, pues este no deja de correr, pero el orden os enseñará a aprovecharlo. Por ello, querido amigo, os aconsejo que os inscribáis en primer lugar en el Collegium Logicum. Allí os adiestrarán bien el pensamiento, calzándolo con normas para que avance por la senda del espíritu y no persiga bagatelas vagando de un lado a otro. Entonces aprenderéis un día que lo que antes hacíais de un golpe, como el comer o el beber, ahora requiere uno, dos y tres. Cierto es que en el taller del pensamiento ocurre como en la obra maestra de un tejedor, donde un solo impulso mueve a la vez mil hilos. La lanzadera se pone en marcha, va de arriba abajo y un solo golpe da lugar a mil tramas. El filósofo que considere este asunto os demostrará que es así, porque si lo primero es así, así será lo segundo y por ello serán así lo tercero y lo cuarto. Y si lo primero y lo segundo no fueran, lo tercero y lo cuarto nunca hubieran sido. Esto lo saben los estudiantes de todos los lugares, pero jamás se han hecho tejedores. El que quiera conocer y describir algo viviente, que empiece por echar fuera el espíritu y, así, tendrá las partes en su mano. Pero entonces, por desgracia, le faltarán los lazos del espíritu. Encheiresin naturae, dice la química burlándose de sí misma.

ESTUDIANTE

No consigo entenderos plenamente.

MEFISTÓFELES

Con el tiempo os irá mejor cuando sepáis reducirlo todo y clasificarlo como corresponde.

ESTUDIANTE

Me siento tan torpe como si en mi cabeza girara una rueda de molino.

MEFISTÓFELES

Más tarde, antes de afrontar otras cosas, deberíais dedicaros a la Metafísica. Veréis cómo comprendéis con claridad lo que no cabe en cabeza humana; quepa o no quepa, siempre encontramos a nuestra disposición una brillante frase. Pero, ante todo, en este semestre, seguid el mejor orden. Oíd cinco lecciones cada día y entrad cuando suene la campana. Preparaos primero minuciosamente, estudiando muy bien los apuntes, para que volváis a ver de nuevo que no dicen nada diferente de lo que hay en el libro. Pero esforzaos en la toma de apuntes como si os los dictara el Espíritu Santo.

ESTUDIANTE

No tendréis que decírmelo dos veces. Comprendo que es algo muy útil, pues lo que se tiene en negro sobre blanco puede llevarse tranquilamente a casa.

MEFISTÓFELES

¡Pero habéis de elegir la Facultad!

ESTUDIANTE

El Derecho no acaba de gustarme.

MEFISTÓFELES

No he de ser yo quien os lo tome a mal; sé lo que ocurre con esa doctrina. La Ley y el Derecho se heredan como una enfermedad incurable, se deslizan de generación en generación y avanzan de un lugar a otro. La razón se convierte en algo absurdo, la bondad en perjuicio. Y ¡ay de ti si eres nieto! Del Derecho que nace con nosotros no se habla jamás.

ESTUDIANTE

Con eso hacéis que aumente mi aversión. Dichoso aquel al que instruís. Casi voy a estudiar Teología.

MEFISTÓFELES

No querría extraviaros, pero, en lo que toca a esa ciencia, es difícil evitar el camino errado. En ella hay mucho veneno y apenas puede distinguirse de la Medicina. Lo bueno aquí es que oigáis sólo a uno y juréis por la familia del maestro. En definitiva, ateneos a la palabra, así entraréis por la puerta segura del templo del saber.

ESTUDIANTE

Pero ha de haber concepto en la palabra.

MEFISTÓFELES

¡Bien! Pero no hay por qué angustiarse, pues allá donde faltan conceptos se encaja oportunamente la palabra. Con palabras se puede discutir acertadamente, con palabras se puede construir un sistema; se puede creer en las palabras. No hay que escatimarle ni una jota a una palabra.

ESTUDIANTE

Perdonad que os haga tantas preguntas, pero aún tengo que pediros que os sigáis esforzando por mí. ¿No podríais darme un consejo sincero sobre Medicina? Tres años es poco tiempo y, ¡Dios!, el campo es demasiado amplio; con una indicación, podemos avanzar mucho mejor.

MEFISTÓFELES (Hablando para sí.)

Estoy cansado de esta sobriedad, debo hacer nuevamente de demonio. (En voz alta.) El sentido de la Medicina es fácil de entender. Ella estudia el mundo grande y el pequeño para, finalmente, dejar que todo vaya como Dios quiera. Es cosa vana que sigáis dando vueltas y sudando tras la ciencia. Todo el mundo aprende lo que se puede aprender, pero el hombre perfecto es aquel que aprovecha su momento. Tenéis una buena constitución física y no os falta audacia; si confiáis en vos mismo, la gente confiará en vos. Aprended especialmente a dominar a las mujeres. Sus eternos y múltiples lamentos y quejas se curan solamente desde un punto y os bastará comportaros con mediana decencia para tenerlas a todas a vuestros pies. Un título debe convencerlas de que vuestro arte es superior a muchos artes. Para empezar, atreveos a hacer cosas que otro tan sólo se atrevería a rozar durante muchos años, aprended a tomarles el pulso y, con mirada audaz y fogosa, oprimidles sus estrechas caderas para ver qué bien apretado tienen el corsé.

ESTUDIANTE

Esto tiene mucha mejor pinta. Se ve el dónde y el cómo.

MEFISTÓFELES

Querido amigo, toda teoría es gris, pero es verde el áureo árbol de la vida.

ESTUDIANTE

Juraría que estoy soñando. ¿Podría molestaros de nuevo para oíros ir hasta los fundamentos de vuestra sabiduría?

MEFISTÓFELES

En lo que de mí dependa, no habrá ningún problema.

ESTUDIANTE

No puedo marcharme sin presentaros mi libro de recuerdos. ¿Me haríais el favor de escribir algo? MEFISTÓFELES (Lee.)

«Eritis sicut Deus scientes bonum et malum». (Cierra el libro con veneración y se despide.) Sólo sigue el viejo dicho y a mi tía la Serpiente, y algún día tu semejanza con Dios te causará espanto.

FAUSTO (Entrando.)

¿Adónde iremos?

MEFISTÓFELES

Iremos donde quieras. Veremos el Gran Mundo y el Pequeño. Con qué alegría y qué provecho harás este viaje.

FAUSTO

Pero, a pesar de mi larga barba, me falta la naturalidad de trato. No resultará bien el ensayo, no sabré manejarme bien por la vida. Me siento empequeñecido ante los otros, siempre estaré cohibido.

MEFISTÓFELES

Mi buen amigo, todo llegará a su debido tiempo. Tan pronto como tengas confianza, sabrás vivir.

FAUSTO

¿Nos vamos, pues, de casa? ¿Dónde están los caballos, el coche y el cochero?

MEFISTÓFELES

Basta con que extendamos las capas y ellas nos llevarán por los aires. Para dar este osado paso no debes llevar nada contigo. Un poco de aire ardiente que he preparado nos alzará del suelo. Como somos ligeros, subiremos. Te felicito por tu nueva vida.