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Fausto.  Johann Wolfgang Goethe
ACTO 5. Offene Gegend
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(Campo abierto.)

CAMINANTE

Sí, ahí están los umbríos tilos, robustos y adultos. Y pensar que he de encontrarlos ahora, después de tan largo camino. Ahí está el viejo lugar, aquella cabaña que me cobijó cuando las olas tempestuosas me arrojaron hasta las dunas. Quisiera desear salud a mis serviciales y activos huéspedes, mas no creo que los vuelva a encontrar, pues por aquel entonces eran ya ancianos. ¡Sí eran gente de bien! ¿Golpearé la puerta o los llamaré a voces? Recibid mi saludo si con vuestra habitual hospitalidad aún disfrutáis de la dicha de procurar bienestar.

BAUCIS (Buena mujer, muy anciana.)

Apreciado forastero, no hagas ruido. Manténte en silencio, deja descansar a mi marido. Un sueño prolongado depara al anciano pronta actividad en una breve vigilia.

CAMINANTE

Di, buena mujer, ¿estás aún aquí para recibir mi agradecimiento?, ¿eres tú la misma que ayudaste junto a tu marido a un joven hace ya mucho tiempo?, ¿eres Baucis, la que diligentemente reavivaste el aliento de un moribundo? (Entra el marido.) ¿Eres tú Filemón, el que con valor consiguió arrancarle mi tesoro a las olas? Una rápida hoguera y el argentino son de vuestra esquila fueron la solución que buscasteis para aquella arriesgada aventura. Ahora, dejad que avance para ver el mar sin confines, dejad que rece, siento el pecho muy oprimido. (Avanza por las dunas.)

FILEMl1N (A BAUCIS).

Date prisa y pon la mesa en el sitio más florido de nuestro jardincito. Déjale que corra, déjale que se asombre, pues no se creerá lo que va a ver. (Se queda junto al viajero.) Mira, el mar que tan fieramente te trató, salvaje y espumante, míralo ahora cultivado como un jardín, míralo ahora convertido en un cuadro paradisiaco. Como era viejo, ya no estaba capacitado para echar una mano, y cuando mis fuerzas se desvanecieron, la ola estaba lejos también. Los audaces servidores de hábiles maestros cavaron fosas e hicieron diques, redujeron los derechos del mar para ser señores, los señores de sus dominios. Mira cómo verdea una pradera tras otra, mira la dehesa, el jardín, el pueblo y el bosque. Ven y disfruta, pues el sol se despedirá pronto. Allí en la lejanía se extienden velas que buscan en la noche un puerto seguro, y es que las aves conocen bien su nido. Así verás en lontananza la espuma azul del mar y a tu derecha y a tu izquierda un terreno densamente poblado.

(Sentados a la mesa en el jardincito.)

BAUCIS

¿Estás silencioso? ¿No llevas ningún bocado a tu boca reseca?

FILEMÓN

Tal vez quiera enterarse de cómo se obró este prodigio. Tú que con tanto placer hablas, dale cuenta de todo.

BAUCIS

Realmente aquí ha tenido lugar un prodigio, y desde que este se manifestó no he vuelto a sentir sosiego, pues todo ello no se hizo de un modo natural.

FILEMÓN

¿Pudo estar tan sumido en el pecado el Emperador que le ofreció a él las orillas? ¿No lo anunció un heraldo resoplando su trompeta al pasar por aquí? En un lugar no muy lejano de nuestras dunas se asentó: tiendas, cabañas... Y en medio del verdor erigió su palacio.

BAUCIS

De día e inútilmente sus servidores hacían mucho ruido con los azadones y las palas, golpe a golpe; allí donde revoloteaban pequeñas llamas por la noche, al día siguiente había un dique construido. Debió haber sacrificios sangrientos, pues durante la noche resonaban los gemidos de dolor. Cuando en dirección al mar corría fuego ardiente, al día siguiente había un canal. Ese hombre no teme a Dios, ambiciona nuestra cabaña y nuestro soto y aun cuando se las da de vecino, siempre hay que mostrar sumisión ante él.

FILEMÓN

Él nos ha ofrecido buena tierra en otro lugar.

BAUCIS

No te fíes del enviado del mar, manténte firme a tu altura.

FILEMÓN

Vamos a la capilla a ver los últimos rayos del sol, toquemos la campana, arrodillémonos, recemos. Encomendémonos al viejo Dios.

PALACIO

(Amplio jardín de recreo. Un gran canal, en línea recta.

FAUSTO, anciano, paseando meditabundo.)

LINCEO EL VIGÍA (Por un altavoz.)

El sol se pone, los últimos navíos arriban al puerto surcando el mar con premura. Una gran nave está a punto de llegar aquí por el canal. Los abigarrados gallardetes ondean alegres. En los enhiestos mástiles están desplegadas las velas. De ti se enorgullece el navegante, en el momento supremo te sonríe la fortuna.

(Suena la esquila en las dunas.)

FAUSTO (Enfurecido.)

¡Maldito ruido! Produce una herida vergonzante, como un tiro disparado arteramente. Ante mis ojos mi reino no tiene límites, el enojo me atormenta a mis espaldas. Con un envidioso tañido me recuerda que mis posesiones no están limpias, en esa arboleda de tilos, la choza oscura, la ruinosa ermita, no son míos. Y cuando quiero descansar allí, las sombras extrañas me estremecen. Es una espina clavada en mis ojos y en mis pies. Oh, ojalá estuviera lejos de aquí.

LINCEO (También por altavoz.)

Con qué brío navega hacia acá la nave de vivos colores, al impulso del fresco viento de la tarde. Cómo se van apilando, al tiempo que ella prosigue su rauda marcha, cofres, cajas y sacos.

(Nave magnífica, cargada de multitud de productos de tierras lejanas.)

(Entran MEFISTÓFELES y LOS TRES VIOLENTOS.)

CORO

Aquí ya arribamos.
Aquí desembarcamos.
Salve al señor.
Salve al patrón.

(Desembarcan. Las mercancías son llevadas a tierra.)

MEFISTÓFELES

Así nos hemos puesto a prueba; estaremos contentos si el patrón lo alaba. Partimos con sólo dos naves y a puerto hemos vuelto con veinte. Nuestras hazañas son puestas de manifiesto por nuestro cargamento. El libre mar presta su libertad al espíritu; ¿quién sabe allí lo que es cavilar? De la única forma que allí se prospera es con una garra rápida. Se pesca un pez, se atrapa una nave y se es pronto dueño de tres; se atrae con garfios a una cuarta y ya le empieza a ir mal a la quinta. Si se tiene fuerza, se tienen derechos. Se nos exigen fines, no buenos medios. No me hace falta saber el arte marino: la gue-ra, el comercio y la piratería son una trinidad inseparable.

LOS TRES VIOLENTOS

Ni gracias, ni saludo, ni saludo, ni gracias. Es como si le trajéramos a nuestro señor algo pestilente. Él nos pone cara de asco, no le halaga este bien regio.

MEFISTÓFELES

No esperéis recompensa alguna más. Ya tomasteis vuestra parte de botín.

LOS TRES VIOLENTOS

Esto fue sólo para no aburrirnos, todos reclamamos partes iguales.

MEFISTÓFELES

Ordenad primero arriba, en una sala y otra, todos los objetos preciosos. Y cuando él vea tanta riqueza y la valore con más detalle, no se mostrará tacaño y dará a la tripulación fiesta tras fiesta. Las aves de muchos colores llegarán mañana y yo cuidaré de ellas de la mejor de las formas. (La carga es apartada de allí. A FAUSTO.) Con frente adusta y mirada sombría recibes tu gran fortuna. La elevada sabiduría está coronada. Las orillas están en armonía con el mar. De la orilla recibe el mar complaciente a las naves prestas a una rápida travesía. Confiesa que desde aquí, desde este palacio, tu brazo abarca todo el mundo. De aquí todo surgió, aquí pusimos la primera barraca de tablas, se abrió una pequeña zanja allá donde ahora trabaja el remo diligente. Tu brillante idea y el esfuerzo de tus partidarios se hicieron merecedores del premio: el mar y la tierra. Desde aquí fue...

FAUSTO

Ese «aquí», este lugar maldito es mi gran pesar. Te lo debo decir a ti que tan capaz eres; es algo que me punza el corazón, es algo insufrible para mí. Y como te dije, me avergüenza. Los viejos de allí arriba deben marcharse, yo desearía para mí vivir a la sombra de esos tilos, esos pocos árboles que no son míos me impiden la plena posesión del mundo. Allí, para poder mirar en todos los contornos, me gustaría construir armazones de madera de rama en rama, quisiera abrirle a mi mirada un amplio campo de visión para poder ver todo cuanto hice, para de un solo golpe de vista abarcar esta obra maestra del espíritu humano que, activándose inteligentemente, ha ganado amplias tierras para que las habitara la gente. Por eso nos tortura con mucha más fuerza, en esta abundancia, aquello de lo que carecemos. El sonido de la esquila, el aroma de los tilos, me envuelven como si estuviera en una iglesia o en la tumba. El libre juego de la voluntad se quiebra en esta arena de playa. ¿Cómo conseguiré extinguir este pensamiento? Cuando suena la esquila, la ira se desata en mí.

MEFISTÓFELES

Naturalmente, es normal que ese gran disgusto te haga segregar bilis. ¿Cómo negarlo? A todo noble oído ese tintineo le parece odioso. Ese maldito resonar de campanas ensombrece el cielo claro del atardecer, se mezcla con cada acontecimiento, desde el primer baño hasta la sepultura. Es como si, entre vuelta y vuelta de campana, la vida se convirtiera en un sueño evanescente.

FAUSTO

La resistencia y la obstinación arruinan el mayor de los logros, por ello y para mi tormento he de dejar de ser justo.

MEFISTÓFELES

¿Por qué tienes que sentirte abrumado? Hace tiempo tendrías que haber llevado a cabo esa colonización.

FAUSTO

Ve entonces y apártalos de mí. Ya sabes cuál es la bella y pequeña hacienda que escogí para los ancianos.

MEFISTÓFELES

Se los saca de allí y se los transporta, antes de que nos demos cuenta, estarán repuestos. Después de haber soportado un poco de violencia, una buena mansión los desagraviará. (Lanza un silbido agudo. LOS TRES VIOLENTOS vuelven.) Venid a la llamada del señor y mañana habrá fiesta para la tripulación.

LOS TRES VIOLENTOS

El señor no nos recibió debidamente, la tripulación se merece una fiesta.

MEFISTÓFELES (A los espectadores.)

También va a ocurrir aquí, lo que sucede desde hace tiempo, pues hubo una vez un tal Nabot que tuvo una viña (Reyes, I, 21).

NOCHE PROFUNDA

LINCEO (Cantando desde su puesto de vigía en el castillo.)

Nacido para escrutar,
encargado de mirar.
Siempre ligado a la torre
y en contemplación del mundo.
Atisbo las lejanías.
Sé todo lo que está cerca.
Conozco luna y estrellas
también los bosques y ciervos.
Distingo en lo que veo
todo el encanto que tiene,
y complacido de todo
me alegro conmigo mismo.
Vosotros, felices ojos,
todo lo que habéis visto
en todas las situaciones
fue muy bello en realidad.

(Pausa)

No sólo para recrearme
estoy tan alto situado.
Un estremecimiento cruel
viene desde la oscuridad,
veo chisporrotear fuego
bajo las sombras de los tilos,
un incendio que crece y crece
atizado por la corriente
prende la mohosa cabaña.
Se comienza a gritar «auxilio»,
mas nadie atiende la llamada.
¡Ah!, ¡qué pena dan los ancianos!
Siempre tan atentos al fuego
son víctimas de la humareda.
¡Qué horrorosa situación!
La llama arde con fulgor rojo.
La cabaña está ya tiznada.
Si al menos pudieran salvarse
del infierno allí desatado.
Las lenguas de fuego se elevan.
Por entre las hojas y ramas
el ramaje chisporrotea.
Prende y cae rápidamente.
¿Por qué yo he de percibirlo?
¿Ha de ser tan larga mi vista?
La capilla se está cayendo,
la derrumba el peso del techo.
Llamas serpenteantes suben
y ya están llegando a las copas.
Se queman hasta la raíz
troncos candentes como púrpura.
(Larga pausa. Canto.)
Un regalo para los ojos
ha desaparecido hoy.

FAUSTO (En la terraza situada frente a las dunas.)

¿Qué lamentos oigo cantar? El canto y la melodía llegan aquí muy tardíos. Mi vigía se lamenta. Dentro de mí siento turbación por estos actos impacientes. Pero como el bosque de tilos fue eliminado y quedó convertido en unos horribles troncos medio carbonizados, pronto podrá ser construida una atalaya para poder mirar a la inmensidad. Así veré la nueva casa que cobijará a esa pareja que, conmovida por mi generosa reparación, disfrutará alegre de sus últimos días.

MEFISTÓFELES Y LOS TRES VIOLENTOS (Desde abajo.)

Venimos al trote largo. ¡Perdonad!, pero no nos ha ido bien. Golpeamos en la puerta, pero nadie nos abría. La empujamos, la sacudimos y la carcomida puerta se vino abajo. Llamamos a voces, proferimos serias amenazas, pero no encontramos acogida alguna. Como ocurre en estos casos, ni nos escucharon, ni quisieron hacerlo. Nosotros no hemos titubeado y te hemos librado de ellos. La pareja no ha sufrido mucho, ante la agitación cayeron exánimes. Un extranjero que estaba allí oculto y pretendió resistirse con la espada quedó tendido. Unas ascuas que en poco tiempo se esparcieron aventadas por la encarnizada lucha prendieron la paja. Ahora todo arde libremente como un montón de leña para ellos tres.

FAUSTO

¿Fuisteis sordos a mis palabras? Yo quería una permuta, no un expolio. Maldigo vuestra acción salvaje y loca y compartiréis vuestra culpa.

CORO

Hay un dicho, un viejo dicho: obedece diligentemente al poder. Y si eres valiente y tenaz, arriesga tu casa, tu hacienda y a ti mismo

(Se van.)

FAUSTO (En el balcón.)

Las estrellas y su fulgor se ocultan, el fuego decrece y sus llamas son pequeñas. Sopla un viento que me causa escalofrío; el humo y la niebla se ciernen sobre mí. Fue una orden muy precipitada, que fue cumplida con mayor precipitación aún. ¿Qué es lo que se mueve en el aire con ese aspecto fantasmal?

MEDIANOCHE

(Cuatro mujeres canosas.)

LA PRIMERA

Mi nombre es Escasez.

LA SEGUNDA

Mi nombre es Culpa.

LA TERCERA

Mi nombre es Inquietud.

LA CUARTA

Mi nombre es Necesidad.

LAS TRES (Menos la INQUIETUD.)

La puerta está cerrada, no podemos entrar. Ahí vive un rico y no se nos deja paso.

INQUIETUD

Yo me convertiré en una sombra.

CULPA

Yo me extinguiré.

NECESIDAD

De mí apartan la vista, pues sólo la tienen acostumbrada a lo bueno.

INQUIETUD

Hermanas, ni podéis ni debéis entrar. La inquietud se deslizará por la cerradura.

(La INQUIETUD desaparece.)

ESCASEZ

Hermanas canosas, marchaos de aquí.

CULPA

Iré detrás de ti, mas muy cerca.

NECESIDAD

Pisándote los talones te seguirá la Necesidad.

LAS TRES

Las nubes se disipan, las estrellas se extinguen. Allá atrás, allá atrás, desde la lejanía, desde la lejanía, de ahí viene nuestra hermana, la Muerte.

FAUSTO (En el palacio.)

Vi venir a cuatro, sólo tres se fueron. No entendí el sentido de sus palabras. Sonó algo parecido a «necesidad» o tal vez a «muerte». Era un sonido hueco, fantasmal y vaporoso. Todavía no me he abierto paso hasta mi liberación. Si pudiera quitar de mi paso toda la magia y olvidar todos los ensalmos, ante ti, Naturaleza, sólo habría un hombre, entonces merecería la pena ser un hombre.

Eso es lo que era, antes de buscar en la oscuridad y condenar a la maldición, con palabras sacrílegas, a mí y al mundo. Ahora el aire está tan lleno de esos fantasmas que no se sabe cómo evitarlos. Aun en los días en que el cielo despejado me sonríe, la noche me enreda en una madeja de lúgubres sueños. Vuelvo de la pradera recientemente reverdecida y grazna un pájaro. ¿Qué nos anuncian sus graznidos? Infortunio. Tarde o temprano, enredado por la superstición, todo se convierte en sucesos significativos, todo son avisos, todo son presagios, y así atemorizado, estoy solo. La puerta rechina, pero nadie entra. (Atemorizado.) ¿Hay alguien ahí?

INQUIETUD

Esa pregunta reclama un sí.

FAUSTO

¿Quién eres tú?

INQUIETUD

Yo ya estoy aquí.

FAUSTO

¡Aléjate!

INQUIETUD

Estoy en el lugar que me corresponde.

FAUSTO (Hablando para sí, primero colérico, luego apaciguado.)

Andate con cuidado y no hagas conjuros.

INQUIETUD

Aunque ningún oído me escuche, tengo eco en los corazones y en ellos retumbaría. Con una figura transformada, ejerzo sobre ellos mi violencia. En los caminos de la tierra y sobre las olas del mar, me convierto en el horrible compañero que, aunque nunca se busca, siempre se encuentra y soy tan adulado como imprecado y maldito. ¿Nunca conociste la inquietud?

FAUSTO

Solo he recorrido el mundo y adquirí el placer por los cabellos; soltaba lo que no me satisfacía y dejaba correr aquello que no podía alcanzar. No he hecho otra cosa que tener deseos y realizarlos, para luego volver a desear, y así, poderoso, pasé mi tumultuosa vida; pero ahora procuro que esta discurra con sabiduría y prudencia. Ya el orbe me resulta suficientemente conocido. La visión del más allá nos está vedada. Es un insensato aquel que dirige allí la mirada deslumbrándose e imagina que su igual está allí entre las nubes. Que permanezca firme y mire sólo en derredor. Este mundo para el hombre inteligente no es mudo. ¿Para qué necesita él andar errante por la eternidad? Aquello que reconozca se dejará aprehender. ¡Que prosiga así su camino durante la jornada de la vida! ¡Que continúe su marcha, aunque los espíritus se ciernan fantasmales! ¡Que en su avance él, descontento en todos los instantes, se tope con el sufrimiento y la fortuna!

INQUIETUD

A aquel que está en mi poder, el mundo no le sirve de nada. Una eterna oscuridad se cierne sobre él. El sol, para él, ni saldrá ni se pondrá, aunque sus sonidos externos estén en plenas facultades; las tinieblas habitarán en su interior. No podrá apoderarse de ningún tesoro. Tanto la fortuna como el infortunio lo turbarán, pasará hambre en la abundancia, tanto el placer como el pesar los remitirá al mañana, y así nunca estará satisfecho.

FAUSTO

¡Basta ya! De esta manera no podrás atraparme. No quiero escuchar esas incongruencias. ¡Vete! Esa nefasta letanía podría aturdir al más capaz de entre los hombres.

INQUIETUD

¿Debe ir? ¿Debe venir? Se ha hecho un irresoluto. Por un camino trillado anda a tientas y vacilante. Se va perdiendo y hundiendo cada vez más, las cosas las ve más y más complicadas, acaba por hacerse odioso para sí mismo y para los demás, respirando se ahoga, no está ahogado, pero está privado de vida; no está desesperado, pero tampoco se resigna. Es un imparable rodar, una dolorosa renuncia, un deber que repugna, mitad liberador, mitad opresivo, un sueño a medias, un mal descanso. Colocadlo en su sitio y preparadlo para el infierno.

FAUSTO

¡Fantasmas nefastos!, así tratáis mil veces al género humano. Incluso los días indiferentes los transformáis en un horrible revoltijo de cuitas encadenadas. Yo sé bien que uno se libra difícilmente de los tormentos. La estrecha ligadura de lo espiritual no se puede cortar. Pero yo no reconoceré tu poder, Inquietud, que te vas engrandeciendo.

INQUIETUD

Fíjate con qué rápidez me alejo de ti maldiciéndote. A lo largo de la vida los hombres están ciegos, ahora, Fausto vas a estarlo tú. (Le sopla en el rostro.)

FAUSTO (Cegado.)

La noche parece hacerse cada vez más oscura, pero en mi interior brilla una clara luz. Me apresuro a realizar aquello que imaginé. La palabra del señor es la única que tiene autoridad. Servidores, poneos en pie, salid del lecho uno por uno. Haced que pueda ver lo que audazmente concebí. Empuñad las herramientas, dad labor a vuestras palas y azadones. Lo propuesto debe ser cumplido de inmediato. Un orden estricto y una rápida actividad procuran la mejor de las recompensas. Para que la obra más grande de todas se realice, un solo ingenio les basta a mil manos.

GRAN PATIO DELANTE DEL PALACIO

(Iluminado con antorchas.)

MEFISTÓFELES (Como capataz, al frente de todos.)

Venid, venid aquí bamboleantes lémures, seres incompletos, seres formados por ligamentos, tendones y huesos.

LÉMURES (A coro.)

Nos ponemos de inmediato a tus órdenes y por lo que creemos entender, hemos de recibir en posesión unas amplias tierras. Ahí están las puntiagudas estacas, la larga para medir. Hemos olvidado el motivo por el que nos llamaron.

MEFISTÓFELES

No se trata de hacer ninguna obra de arte. Proceded según os permita vuestra naturaleza. Que el más alto de vosotros se tienda tan largo como sea y los otros despejad de hierba sus alrededores. Como lo hicieron para nuestros padres, haced un hoyo en forma de cuadrado alargado. Del palacio hasta esta estrecha morada, ved el desenlace tan estúpido que tiene todo.

LÉMURES (Cavando con gestos irónicos.)

Cuando era joven y vivía y amaba, me parecía que todo era dulce, allí donde sonaba alegre la música y había jolgorio, mis pies se empezaban a mover. Pero ahora, la edad tramposa me hirió con su muleta y me he golpeado contra la puerta de la tumba; por qué estaría abierta ahora.

FAUSTO (Saliendo del palacio, palpando a tientas el quicio de la puerta).

Cómo me agrada el ruido de los azadones. Es la multitud que trabaja a mi servicio, que reconcilia a la tierra consigo misma, que le pone límites a las olas y que retiene al mar con una sólida atadura.

MEFISTÓFELES (Aparte.)

Tan sólo has trabajado para nosotros con tus diques y malecones, pues le estás preparando a Neptuno, el demonio de las aguas, un banquete. De todas maneras estáis perdidos. Los elementos están confabulados con nosotros y todo corre hacia su perdición.

FAUSTO

¡Capataz!

MEFISTÓFELES

Aquí estoy.

FAUSTO

Reúne una multitud de obreros tan grande como sea posible, aliéntalos con ganancias y rigor, págales, atráelos, exprímelos. Cada día quiero tener noticias de cómo avanza la ya emprendida obra del foso.

MEFISTÓFELES (A media voz.)

Si mis noticias no son inexactas, no se me habló de un foso, sino de una fosa.

FAUSTO

Ahora se extiende hasta el pie de la montaña una ciénaga que apesta todo lo que ya se ha conseguido. Cuando desagüemos esa charca pestilente, habremos alcanzado el más alto logro. Abro espacios a millones de hombres, espacios en los que tal vez no estén seguros, pero sí podrán estar activos y libres. La campiña es verde y fértil, los hombres y los rebaños se han aposentado en esta novísima tierra junto a la parte más sólida de esta colina levantada por un pueblo audaz y laborioso. Aquí en el interior hay un paraje paradisiaco, si allá afuera sube rauda la marea hasta el borde y con sus dentelladas violentas hace un boquete en el dique, se apresurarán a cerrarlo. Vivo entregado a esta idea, es la culminación de la sabiduría: sólo merece la vida y la libertad aquel que tiene que conquistarlas todos los días. Y así, rodeados de peligros, el niño, el adulto y el anciano viven provechosamente sus años. Quiero ver una multitud así, vivir en una tierra libre con un pueblo libre. Entonces podría decir a este instante: «Detente, eres tan bello». Así la huella de mis días no se perderá en los eones. En el presentimiento de esta gran alegría, disfruto, ahora, del instante supremo.

(FAUSTO cae de espaldas. LOS LÉMURES lo toman y lo colocan en el suelo.)

MEFISTÓFELES

No le sacia ningún placer, no le contenta ninguna felicidad, va sin cesar en busca de formas cambiantes. El pobre quiere apresar ese último, ese mísero, ese vano momento. El que tanto se me opuso ha sido vencido por el tiempo. El viejo yace en la arena. El reloj se ha parado.

CORO

Se ha parado. Está callado como la medianoche.

La ajorca cae.

MEFISTÓFELES

Cae. Todo está consumado.

CORO

Se ha acabado.

MEFISTÓFELES

¡Acabado!, ¡qué estúpida palabra! ¿Por qué acabado? Lo acabado y la pura nada son exactamente lo mismo. ¿Para qué nos sirve el eterno crear? Para que lo creado se disipe en la nada. ¿Qué se puede decir de algo si se ha acabado? Que es como si no hubiera existido y sin embargo circulara como si existiese. En lugar de ello, preferiría el vacío eterno.

SEPULTURA

LÉMUR (Solo.)

¿Quién construyó tan mal esta casa con palas y con azadones?

LOS LÉMURES (A coro.)

Para ti, enmohecido huésped con vestimenta de cáñamo, es incluso demasiado buena.

LÉMUR (Solo.)

¿Quién cuidó tan mal esta sala? ¿Dónde están la mesa y las sillas?

LOS LÉMURES

Las habían prestado por poco tiempo. Hay tantos acreedores...

MEFISTÓFELES

El cuerpo yace y si el espíritu quiere huir, le enseñaré el pacto escrito en sangre. Pero desgraciadamente hay tantos medios de robarle las almas al diablo. Por la vieja senda tropezábamos, por la nueva tampoco somos bienvenidos. En otro tiempo yo hubiera hecho esto solo, hoy tengo que recurrir a la ayuda de otros. Todo nos va mal. Costumbres tradicionales, antiguo derecho, ya no se puede confiar en nada. Antes el alma volaba con el último suspiro, yo me ponía al acecho y, ¡zas!, igual que hace el gato con el más ágil ratón, la tenía bien apresada en mis garras. Ahora vacila y se resiste a abandonar el oscuro lugar, la repugnante morada que es el horrible cadáver. Hasta que al final los elementos, que la odian, la arrojan humillantemente de allí. Y aunque yo me pregunto durante horas y durante días «¿Cuándo?», «¿Cómo?» y «¿Dónde?», lo lamentable es que la vieja muerte ha perdido su rápido poder. Incluso es dudoso, por mucho tiempo, si se está muerto o no. A menudo vi rígidos miembros y sólo era una apariencia, se movían, se reanimaban. (Haciendo fantásticos ademanes de conjuro, como si fuera un gastador.) Vamos pronto, redoblad el paso, vosotros los de los cuernos rectos y vosotros los de los cuernos retorcidos, diablos de antigua alcurnia, con vosotros traéis las fauces mismas del infierno. Es cierto que el infierno tiene muchas, muchas fauces, y engulle según conviene a la condición y dignidad de cada cual, pero en el último juego y, de aquí en adelante, no nos andaremos con tantos remilgos.

(A la izquierda se abre la horrible boca del infierno.)

Los dientes puntiagudos rechinan, del abovedado abismo brota iracunda una tormenta de fuego, y en la hirviente humareda del fondo veo la ciudad de las llamas en perpetua incandescencia. El rojo incendio se precipita llegando hasta los dientes; algunos condenados, esperando la salvación, llegan a nado, pero la hiena los tritura colosalmente, y angustiosamente recorren de nuevo la ardiente vía. En los rincones queda aún por descubrir muchos horrores en un reducido espacio. Hacéis muy bien en aterrar a los pecadores, pues ellos tienen eso por mentira, engaño y sueño. (A los diablos gordinflones de cuernos cortos y rectos.) Gañanes ventrudos de carrillos ardientes, estáis enardecidos y bien alimentados por el azufre del infierno y tenéis el cuello corto e inmóvil como un leño. Mirad aquí abajo, por si veis arder fósforo: esta es la pequeña alma, psique con sus alas, si la priváis de ellas, queda convertida en un mísero gusano; quisiera imponerle mi sello, lleváosla al torbellino de fuego. Vigilad las regiones inferiores, cueros de vino, esa será vuestra misión. No se sabe bien si le gustará vivir allí. Le gustó asentarse en el ombligo, tened cuidado no se os vaya a escapar por allí. (A los diablos flacos de cuernos retorcidos.) Vosotros, atolondrados y grotescos gastadores, ensayad constantemente asiendo el aire. Mantened los brazos abiertos y enseñad vuestras afiladas garras, para que podáis apresar a la voladora fugitiva. Seguro que se siente mal en su antigua morada y el genio quiere subir en seguida.

(UNA GLORIA baja desde la derecha.)

MILICIA CELESTE

Seguid, enviados,
criaturas del Cielo,
vuestro vuelo plácido
para salvar almas
y avivar el polvo.
Ese amable vuelo,
el noble flotar,
va dejando huella
por la Creación.

MEFISTÓFELES

Oigo sonidos discordantes, una cantinela desagradable, viene de arriba, junto con una intempestiva claridad diurna; son una mezcla de muchachas y jovenzuelos que resulta muy agradable al gusto santurrón. Sabéis que, en horas de profunda impiedad, planeamos la aniquilación del género humano, lo más miserable que hemos urdido se acomoda a su devoción. Ahí llegan con toda hipocresía esos muchachuelos. Así nos han arrebatado a alguno, luchan contra nosotros con nuestras propias armas. Ellos también son diablos, pero enmascarados. Perder este envite sería una vergüenza eterna. Rodead la tumba y manteneos firmes en sus bordes.

CORO DE ÁNGELES (Lanzando rosas.)

Rosas deslumbrantes
de aroma balsámico,
mientras vais flotando
dais secreta vida,
con tallos por alas
y hermosos capullos.
¡Floreced al fin!

MEFISTÓFELES (A los demonios.)

¿Por qué os inclináis y os encogéis? ¿Es esa la costumbre del infierno? Manteneos firmes aunque dejen caer rosas. Cada cantárida a su capullo. Tal vez creen que apagarán el ardor de los diablos con ese derroche floral. Vuestro hálito las marchitará y ajará. Soplad ahora, sopladores. Basta, basta. Ante vuestras exhalaciones palidece todo el cortejo. No seáis tan violentos, tapaos la boca y la nariz. Habéis soplado demasiado fuerte, no conocéis la justa medida. Eso no sólo se ha arrugado, se tuesta, se deseca, prende. Ya flota despidiendo luminosas y envenenadas llamas. Hacedles frente, apretaos con fuerza todos unidos. La fuerza se va. Los diablos se dejan embriagar por extraños perfumes lisonjeros.

CORO DE ÁNGELES

Gloriosas flores,
llamas gozosas,
cread amor,
dadnos placer.
Corazón, ábrete,
veraz palabra,
claridad del éter,
magno el ejército,
por siempre día.

MEFISTÓFELES

¡Que caiga la maldición y la vergüenza sobre esos imbéciles! ¡Los diablos están cabeza abajo, los gordos caen rodando y se precipitan a reculones en el infierno!

Que os aproveche el merecido baño caliente que os vais a dar, pero yo permaneceré en mi puesto. (Revolviéndose contra la lluvia de rosas.) ¡Atrás, fuegos fatuos! Tú, por muy vivo que brilles, una vez que se te atrapa no eres más que un fango viscoso. ¿Por qué revoloteas así? ¿Quieres marcharte? Esto se pega a mi nuca como si fuera pez o azufre.

CORO DE ÁNGELES

Lo que no os pertenece
lo tenéis que evitar.
Lo que os dé turbación
no lo habréis de sufrir.
Si penetra violento,
hemos de tener fuerza.
El amor deja entrar
solamente a quien ama.

MEFISTÓFELES

Me arde la cabeza, en el corazón y en el hígado ha prendido un elemento más poderoso que el diabólico, mucho más vivo que el fuego infernal. Por eso os lamentáis tanto, amantes desairados que, con el cuello torcido, buscáis a la mujer amada. Algo así me está pasando. ¿Qué me obliga a mirar a ese lado al que tengo juradas mis hostilidades? Esta visión me hería agudamente. ¿Se ha apoderado completamente de mí algo extraño? Me gusta ver a esos muchachos encantadores. ¿Qué es lo que me retiene, qué me impide huir?... Y si yo me dejo embaucar, ¿quién no será loco a partir de ahora? Esos muchachos de las nubes a quienes odio, me parecen ahora deliciosos. Bellos niños, contadme: ¿no sois de la estirpe de Lucifer? Sois muy bellos, la verdad es que me gustaría besaros, parece como si llegarais en el momento justo. Resulta todo tan agradable y tan natural como si lo hubiera visto ya mil veces, es todo como una caricia al sedoso pelaje de un gato. Cada vez que os miro os veo más bellos, acercaos, concededme tan solo una mirada.

LOS ÁNGELES

Estamos aquí, ¿por qué retrocedes? Nos acercamos a ti. Permanece, si puedes, en tu sitio. (Los ÁNGELES se extienden dominando todo el espacio.)

MEFISTÓFELES (Que ha sido repelido hasta el proscenio.)

Nos tacháis de espíritus réprobos cuando vosotros sois los auténticos brujos, pues seducís al hombre y la mujer. ¡Qué maldita aventura! ¿Es este el elemento del amor? Todo mi cuerpo está tan enardecido que apenas siento que me arde la nuca. Vais oscilando de aquí para allá, bajad, moved vuestros nobles miembros de un modo más mundano. Sin duda, la seriedad os sienta muy bien, pero me gustaría veros sonreír, sería para mí un placer eterno. Me gustaría una sonrisa como la de un enamorado, con un ligero pliegue en la boca. Tú, el más crecido, eres el que más me gusta, esas maneras clericales no te van nada bien, mírame de un modo algo más lascivo. También podríais ir distinguidamente desnudos. Ese largo manto es excesivamente casto. Ahora se vuelven para dejarse ver por detrás. Esos pícaros son muy apetitosos.

LOS ÁNGELES

Id hacia la claridad
muy amorosas llamas,
a los que se condenan
los salva la verdad.
Así podrán del mal
alegres liberarse
y así todos unidos
ser bienaventurados.

MEFISTÓFELES

¿Qué me pasa? Como a Job, se me hacen llagas en las llagas. Soy como aquel que se horrorizaba de sí mismo y al mismo tiempo triunfaba cuando miraba a fondo, cuando tenía confianza en sí mismo y su linaje; se ha salvado la parte noble del diablo. El fantasma del amor se adueña de la piel. Ya se han extinguido las ominosas llamas y, como es propio de mí, os maldigo a todos juntos.

CORO DE ÁNGELES

Sois llamas sagradas.
A quien rodeáis
se empieza a sentir
bien con los más buenos.
Uníos, pues, todos.
Proclamad, alzaos.
El aire es hoy puro,
inhalad Espíritu.

(Se elevan llevándose la parte inmortal de FAUSTO.)

MEFISTÓFELES (Mirando en derredor.)

Pero... ¿cómo? ¿Adónde se han ido? Grupo de adolescentes, me has sorprendido, has huido al Cielo llevándote el botín, por eso bajaron al foso. He perdido un tesoro único; la noble alma que se me dio en prenda me ha sido sustraída en una distracción. ¿A quién podré apelar? ¿Quién me restituirá lo que me corresponde? Has sido engañado en los días de tu vejez, te lo has merecido, te irá rematadamente mal. Me he comportado vergonzosamente. He hecho un gran dispendio, ¡qué indignidad! Un placer vulgar, un deseo absurdo alteró al baqueteado diablo. Si el listo y experimentado diablo se ha entretenido con esta tonta locura, no es pequeña la estupidez que al fin se ha apoderado de él.

BARRANCOS

(Bosque, roca, soledad.)

(Santos anacoretas diseminados por la montaña

y acampados en las gargantas.)

CORO Y ECO

El bosque flota acercándose,
se siente el peso de las rocas,
las raíces se hunden en la tierra,
los troncos están agolpándose,
ola tras ola rompe aquí.
Somos protegidos por las grutas.
Los leones andan a tientas,
amistosos pasan de largo.
Respetar el lugar sagrado,
santo cobijo del amor.

PATER ECSTATICUS(Flota subiendo y bajando.)

Eterno fuego de delicias,
fervoroso lazo de amor,
hirviente dolor en el pecho,
espumoso placer divino.
Flechas, atravesadme al fin.
Lanzas, haceos dueñas de mí.
Mazas, tenéis que desmembrarme.
Rayos, caed con toda furia.
Que todo lo vano se extinga,
así como todo lo efímero.
Que luzca la estrella perenne,
núcleo profundo del amor.

PATER PROFUNDUS (Región baja.)

Al igual que este barranco a mis pies
descansa sobre un abismo profundo,
mil arroyos corren brillantes
al precipicio del torrente.
Con vigor, por su propio impulso,
el tronco se yergue en el aire:
este es el poderoso amor
que todo lo alienta y lo forma.
Un zumbido horrible resuena,
como si bosque y suelo temblaran,
con todo, cae con un suave rumor
el caudal del arroyo en la garganta;
regar el valle será su misión.
El rayo ardiente se precipita
para que la atmósfera se despeje,
pues hay vapores tóxicos en ella.
Son mensajeros de amor y nos anuncian
lo que, rodeándonos, siempre actúa.
Quisiera que mi pecho se encendiera,
donde el espíritu confuso y frío
se atormenta, apresado en los sentidos
con estricta cadena de dolor.
Oh, Dios, apaga mis tribulaciones,
inunda ya de luz mi corazón

PATER SERAPHICUS (Región intermedia.)

¡Flota una nubecilla matinal
sobre la cabellera del abeto!
¿Presiento lo que vive en mi interior?
Es un coro de jóvenes espíritus.

CORO DE NIÑOS BIENAVENTURADOS

Padre, dinos adónde vamos,
dinos, gran bondad, quiénes somos.
Nosotros estamos felices,
nuestra existencia es agradable.

PATER SERAPHICUS

Niños nacidos a medianoche,
de alma y sentidos semiabiertos.
Pronto os perdieron vuestros padres
para ganancia angelical.
Presentís a quien os da amor,
por eso, acercaos aquí.
Mas de los caminos terrenos
nada sabéis, afortunados.
Descended, pues, hasta mis ojos,
órgano terrestre y mundano.
Servíos, sin problema, de ellos.
y contemplad este paisaje.

(Va acogiendo a los niños en su interior.)

Esto son flores, eso árboles.
Un torrente se precipita
y con un poderoso salto
acorta la escarpada senda.

NIÑOS BIENAVENTURADOS (Desde dentro.)

Es un paraje imponente,
mas también tenebroso;
nos da miedo y horror,
déjanos salir, Padre.

PATER SERAPHICUS

Subid a esferas más altas,
creced y no daos cuenta,
y así de un modo puro,
Dios os dará la fuerza.
Pues así se alimentan
en el éter las almas:
revelando el amor
que da la salvación.

CORO DE NIÑOS BIENAVENTURADOS (Girando alrededor de las cumbres más elevadas.)

Enlacemos las manos
en un alegre corro;
moveos y cantad
con sacros sentimientos.
Así aleccionados
podréis ya confiar.
Si a Él adoráis,
lo podréis ver al fin.

ÁNGELES (Flotando en una atmósfera más alta y llevándose la parte inmortal de FAUSTO.)

Está salvada la parte más noble,
el espíritu está libre del mal.
«Quien siempre desea, aspira y lucha,
merece recibir la salvación.»
Y si el buen amor desde las alturas
toma además partido por su casa,
el coro de los bienaventurados,
acogedor, lo recibe en su seno.

LOS ÁNGELES JÓVENES

Estas rosas que trajeron las manos
de unas penitentes llenas de amor,
nos ayudaron en nuestra victoria
y a completar la sagrada labor
de ganar el tesoro que es esta alma.
Se apartó el Maligno al esparcirlas,
los demonios huyeron al tocarlas.
En lugar de las penas infernales,
sufrieron los tormentos del amor;
incluso el viejo y experto Satán
sintió profundo e intenso dolor.
¡Alegraos!, lo hemos conseguido.

UNOS ÁNGELES MÁS PERFECTOS

Nos queda un residuo terreno,
y cargamos con él con pena,
y como si fuera de asbesto
dentro de él no hay pureza.
Cuando el poderoso espíritu
absorbió los elementos
y los hizo parte suya,
ningún ángel pudo nunca
escindir su doble ser.
Sólo el gran y eterno Amor
llegará a separarlo.

LOS ÁNGELES JÓVENES

Al igual que esa niebla
que rodea las peñas,
caen cual suave lluvia
gran cantidad de espíritus.
Las nubecillas se abren,
veo en movimiento
a bienaventurados,
libres ya de la tierra.
Reunidos en círculo
están ya disfrutando
de la flor y belleza
del mundo superior.
Que para empezar bien
y también mejorar
se una él a este grupo.

LOS NIÑOS BIENAVENTURADOS

Llenos de gran alegría
tomamos esta crisálida,
y así al fin obtenemos
una prenda angelical.
Quitadle los ropajes
vulgares que lo visten.
La santidad engrandece
y embellece su ser.

DOCTOR MARIANUS (Desde la celda más elevada y pura.)

La vista es aquí libre,
se ennoblece el espíritu.
Allí pasan mujeres
que a las alturas flotan.
En medio, la magnífica
Soberana del Cielo,
de estrellas coronada,
nos muestra su esplendor.

(Extasiado.)

Suprema reina del mundo,
déjame ver el azul
desplegado pabellón
del Cielo y tus misterios.
Aviva las aspiraciones
que ennoblecen al hombre,
pues las eleva a ti
con aliento amoroso.

Somos insuperables
cuando tú nos animas;
se aplaca nuestro ardor
cuando tú lo mitigas.
Virgen pura y santísima,
Madre muy venerable,
eres reina entre todas
y similar a dioses.

A su alrededor
hay pequeñas nubes,
son las penitentes,
un afable grupo
que ante tus rodillas
está aspirando éter
e implora piedad.

Para ti, la Inviolable,
no es una prohibición
dar tu misericordia
a los ya seducidos.

Los caídos en la flaqueza
son difíciles de salvar.
¿Quién puede romper las cadenas
que pone la concupiscencia?
¿Quién evitará escurrir
por un suelo resbaladizo?
¿A quién no aturde una mirada
un saludo, una caricia?

(La MATER GLORIOSA avanza flotando.)

CORO DE PENITENTES

Te elevas a las alturas
de los reinos infinitos,
atiende ya nuestras súplicas,
Tú, mujer inigualable,
siempre presta a la piedad.

MAGNA PECCATRIX(San Lucas, 7, 36.)

Por el amor que hizo correr
lágrimas por los pies de tu Hijo,
aliviándolos como un bálsamo
a pesar de los fariseos.
Por el frasco que generoso
su perfume dejó caer.
Por los cabellos que, sedosos,
enjugaron los santos miembros.

MULIER SAMARITANA (San Juan, 4.)

Por el pozo al que en otros tiempos
Abraham llevó sus rebaños.
Por el cántaro que rozaron
los labios del gran Salvador.
Por el prístino manantial
que se desborda caudaloso,
eternamente claro y limpio,
a través de todos los mundos.

MARíA AEGYPTIACA (Acta Sanctorum.)

Por el consagrado lugar
donde el Señor fue sepultado.
Por el brazo que ante la puerta
me indicó que me detuviera.
Por cuarenta años que pasé
de penitencia en el desierto.
Por la sagrada despedida
que dejé escrita en la arena.

LAS TRES

Tú, que no niegas cercanía
a las más grandes pecadoras
y que en los Cielos engrandeces
al que sincero se arrepiente.
Concede a esta noble alma
que se abandonó una vez
sin sospechar que se perdía
el perdón que se ha merecido.

UNA POENITENTIUM (Antes llamada Margarita, uniéndose a las otras).

Vuélvete, por favor,
Tú, inigualable,
Tú, siempre radiante,
vuelve tu rostro para mi fortuna.
Aquel al que amé,
ya despreocupado,
vuelve a mí de nuevo.

NIÑOS BIENAVENTURADOS (Acercándose haciendo círculos.)

Él ya nos aventaja
por sus potentes miembros.
Nos recompensará
por nuestra compañía.
Pronto nos apartamos
de los coros vitales,
mas este sí que sabe
y nos enseñará.

UNA POENITENTIUM (Antes llamada Margarita.)

Rodeado de estos nobles espíritus
apenas se reconoce a sí mismo;
no presiente aún su nueva vida,
ya se parece mucho a ese coro.
¡Cómo se despoja de lo terreno!
Se desprende de la vieja envoltura.
Con su nueva vestidura etérea
recupera su noble juventud.
Permite que yo sea su instructora.
Todavía están cegados sus ojos.

MATER GLORIOSA

Ven, elévate a mis esferas.
Te seguirá al presentirte.

DOCTOR MARIANUS (Adorando postrado.)

Alzad los ojos al Salvador,
tiernas almas, en arrepentimiento,
para así poder al fin transformaros
y sentir eterno agradecimiento.
Que los más nobles propósitos ya
se pongan para siempre a tu servicio.
Virgen, Madre, Suprema Soberana,
¡oh, Diosa!, Concédenos tu piedad.

CHORUS MYSTICUS

Todo lo que ha ocurrido
es sólo una parábola.
Lo que es inalcanzable
se convierte en suceso.
Lo que es indescriptible
se ha realizado aquí.
Lo eterno-femenino.
nos permite avanzar.

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