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Fausto.  Johann Wolfgang Goethe
Capítulo 2. ANTE LA PUERTA DE LA CIUDAD
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(Salen paseantes de toda índole.)

ALGUNOS APRENDICES

¿Por qué salís?

OTROS

Porque vamos a la Hostería de los Cazadores.

LOS DE ANTES

Queremos ir paseando al molino.

UN APRENDIZ

Os aconsejo que vayáis a Wasserhof.

APRENDIZ 2.°

El camino hasta allí no es bonito.

LOS DEMÁS

Entonces, ¿qué haces tú?

APRENDIZ 3.°

Yo voy con los demás.

APRENDIZ 4.°

Vayamos hasta Burgdorf: seguro que allí encontraremos las muchachas más guapas y la mejor cerveza.

APRENDIZ 5.°

Compañero de juergas. ¿Quieres que te den una paliza por tercera vez? No quiero ir allí, me espanta ese lugar.

CRIADA

No, no, ¡yo regreso a la ciudad!

OTRAS CRIADAS

Seguro que lo encontramos junto a esos chopos.

LA ANTERIOR

Para mí no es nada seductor; él se pondrá a tu lado, él solo bailará contigo en la explanada. ¡Qué gano yo con tu suerte!

OTRA

Seguro que hoy no está solo; nos ha dicho que el del pelo rizado vendrá con él.

ESTUDIANTE

¡Caramba con los andares de esas buenas mozas! Hermano, vamos, tenemos que acompañarlas. Cerveza recia, tabaco aromático y una criada bien vestida: eso es lo que me gusta.

UNA SEÑORITA

¡Mira aquellos apuestos muchachos! Es una auténtica vergüenza. Pudiendo tener la compañía más selecta, persiguen a esas criadas.

ESTUDIANTE 2.° (Al primero.)

No tan rápido. Por allí vienen dos delicadamente arregladas. Mi vecina es una de ellas; me siento muy atraído por esa muchacha. Van con paso tranquilo, pero acabarán por alcanzarnos.

ESTUDIANTE 1.°

No, hermano, no quiero exquisiteces.. La mano que movió la escoba el sábado, te acaricia el domingo como nadie.

UN BURGUÉS

No, no me gusta el nuevo alcalde. Desde que desempeña su cargo está cada día más insolente. Y ¿qué hace por la ciudad? ¿No está cada vez peor? Hay que obedecer más que nunca y pagar más que en ningún tiempo anterior.

UN MENDIGO (Canta.)

Distinguidos señores y bellas damas
elegantes y de suave tez,
dignaos echarme una mirada,
y en vano no sonarás, organillo.
Sólo es feliz aquel que puede dar.
El día que es de fiesta para todos
es para mí un día de cosecha.

OTRO BURGUÉS

Los domingos y la fiestas no hay nada mejor que charlar de guerras y batallas, mientras que allá, en la lejana Turquía, los pueblos luchan entre sí. Uno bebe su vaso sentado junto a la ventana, ve las barcas engalanadas que van río abajo y vuelve a casa bendiciendo las épocas de paz.

TERCER BURGUÉS

Eso mismo hago yo, señor vecino, y allá pueden abrirse la cabeza y todo puede andar revuelto con tal de que en casa todo siga como siempre.

VIEJA (A las señoritas.)

¡Ay, qué elegantes!, ¡la hermosa sangre joven! ¿Quién no se fijará en vosotras? Pero no seáis tan orgullosas, ya está bien. Sabré conseguir lo que queréis.

UNA SEÑORITA

¡Vamos, Agathe! Me cuidaré mucho de que me vea la gente en compañía de esta bruja. Ella hizo que en la noche de San Andrés viera en carne y hueso a mi futuro amado.

LA OTRA

A mí me lo enseñó por un cristal. Tenía aspecto marcial iba junto a otros valientes. Mas yo miro alrededor y lo busco por todas partes sin encontrarlo.

SOLDADOS

Me gustaría ganar
fortalezas con altas
murallas y almenas,
muchachas de altiva
y despectiva alma.
Audaz es la empresa,
magnífico el premio.
Hagamos resonar
la trompeta llamando
para la destrucción
igual que para el gozo.
Esto es un asedio.
Esto es una fiesta.
Mozas y fortalezas
pronto nuestras serán.
Audaz es la empresa,
magnífico el premio,
y los bravos soldados
continúan su marcha.

(FAUSTO y WAGNER.)

FAUSTO

Los ríos y los arroyos están libres ya de hielo gracias a la dulce y vivificante mirada de la primavera. En el valle brota verde la alegría de la esperanza. El viejo invierno, en su decrepitud, se retira a los ásperos montes. Desde allí, fugitivo, manda a ráfagas, sobre las llamas que verdean, un imponente chaparrón de granizo. Pero el sol no tolera nada blanco, todo se agita en formación y crecimiento, todo quiere tomar vida llenándose de colores. Aunque faltan flores en esta zona, son suplidas por personas bien arregladas. Vuélvete a mirar desde esta altura la ciudad que está allá detrás. De la puerta oscura y hueca sale una abigarrada muchedumbre. Hoy todos gustan de tomar el sol. Celebran la Resurrección del Señor y ellos también están resucitados. Saliendo de las silenciosas habitaciones de casas bajas, despojándose de las ataduras de talleres y gremios, liberándose de la opresión de techos y fachadas, zafándose de la estrechez aplastante de las calles y habiendo culminado una velada de respetuosa piedad en la iglesia, todos van hacia la luz. ¡Mira!, mira con qué afán la gente se dispersa por campos y jardines. Mira cómo el río mueve a lo largo y a lo ancho todos esos divertidos botes y esa última lancha va alejándose cargada, a punto de zozobrar. Incluso desde los caminos de los montes llegan hasta aquí destellos del color de sus trajes. Escucho ya el tumulto de la villa, este es el auténtico cielo del pueblo. Los mayores y los pequeños proclaman alegres: aquí soy hombre, aquí puedo serlo.

WAGNER

Pasear con usted, Doctor, es un honor y es provechoso, pero no me gustaría perderme solo, pues soy enemigo de todo lo rudo. El rascado de los violines, el griterío y el caer de los bolos es un ruido odioso. Alborotan como si estuvieran poseídos por un espíritu maligno y a ese alboroto lo llaman alegría, lo llaman canto.

CAMPESINOS (Cantando y bailando bajo un tilo.)

El pastor se arrregló para el baile;
Con su chaqueta de color, pañuelo
y faja, iba soberbio y flamante.
El gentío ya estaba junto al tilo
y bailó hasta la misma locura.
¡Hurra!, ¡hurra!,
¡viva!, ¡ea!
El violín resonará.

Él avanza con rapidez y empuje.

Bailando, topa con una muchacha.
Pícaro, la golpea con un codo.
La buena moza vuelve la mirada
y dice: qué tonto eres gañán.
¡Hurra!, ¡hurra!,
¡viva!, ¡ea!
Nunca grosero serás.

Pero el corro da vueltas muy deprisa,
bailando a la derecha y a la izquierda,
y las faldas se ponen a volar.
Todos enrojecían sofocados
y descansaban sin soltar los brazos.
¡Hurra!, ¡hurra!,
¡viva!, ¡ea!
La cadera contra el codo.

Conmigo no tengas tantas confianzas.
Muchos ha habido que engañaron
y traicionaron a su prometida.
El se la llevó aparte, zalamero,
y lejos del tilo la conquistó.
¡Hurra!, ¡hurra!,
¡viva!, ¡ea!
Gritos y son del violín.

VIEJO CAMPESINO

Doctor, es muy amable por su parte no despreciarnos en un día como hoy, y es bueno que en medio de este tumulto de gente se encuentre un hombre tan sabio como usted. Tome la jarra más hermosa, que hemos llenado con bebida fresca; se la entrego y deseo que no sólo sacie su sed sino que su vida dure tantos días como gotas ella contenga.

FAUSTO

Tomo la refrescante bebida y brindo por vosotros con gratitud.

(La gente se reúne en corro a su alrededor.)

VIEJO CAMPESINO

Realmente está muy bien que aparezca usted en días de alegría, al igual que fue bueno con nosotros los días malos. A buen número de los que hay aquí los arrancó su padre a última hora de la tórrida furia de la fiebre, cuando supo ponerle coto a la epidemia. También entonces, usted, que era un hombre joven, visitaba a los enfermos en sus casas. Se sacaron muchos cadáveres, pero usted salió indemne y superó muchas pruebas duras. El que ayuda recibe la ayuda de Aquel que ayuda desde arriba.

TODOS

Brindemos por el hombre protegido que puede seguir dando ayuda.

FAUSTO

Inclinaos siempre ante el Altísimo que enseña a ayudar y envía ayuda. (Prosigue su camino con WAGNER.)

WAGNER

Qué sensación debe experimentar al ver cómo lo admira el pueblo. Feliz aquel que de sus talentos puede obtener tal beneficio. Los padres le señalan diciéndoles a sus hijos quién es usted. Todos preguntan, corren y se agolpan. El violín para de tocar y el danzante se detiene. Todos se abren respetuosos a su paso; los gorros vuelan por lo alto y falta poco para que se arrodillen, como si en lugar de usted pasara el Venerabile.

FAUSTO

Andemos un poco más hasta aquellas piedras, allí descansaremos del paseo. He estado muchas veces aquí, miditando, y me torturaba con oraciones y ayuno. Rico en esperanza y firme en fe, con llantos, suspiros, y las manos juntas e implorantes, creía que obligaba al Señor del Cielo a que acabara con aquella peste. El aplauso del pueblo me suena a burla. ¡Si pudieras leer en mi interior lo poco que padre e hijo merecíamos tales alabanzas! Mi padre era un individuo sospechoso que pensaba con visionario afán sobre la naturaleza y sus ciclos sagrados. Lo hacía con honradez, pero a su manera. Se encerraba en la cocina negra en compañía de adeptos y, después de interminables formulas, conseguía reunir los contrarios. Allí un León Rojo, uno libre y audaz, era desposado en tibio baño con el Lirio y ambos eran torturados con fuego vivo y llameante para pasar de una cámara nupcial a otra y, así, finalmente, surgía la Joven Reina en el cristal. Ahí estaba el medicamento; los pacientes morían y nadie se preguntaba quién había sido curado. Con nuestros elixires infernales hicimos por estos valles y estos montes estragos muchos peores que los de la peste. Yo mismo di a muchos el veneno y ellos se fueron marchitando, y hoy tengo que ver cómo alaban al desvergonzado criminal.

WAGNER

¿Cómo puede usted abrumarse por eso? ¿No hace suficiente un hombre honrado con ejercer concienzuda y puntualmente la profesión que se le enseñó? Si de joven admiras a tu padre, recibirás con gusto lo que él sepa; si, siendo ya un hombre, aumentas esa ciencia, tu hijo podrá alcanzar metas más altas.

FAUSTO

Oh, ¡feliz aquel que todavía tiene esperanza de emerger de este mar de confusión! Lo que se necesita no se sabe, lo que se sabe no se puede usar. Pero no llenemos de pesar esta hora de hermoso bien. Mira cómo resplandecen esas chozas a la luz ardiente del atardecer, rodeadas de hierba. El sol se aleja y cede, pero el día sobrevive, pues aquél marcha hacia otro lugar donde animará nueva vida. ¡Cómo desearía que unas alas me elevaran del suelo y pudiera acercarme a él más y más!. Entonces, en el fulgor perenne del ocaso, vería a mis pies al tranquilo mundo: encendidos los altos, serenos los valles y el arroyo de plata fluyendo en corriente dorada. Este vuelo, propio de dioses, no se vería impedido por el salvaje monte lleno de barrancos, y entonces, el mar, con sus tibias ensenadas, se abriría a mis ojos asombrados. Pero, finalmente, parece que el dios Sol se hunde, tan sólo sigue despierta el ansia. Me apresuro para beber su luz eterna. Ante mí, el día, y tras de mí, la noche; sobre mí, el cielo, y abajo, el oleaje. Es un hermoso sueño, pero él se escapa. Ah, no es tan fácil que a las alas del alma se añadan otras del cuerpo. Sin embargo, en todos es innato que su sentir se eleve y adelante, cuando, perdida en el cielo azul, la alondra gorjea su canto, cuando el águila flota sobre las escarpadas cimas plagadas de pinos, y cuando, sobre las llanuras y los mares, la grulla va en busca de su patria.

WAGNER

Yo también he tenido fantasías, pero nunca he sentido ese impulso. Los bosques y los campos hastían pronto; nunca envidiaré las alas de los pájaros. De qué manera tan distinta los placeres del espíritu nos llevan de libro a libro, de página a página. Así, las noches de invierno se hacen agradables y bellas; una vida tranquila da calor a todos los miembros. Y ¡ah!, si aciertas a desplegar un buen pergamino, el cielo entero baja hasta ti.

FAUSTO

Sólo eres consciente de un impulso. ¡Nunca aprendes el otro! Dos almas, ay, viven en mi pecho. Una quiere separarse de la otra. Una, con recio amor a la vida, se aferra al mundo sirviéndose de sus miembros prensiles; la otra se eleva con fuerza desde el polvo y va hacia los campos de los nobles antepasados. Oh, si es verdad que hay espíritus en el aire que flotan entre la tierra y el cielo, que desciendan desde la áurea neblina y que me lleven a una nueva vida llena de colores. Si tuviera un manto mágico que me transportara a tierras lejanas, sería mi mejor gala y no lo cambiaría por el manto de un rey.

WAGNER

No nombre a este conocido ejército de espíritus que, tormentoso, se despliega por la atmósfera y, desde todos los extremos del mundo, acecha al hombre con múltiples peligros. Desde el Norte se acerca el estrago de los espíritus, armado con sus lenguas puntiagudas; cuando desde Naciente estas avanzan resecas, se alimentan de tus pulmones; cuando el Mediodía te las manda desde el desierto, el ardor se acumula en tu coronilla; entonces, el Oeste trae el enjambre que, primero, refresca, pero luego agosta el campo y el prado. Gustan de escucharnos, pues están preparados para provocarnos daño; gustan de obedecer, porque les encanta engañarnos; se presentan como enviados del Cielo y cuando mienten susurran angelicalmente. Pero, ¡vámonos!, el mundo se oscurece, el aire se enfría, la niebla desciende. A la caída de la noche se empieza a apreciar el calor del hogar. ¿Por qué se para asombrado?, ¿qué atrapa su atención en la penumbra?

FAUSTO

¿Ves a ese perro negro andando por los sembrados y los rastrojos?

WAGNER

Hace rato que lo veo. No me ha llamado la atención.

FAUSTO

¡Míralo bien!, ¿qué te parece?

WAGNER

Un perro de aguas que, a su manera, sigue el rastro de su dueño.

FAUSTO

¿No notas cómo se va acercando a nosotros describiendo amplias curvas? Y, si no me equivoco, va dejando remolinos de fuego a su paso.

WAGNER

No veo más que un perro de aguas negro; quizás esté sufriendo usted una alucinación.

FAUSTO

Parece como si fuera trazando leves lazos mágicos que acabarán atando nuestros pies.

WAGNER

Yo lo veo rodearnos, inseguro y temeroso, porque en vez de su amo ve dos desconocidos.

FAUSTO

¡El círculo se estrecha, ya está cerca!

WAGNER

¿No lo ve? Ahí hay un perro, no un fantasma. Gruñe, remolonea, se echa sobre la tripa, mueve la cola. ¡Igual que todos los perros!

FAUSTO

¡Acompáñanos! ¡Ven aquí!

WAGNER

Es un animal muy gracioso: si te paras, se queda esperándote; si pierdes algo, lo va a buscar, y si se te cae el bastón, se tira al agua por él.

FAUSTO

Tienes razón, no encuentro rastro alguno de un fantasma. Todo lo que hace es fruto de su adiestramiento.

WAGNER

Incluso el sabio se siente atraído por el perro cuando está bien. Sí, él merece su favor, pues es un aventajado aprendiz de muchos estudiantes.