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Fausto.  Johann Wolfgang Goethe
ACTO 2. Hochgewölbtes enges gotisches Zimmer
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HABITACIÓN GÓTICA, ESTRECHA Y DE ALTAS BÓVEDAS

EN OTRO TIEMPO PROPIEDAD DE FAUSTO,

EN LA ACTUALIDAD SIN CAMBIO ALGUNO

(MEFISTÓFELES sale de detrás de una cortina. Mientras él sale y mira atrás ve a FAUSTO tendido en un lecho que fue de sus antepasados.)

MEFISTÓFELES

¡Reposa, desdichado, que fuiste seducido difícilmente por solubles lazos de amor! Aquel al que Helena dejó inmóvil no recobra fácilmente la razón. (Mirando en torno.) Miro arriba, miro a un lado y a otro. Nada ha cambiado, todo está intacto; me parece, eso sí, que los paneles de colores están más turbios, las telarañas se han multiplicado, la tinta se ha secado, el papel amarillea, pero todo sigue en su lugar. Está aquí hasta la pluma con que Fausto pactó con el diablo. En las profundidades de su cañón ha cuajado una gotita de sangre que le extraje. Le desearía al mejor coleccionista que consiguiera una pieza tan singular como esta. La vieja pelliza cuelga todavía de esa percha y me recuerda los disparates que le conté a aquel jovenzuelo que hoy, ya algo mayor, tal vez sigan consumiéndolo. Verdaderamente siento el deseo de envolverme en ti, tosca y caliente envoltura, para jactarme de nuevo dándome aires de profesor, como alguien que supone tener razón en todo. Los sabios en esto son entendidos, pero al diablo se le pasaron las ganas hace mucho tiempo. (Sacude la pelliza después de descolgarla, y de ella escapan cigarras, escarabajos y polillas.)

CORO DE INSECTOS

¡Bienvenido, bienvenido,
antiguo señor y dueño!
Vamos volando y zumbando
y ya te reconocemos.
Tú a todos nos sembraste.
Vamos llegando a millares,
padre, en alegre danza.
La picardía en el pecho
se disimula tan bien
que antes en la pelliza
se descubren los piojos.

MEFISTÓFELES

¡Qué sorpresa más agradable me produce esta reciente creación! Basta sembrar y luego se cosecha. Volveré a sacudir la vieja piel. Todavía salta algún insecto y revolotea de aquí para allá. ¡Id arriba!, ¡en todas direcciones! Apresuraos y escondeos allá donde están los viejos arcones, venid aquí a oscurecidos pergaminos y fragmentos polvorientos de pucheros o a las cuencas de los ojos de las calaveras. En una vida tan confusa y tan pútrida siempre debe haber grillos. (Se envuelve con la pelliza.) Ven, cúbreme una vez más las espaldas. Hoy vuelvo a ser el rector. Aunque de qué me sirve llamarme de ese modo. ¿Dónde está la gente que por tal me reconoce? (Agita la campana que deja oír un sonido agudo y penetrante con el que resuenan las paredes y se abren las puertas.)

FÁMULO(Llega tambaleándose por el oscuro pasillo.)

¡Qué sonido! ¡Qué tormenta! La escalera vacila, tiemblan las paredes. Veo los fulgores de la tormenta a través de los paneles de colores de la vidriera. El pavimento se levanta y desde arriba caen cal y cascotes como si fueran granizo. Y la puerta cerrada con fuertes candados se ha abierto por arte de magia. ¡Qué veo, horror! ¡Un gigante está ahí apostado con la vieja pelliza de Fausto! Sus señas y sus miradas hacen que incline las rodillas. ¿Debo huir o quedarme? ¿Qué será de mí?

MEFISTÓFELES (Haciéndole señas.)

Adelante, amigo, ¿no os llamáis Nicodemus?

FÁMULO

Honorabilísimo señor, ese es mi nombre. Oremus.

MEFISTÓFELES

¡Eso dejémoslo!

FÁMULO

¡Qué alegría que me conozcáis!

MEFISTÓFELES

Y os conozco muy bien, entrado en años y todavía estudiante, rancio señor. Hasta un hombre erudito sigue estudiando si no puede hacer otra cosa. Así uno se construye un modesto castillo de naipes, que ni un gran ingenio llega a edificar del todo. Pero vuestro amo sí que es un hombre entendido, ¿quién no conoce al famoso doctor Wagner, hoy día el primero en el mundo de la sabiduría? Él es el único que lo sostiene, el que hace crecer la sabiduría día tras día. Oyentes y discípulos con ansia de un saber total se reúnen en torno a él. Sólo él resplandece desde su cátedra, maneja las llaves como san Pedro, abre lo de abajo y lo de arriba. Son tales su brillo y su esplendor que nadie lo supera en fama y en gloria, incluso el nombre de Fausto queda por él oscurecido. Él es el único que realmente ha inventado algo.

FÁMULO

Perdonad, honorabilísmo señor, si os digo algo, si es que por otra parte puedo contradeciros: no se trata de eso, la modestia es su don más personal. Él no ha sabido reponerse a la misteriosa desaparición de aquel insigne hombre y espera encontrar con su retorno consuelo y alivio. El gabinete, como en tiempos del doctor Fausto, permanece intacto desde que él se marchó y espera a su antiguo dueño. Apenas me aventuro a entrar en él. ¿Cuál será la hora que marquen los astros? Me parece que tiemblan las paredes, las jambas de las puertas vibran, saltan los cerrojos: de otro modo no podríais haber entrado.

MEFISTÓFELES

Pero, ¿dónde se ha metido ese hombre? Llévame hasta él o tráemelo.

FÁMULO

¡Ah!, su prohibición es demasiado estricta. No sé si debiera atreverme. Meses enteros vive en el más sigiloso aislamiento, en aras de su gran obra. Él, que es el más delicado de los sabios, tiene aspecto de carbonero; tiznado de la nariz a las orejas, sus ojos están rojos de tanto atizar el fuego. Así va consumiendo cada instante y el chascar de las pinzas es su música.

MEFISTÓFELES

¿Me negaría él la entrada? Soy el hombre que puede adelantar la llegada de su dicha. (El FÁMULO se va; MEFISTÓFELES se sienta con gravedad.) Apenas he ocupado el sitio, veo allá un huésped que me es conocido. Pero en esta ocasión es de los más modernos y se comportará con desmedido atrevimiento.

BACHILLER (Acercándose impetuosamente por el corredor.)

He encontrado abiertos el portal y la puerta. Espero al fin que este hombre que se encontraba vivo entre la podredumbre no siga decayendo como un muerto, atrofiándose y muriendo en la vida misma. Estos muros, estos tabiques, se inclinan y amenazan al final con caerse, y si no huimos pronto, su caída y su ruina nos alcanzarán. Soy audaz como ningún otro, pero nadie puede obligarme a dar un paso más. Pero, ¿qué tengo que aprender hoy? ¿No fue aquí donde vine, hace ya muchos años, siendo un bienintencionado estudiante de primer curso temeroso y cohibido? ¿No fue aquí donde me confié a esos barbudos para instruirme con sus paparruchas? Pertrechados con sus libracos me dijeron tantas mentiras como cosas sabían, pues no creían en lo que sabían y así consumieron su vida y la mía. ¿Cómo? Allí en el claroscuro de esa celda todavía hay alguien sentado. Al acercarme, veo con asombro que está metido aún en su pelliza parda; está tal como lo dejé, envuelto en ese tosco abrigo de pieles. La verdad es que entonces me pareció muy capaz, cuando yo no tenía suficiente juicio. Pero esta vez no me atrapará, iré a abordarlo con decisión. (A MEFISTÓFELES.) ¡Viejo señor!, si no fue bañada tu cabeza calva e inclinada hacia delante por las aguas del Leteo, reconoced en mí al estudiante emancipado ya de las ligaduras académicas. Os encuentro tal como os conocí; sin embargo, yo soy otro.

MEFISTÓFELES

Me alegra que os atrajera mi llamada, por aquel entonces no os minusvaloré: el gusano y la crisálida anuncian lo que será la futura mariposa. Con vuestros rizos y vuestro cuello de encaje, sentíais un placer infantil. ¿Nunca os dejasteis crecer coleta? Hoy veo que lleváis el cabello a lo sueco. Tenéis un aspecto resuelto y dinámico, pero no os vayáis a casa tan incondicionado.

BACHILLER

Mi viejo señor, estamos de nuevo aquí. Sin embargo, tened en cuenta cómo corren los tiempos modernos y absteneos de palabras de doble sentido, ahora atendemos a cosas muy diferentes. Os burlasteis sin ningún esfuerzo de un muchacho bueno y confiado, algo que hoy nadie se atreve a hacer.

MEFISTÓFELES

Quien le dice a la juventud la pura verdad no agrada a los pichones, pero, pasados unos años, cuando la han sufrido en su propio pellejo, se jactan de haberla obtenido por ellos mismos y dicen entonces que su maestro era un imbécil.

BACHILLER

¡O, tal vez, un pícaro! Pues, qué maestro nos dice la verdad a la cara. Todos saben magnificarla o menguarla, en serio o en broma, ante los buenos chicos.

MEFISTÓFELES

Sin duda hay un tiempo para aprender; ya noto que estáis preparados para enseñar. Desde unas cuantas lunas y desde algunos soles, la plenitud de la experiencia os ha colmado.

BACHILLER

¡Experiencia!, ¡la experiencia es espuma y polvo! No está a la misma altura del espíritu. Confesad que lo que se ha sabido en todo tiempo no era digno de saberse.

MEFISTÓFELES (Después de una pausa.)

¡Hace mucho que lo pienso! Antes yo era un loco, ahora me parece que soy vacuo y necio.

BACHILLER

¡Me alegro! Por fin escucho algo sensato, sois el primer anciano razonable que conozco.

MEFISTÓFELES

Buscaba un tesoro con piezas de oro enterrado y extraje horribles carbones.

BACHILLER

Confesad: ¿vuestro cráneo y vuestra calva valen mucho más que los de esas huecas calaveras?

MEFISTÓFELES

¿Sabes lo grosero que resultas, amigo?

BACHILLER

En alemán se miente cuando se es educado.

MEFISTÓFELES (Que, con su sillón de ruedas, ha avanzado hacia proscenio, acercándose más al patio de butacas.)

¡Aquí arriba me quitan el aire y la luz! ¿Llegaré a encontrar acomodo entre vosotros?

BACHILLER

Es muy pretencioso que, en el más negativo de los períodos, se pretenda ser algo cuando ya no se es nada. Toda vitalidad está en la sangre y ¿dónde fluye la sangre mejor que en el adolescente? La sangre viva con fuerzas renovadas es la que crea nueva vida de la vida. Allí todo se anima, allí todo se hace, lo débil decae, lo capaz prospera. En tanto que nosotros hemos conquistado medio mundo, ¿qué habéis hecho vosotros? Habéis dado cabezadas, habéis cavilado, soñado, considerado: planes y sólo planes. Sin duda alguna, la vejez es una fiebre álgida que hace sentir la escarcha de una impotencia caprichosa. El que ha pasado de los treinta años es como si ya estuviera muerto. Tal vez lo mejor sería que os quitarais la vida a tiempo.

MEFISTÓFELES

El diablo no tendría nada que añadir a eso.

BACHILLER

Si yo quiero, puede que no haya diablo.

MEFISTÓFELES (Aparte.)

Sin embargo, en breve el diablo te hará tropezar.

BACHILLER

Esta es la misión más noble de la juventud. Antes de yo crearlo, no existía el mundo. Yo hice salir al Sol del mar; conmigo la Luna comenzó el curso de sus fases; bastó un gesto mío, la primera de las noches, para que las estrellas desplegaran todo su esplendor. ¿Quién sino yo os libró de las ataduras del pensamiento filisteo? Yo, en cambio, sólo escucho hablar al espíritu y persigo mi luz interior y ando raudo, con íntimo entusiasmo; la luz está ante mí y la oscuridad a mis espaldas. (Se va.)

MEFISTÓFELES

Extravagante, vete jactancioso. ¡Cómo dañaría tu seguridad saber que nadie piensa nada necio o cuerdo que no haya sido ya pensado antes! Pero este no me causa preocupación, en pocos años cambiará. Aunque el mosto fermente de manera impredecible, al final tendrá que dar vino. (A los jóvenes del público que no aplauden.) Mis palabras os pueden dejar fríos, pero yo os lo tolero, buenos muchachos. Tened en cuenta que el diablo es viejo y habréis de envejecer para entenderle.

LABORATORIO

(Al estilo de la Edad Media, lleno de enormes y toscos aparatos confines fantásticos.)

WAGNER (Junto al fogón.)

Suena la campana, la terrible, su tañido resuena en los muros llenos de hollín. La incertidumbre no puede durar más tiempo, ya las oscuridades se aclaran; en el fondo de la redoma empieza a estar incandescente el carbón enrojecido, parece el más magnífico de los carbunclos y despide destellos a través de la oscuridad. Aparece una luz clara y blanca. Ah, ¡que no lo pierda otra vez! Oh, Dios, ¿qué produce ese ruido en la puerta?

MEFISTÓFELES (Entrando.)

¡Saludos!, es con buena intención.

WAGNER (Con miedo.)

¡Salud a la estrella de esta hora! Pero callad y contened la respiración. Está a punto de consumarse una gran obra.

MEFISTÓFELES (Más bajo.)

¿Qué está ocurriendo?

WAGNER (Más bajo aún.)

Se está dando forma a un ser humano.

MEFISTÓFELES

¿A un hombre? Y ¿a qué pareja de enamorados has metido en el hueco de la chimenea?

WAGNER

¡Dios me libre! Declaro que el estilo antiguo de procrear es una vana necedad. El delicado punto del que brotaba la vida, la suave fuerza que surgía del interior, recibía y daba, para darse forma a sí misma y asimilarse primero a lo más cercano y luego a lo extraño, está ya privado de su dignidad. Aunque el animal todavía se solaza con ello, el hombre, mucho mejor dotado, ha de tener en el futuro un origen más noble y más elevado. (Volviéndose hacia el fuego del horno.) ¡Ved cómo brilla!... Ahora sí que se puede confiar en que, por la mezcla de cientos de ingredientes -pues esto es una mezcla-, compondremos la materia humana, la encerraremos herméticamente en un alambique y la destilaremos en su justa medida. Así, serenamente, la obra habrá sido culminada. (Volviéndose hacia el fuego del horno.) ¡Todo va saliendo! La masa se va aclarando, mi convicción se confirma cada vez más. Aquello que se considera secreto en la naturaleza, voy a probarlo de modo racional, con osadía, y lo que ella antes organizaba por su cuenta, ahora lo voy a hacer cristalizar.

MEFISTÓFELES

Aquel que ha vivido mucho, ha tenido muchas experiencias. No puede encontrarse con nada nuevo en este mundo. En mis años de viaje he visto ya muchos pueblos cristalizados.

WAGNER (Siempre muy atento a la redoma.)

Esto sube, centellea, se conglomera; en un momento estará hecho. Un gran proyecto siempre parece al principio obra de un demente, pero riámonos del azar, un cerebro que puede pensar bien, creará con el tiempo un pensador. (Observando entusiasmado la redoma.) Una suave fuerza hace que resuene el vidrio; se enturbia, se aclara, por lo tanto tiene que surgir. Ya veo un hombrecito moviéndose graciosamente. ¿Qué más queremos?, ¿qué más nos exige el mundo? El misterio ha sido desvelado y está a plena luz. Prestad oídos a este sonido, se va a convertir en voz, se va a hacer lenguaje.

HOMÚNCULO (Dirigiéndose a WAGNER desde la redoma.)

¿Qué tal, papaíto? Ya veo que no ha sido una broma. ¡Ven y abrázame con ternura contra tu pecho!, pero no lo hagas muy fuerte, no sea que se rompa el vidrio. Fijaos en la naturaleza de las cosas: mientras a lo natural ni siquiera parece bastarle el mundo, lo artificial sólo requiere un reducido espacio. (A MEFISTÓFELES.) Primo, ¿te ha dado por llegar en el momento justo, eh, sinvergüenza?; te lo agradezco. La buena suerte te ha traído aquí con nosotros. Ya que existo, he de mostrarme activo. Quiero afanarme enseguida a trabajar. Tú eres capaz de acortarme el camino.

WAGNER

¡Sólo una palabra! Hasta hoy tuve que avergonzarme, pues los viejos y los jóvenes me atormentaban con problemas. Por ejemplo, nadie ha podido entender cómo el alma y el cuerpo, compenetrándose tan bien y estando tan estrechamente unidos que al parecer nadie puede separarlos, estén siempre amargándose mutuamente la vida. Además...

MEFISTÓFELES

¡Alto ahí! Yo preferiría preguntar: ¿por qué el marido y la mujer se llevan tan mal? Esto, amigo mío, nunca llegarás a aclararlo. Aquí hay mucho que hacer, y trabajar es precisamente lo que quiere el pequeño.

HOMÚNCULO

¿Qué hay que hacer?

MEFISTÓFELES (Señalando una puerta lateral.)

¡Muestra aquí tu aptitud!

WAGNER (Sin dejar de mirar la redoma.)

¡Eres verdaderamente el más encantador de los muchachos!

(La puerta lateral se abre y se ve a FAUSTO tendido en el lecho.)

HOMÚNCULO (Sorprendido.)

¡Impresionante!

(La redoma se escapa de las manos de WAGNER, flota sobre FAUSTO y lo ilumina.)

Está rodeado por lo bello. En las aguas cristalinas y en las tupidas arboledas, unas mujeres se desnudan. ¡Son las más hermosas y deseables! Esto cada vez es mejor. Pero hay una que se distingue esplendorosamente de todas. Ella pone su pie sobre la translúcida claridad. La suave llama de la vida que anima ese noble cuerpo se atempera en el lábil cristal de las ondas. Pero, ¿qué es ese ruido de alas agitadas?, ¿qué agitar y qué chapoteo de alas perturba este pulido espejo? Las muchachas huyen asustadas, pero sola se queda la reina mirando y ve, con orgulloso placer femenino, cómo el príncipe de los cisnes se aprieta con impertinente mansedumbre contra sus rodillas. El parece familiarizarse. De repente un vapor se empieza a elevar y los cubre con un tupido manto. Es la más bella de todas las escenas.

MEFISTÓFELES

¿Qué no nos contarás? Con todo lo pequeño que eres, tienes una gran fantasía. Yo no veo nada.

HOMÚNCULO

Y lo creo. Tú eres del norte y creciste en la época de las nieblas, en un desolado paraje de caballería y entusiasmo clerical, ¡cómo iba a estar libre tu mirada! Sólo te sientes bien entre tinieblas. (Mirando alrededor.) ¡Piedra renegrida, enmohecida, repugnante, arcos ojivales, volutas, todo ruin! Si este se despertara, habría otro problema, pues moriría de inmediato. Los manantiales del bosque, los cisnes, las bellas desnudas, ese era su sueño lleno de presentimientos. Yo, el más acomodaticio de los seres, apenas podría haberlo soportado. Partamos ahora con él.

MEFISTÓFELES

Seguro que el viaje será de mi agrado.

HOMÚNCULO -

¡Manda al guerrero al combate!, ¡lleva a la muchacha al baile!, y así todo quedará arreglado. Ahora que lo recuerdo, precisamente hoy es la noche clásica de Walpurgis. No hay mejor ocasión para llevar todo a su propio elemento.

MEFISTÓFELES

Jamás oí hablar de tal cosa.

HOMÚNCULO

¿Cómo podría haber llegado a tus oídos? Tú sólo conoces a los fantasmas románticos, un auténtico fantasma ha de ser también clásico.

MEFISTÓFELES

Entonces, ¿adónde he de emprender el viaje? Ya estoy hastiado de mis colegas de la Antigüedad.

HOMÚNCULO

Satán, al noroeste está tu región preferida, pero esta vez navegaremos rumbo hacia el sureste. Por un amplio valle fluye libre el Peneo formando tranquilos y húmedos remansos rodeados de árboles y matorrales; la llanura se extiende hasta alcanzar los montes y las gargantas, y arriba, vieja y nueva a la vez, está Farsalia.

MEFISTÓFELES

¡Oh, no!, ¡déjate de eso!, y no me hables de luchas de la tiranía contra la esclavitud. Eso me enfada, pues apenas ya todo se ha tratado, ellos empiezan de nuevo, pero nadie se da cuenta que es Asmodeo el que está detrás. Se baten, según dicen, por el derecho a la libertad, pero si se mira bien es una lucha de siervos contra siervos.

HOMÚNCULO

¡Deja al hombre con sus discordias! Cada cual debe defenderse como puede desde niño y así aprenderá a hacerse hombre. Ahora tan solo se trata de saber si este hombre puede sanar. Si dispones de un remedio, haz aquí mismo la prueba; si no puedes hacer nada, déjamelo a mí.

MEFISTÓFELES

Se podría probar con algo del Brocken, pero a todo ello le han echado el candado pagano. El pueblo griego nunca valió mucho, pero os deslumbra con el libre juego de los sentidos y seduce el corazón humano con alegres pecados, mientras que los nuestros siempre se verán tenebrosos. Y ahora, ¿qué hay que hacer?

HOMÚNCULO

Tú no eres apocado y si te hablo de las hechiceras de Tesalia, creo que esto te dirá algo.

MEFISTÓFELES (Con lascivia.)

¡Las hechiceras de Tesalia! ¡Muy bien!, son personas de las que me informé hace mucho tiempo. Vivir con ellas noche tras noche no creo que sea agradable, pero sí que se puede intentar hacerles una visita...

HOMÚNCULO

Trae aquí la capa y envuelve al caballero adormecido. Ese guiñapo os llevará, como siempre, a uno y a otro; yo iré delante alumbrándoos.

WAGNER (Con temor.)

¿Y yo?

HOMÚNCULO

Tú, mientras tanto, quédate en casa y haz algo importante. Desenrolla los viejos pergaminos, reúne elementos vitales según las prescripciones y añade con cuidado unos a otros. Mientras yo, al recorrer el mundo, tal vez descubra el punto sobre la i. Entonces habré alcanzado el premio, hay que esforzarse por tal recompensa: oro, honor, fama, una vida sana y larga, y también quizá ciencia y virtud. ¡Adiós!

WAGNER (Desolado.)

¡Adiós!, siento el corazón oprimido. Me temo que no volveré a verte nunca más.

MEFISTÓFELES

Bajemos el Peneo. Habrá que hacer caso al primo. (A los espectadores.) Al final, dependemos de las criaturas que hemos hecho.

NOCHE DE WALPURGIS CLÁSICA

(Campos de Farsalia.)

(Oscuridad.)

ERICTO

A la horrible fiesta de esta noche, como otras veces, vengo yo, Ericto, la oscura, la sombría. No soy tan repugnante como los insolentes poetas, exagerando, me achacan. Ellos no dejan jamás de elogiar y vituperar. El amplio valle palidece ante la gris onda de las tiendas de campaña como si fuera el recuerdo de la noche más turbadora y siniestra. ¡Cuántas veces se repite y se renovará eternamente! Nadie cede su dominio a otro, y este no lo cede a otro que lo ha obtenido por la fuerza y por la fuerza lo domina. No hay nadie que, incapaz de dominarse a sí mismo, no desee dominar la voluntad del vecino siguiendo un terco afán. Aquí mismo, con la guerra, se dio buena muestra de cómo a la violencia se opuso una violencia mayor, de cómo se destroza la hermosa guirnalda de mil flores de la libertad, de cómo el recio laurel se dobla para colocarse sobre la cabeza del dominador. Aquí soñaba Pompeyo el Magno con el primer florido día de grandeza. Allí César velaba atento observando el fiel de la balanza. Iban a medirse y sabe el mundo a quién le sonrió la suerte.

Los fuegos de la guardia refulgen despidiendo llamas rojizas, el suelo exhala el vaho de la sangre vertida y, atraída por el extraño resplandor de la noche, se reúne la legión del mito helénico. En torno a las hogueras, se cierne o se detiene la agradable imagen fabulosa de la época antigua. La luna, aunque no está llena, se eleva difundiendo su tenue brillo por todas partes. El espejismo de las tiendas de campaña desaparece, los fuegos arden con llamas azuladas. Pero, encima de mí, ¿qué meteoro inesperado se cierne sobre mí? Un globo corpóreo despide su luz e ilumina. Siento la vida. En este caso no debo acercarme a un ser viviente pues soy fatal para él. Esto me ha dado mala fama y no me reportará ningún beneficio. Ya desciende. Después de pensarlo bien, me voy. (Se aleja.)

(Los que viajan por el aire están arriba.)

HOMÚNCULO

Flota en círculo otra vez,
sobre las llamas y el miedo,
en el valle y el abismo,
todo parece espectral.

MEFISTÓFELES

Desde mi vieja ventana
en el solitario Norte
veo espantosos fantasmas.
Estoy tan bien como en casa.

HOMÚNCULO

Mira aquella procesión
que avanza ante nosotros.

MEFISTÓFELES

Es como si se asustaran
al ver que vamos volando.

HOMÚNCULO

Déjalos, pon en el suelo
a tu caballero, pronto
a la vida volverá
desde su reino de fábula.

FAUSTO (En contacto con el suelo.)

¿Dónde está ella?

HOMÚNCULO

No sabríamos decírtelo, pero tal vez se pueda averiguar. Dándote prisa, si quieres, puedes seguir su rastro de llama en llama antes de que amanezca. Aquel que se ha atrevido a llegar hasta las Madres, no tiene ya nada que superar.

MEFISTÓFELES

Yo también vengo aquí por interés. Por eso no se me ocurre nada mejor para nuestro éxito que cada cual tiente su propia aventura. Luego, para reunirnos, enciende y haz que suene tu linterna, pequeño.

HOMÚNCULO

Tan pronto como luzca, sonará.

(El vidrio suena y brilla con intensidad.)

Ahora busquemos prestos nuevas maravillas.

FAUSTO (Solo.)

¿Dónde está? Dejaré de preguntar.. Si no era este el suelo que pisaba, si no era esta la ola que rompía a sus pies, este es el aire que hablaba su lenguaje. ¡Aquí!, ¡por un prodigio!, ¡aquí en Grecia! Enseguida sentí el suelo que pisé. Desde que, en mi sueño, un espíritu me enardeció, mi ánimo es el de un Anteo, y, aunque encontrara lo más extraño aquí reunido, recorrería de un lado a otro este laberinto de llamas. (Se aleja.)

EN EL ALTO PENEO

MEFISTÓFELES (Buscando un rastro.)

Yendo de uno a otro de estos pequeños fuegos, me encuentro totalmente extraño; casi estoy totalmente desnudo, sólo llevo una camisa. Las esfinges descaradas, los grifos desvergonzados y qué sé yo cuántos seres melenudos y alados se reflejan en el ojo por delante y por detrás... Es cierto que nosotros también somos indignos, pero la Antigüedad me parece demasiado frívola: habría que controlarla siguiendo el gusto más moderno y revestirla, variopinta, a la moda. ¡Qué gente más repugnante!, pero, no por ello podré dejar de saludarla, ya que soy su nuevo huésped. ¡Salud a las bellas mujeres, salud a los sabios ancianos!

UN GRIFO (Rugiendo.)

No somos ancianos, somos grifos. A nadie le gusta ser llamado anciano. Las palabras suenan según sea su procedencia, que es la que las determina: «gris», «grimoso», «gruñón», «gruta», «grito» son etimológicamente semejantes, pero nos resultan malsonantes.

MEFISTÓFELES

Y, sin desviarnos del tema, «garra» va muy bien con el título nobiliario de «grifo».

GRIFO (Sigue rugiendo.)

¡Naturalmente! Se ha probado la afinidad: se ha afirmado ya muchas veces, pero ha sido aún más alabada. No hay más que echarle la garra a las muchachas, a las coronas, al oro: la mayoría de las veces la fortuna sonríe al rapaz.

HORMIGAS (De un tamaño colosal.)

Ya que habláis de oro, os diremos que hemos reunido mucho y lo acumulamos en rocas y cavernas. El pueblo de los Arimaspos lo descubrió y se ríen por habérselo llevado.

GRIFO

¡Ya haremos que confiesen!

ARIMASPOS

Pero que no sea en esta noche de júbilo. De aquí a mañana lo habremos derrochado todo. Esta vez nos saldremos con la nuestra.

MEFISTÓFELES (Que se ha situado entre las ESFINGES.)

¡Qué fácilmente y con qué gusto me acostumbro a esto! Los voy conociendo uno por uno.

UNA ESFINGE

Exhalamos nuestro grito espiritual y vosotros le vais dando cuerpo. Ahora nómbrate para que te conozcamos mejor.

MEFISTÓFELES

La gente cree nombrarme con multitud de nombres. ¿Hay aquí británicos? Como suelen viajar tanto en busca de campos de batallas, saltos de agua, muros derruidos, monumentos clásicos cubiertos de musgo, este sería para ellos un lugar digno de visitarse. También atestiguarían que, en las antiguas obras teatrales, desempeñaba el papel de «old Iniquity».

LA ESFINGE

Y ¿cómo se llegó a eso?

MEFISTÓFELES

No sé cómo.

LA ESFINGE

Puede ser. ¿Entiendes algo de estrellas? ¿Qué dices de la hora presente?

MEFISTÓFELES (Mirando al cielo.)

La estrella persigue a la estrella, la luna, que ya no está llena, brilla con luz clara, y yo me encuentro muy bien en este sitio agradable, calentándome junto a tu piel de león. Sería una lástima subir hasta esas alturas. Propón algún enigma o por lo menos una charada.

LA ESFINGE

Defínete sólo a ti mismo. Eso será ya un enigma. Intenta revelarte en lo íntimo. «Tan necesario para el piadoso como para el malvado; para uno es una coraza con que ejercitarse en la esgrima ascética; para el otro, un compañero que le ayuda a cometer locuras, y lo uno y lo otro sólo para divertir a Zeus.»

PRIMER GRIFO (Rugiendo.)

Ese tipo no me gusta.

SEGUNDO GRIFO (Rugiendo más fuerte.)

¿Qué está buscando aquí?

AMBOS A LA VEZ

Ese mamarracho está de más aquí.

MEFISTÓFELES (Brutalmente.)

¿Crees tal vez que las uñas del huésped no arañan tan bien como tus afiladas garras? ¡Pruébalo y verás!

ESFINGE (Afable.)

Puedes quedarte cuanto quieras, pero tú mismo te apartarás de nosotros. En tú país te encontrarás a gusto, pues, si no me equivoco, aquí no te sientes muy bien.

MEFISTÓFELES

Eres muy atractiva mirada desde arriba, pero la bestia que hay abajo me espanta.

ESFINGE

¡Farsante! Vas a cumplir tu amarga penitencia, pues nuestras garras están sanas; tú, por tu parte, con esa pata coja de caballo no encontrarás acomodo en nuestra sociedad.

(Las SIRENAS preludian desde arriba.)

MEFISTÓFELES

¿Cuáles son los pájaros que están meciéndose en las ramas de los álamos del río?

ESFINGE

¡Ten cuidado! Ese canturreo ya trajo la perdición a los mejores.

SIRENAS

¿Por qué os echáis a perder
rodeados de monstruos deformes?,
hemos venido en grandes grupos,
oíd los armoniosos cantos
que son propios de las sirenas.

ESFINGES (Mofándose de ellas con la misma melodía.)

¡Obligadlas a descender!
Están ocultando en las ramas
sus horribles garras de azor
para atraparos sin piedad,
si es que oídos les prestáis.

SIRENAS

Dejemos los odios y envidias.
Reunamos las alegrías
esparcidas por todo el cielo.
¡Tanto la tierra como el agua
den la bienvenida al gran huésped
con su semblante más sonriente!

MEFISTÓFELES

He aquí las buenas nuevas; el sonido de la garganta y el de las cuerdas que se funden uno con otro. Para mí los gorjeos ya se acabaron; me provocan un cosquilleo en los oídos, pero no me llegan al corazón.

ESFINGES

No hables del corazón. Es vano. Una desgastada bolsa de cuero es lo que mejor le va a tu cara.

FAUSTO (Entrando.)

¡Qué maravilla! El espectáculo me llena de satisfacción. En medio de lo monstruoso veo trazos grandes y vigorosos. Presiento una suerte favorable. ¿Adónde me lleva esta imponente visión? (Señalando a las ESFINGES.) Ante estas estuvo Edipo. (Señalando a las SIRENAS.) Ante estas se retorció Ulises con sus ataduras de cáñamo. (Señalando. a las HORMIGAS.) Estas acumularon el más grande de los tesoros. (Señalando a los GRIFOS.) Y estos lo custodiaron fielmente y sin tacha. Me encuentro poseído por un nuevo espíritu, las figuras son grandes y los recuerdos también.

MEFISTÓFELES

En otra ocasión los hubieras ahuyentado con maldiciones, pero ahora parece interesarte, pues allá donde se busca a la mujer amada hasta los monstruos son bienvenidos.

FAUSTO (A las ESFINGES.)

Vosotras, imágenes de mujeres, debéis contestarme: ¿alguna de vosotras ha visto a Helena?

ESFINGES

No llegamos a vivir en su época. Hércules mató a la última de nosotras. Podrías informarte por Quirón, que anda galopando por aquí en esta noche espectral. Si se detiene por ti, ya habrás avanzado mucho.

SIRENAS

Pero eso no te haría falta.
Ulises pasó a nuestro lado
despacio y lanzando improperios,
mas mucho podría contarte.
Todo te lo revelaremos
cuando te afinques con nosotras
en el reino del verde mar.

UNA ESFINGE

No te dejes engañar, noble señor. En vez de atarte como Ulises, lígate a nuestros buenos consejos; si puedes encontrar al magnífico Quirón, sabrás lo que te prometí.

(FAUSTO se aparta.)

MEFISTÓFELES (Desolado.)

¿Qué aves pasan graznando y batiendo las alas? Van tan rápido que apenas se puede ver, siempre una detrás de otra, agotarían a cualquier cazador.

LA ESFINGE

Comparables a los golpes de viento en tempestad, apenas son sólo alcanzables por las flechas de Alcides. Son las veloces Estinfálidas, con su pico de buitre y sus patas de ganso. Les gustaría mostrarse en nuestros círculos como parientes nuestras.

MEFISTÓFELES (Como azorado.)

Hay otra cosa que silba por ahí.

LA ESFINGE

No temas por esos. Son las cabezas de la Hidra de Lerna. Están separadas del tronco y se creen algo. Pero di, ¿qué te pasa?, ¿qué gestos más nerviosos?, ¿adónde quieres ir? ¡Vete si quieres! Ya veo que ese coro hace que vuelvas la cara. No te fuerces. Ve a mirar esas bellas caras. Son las lamias, refinadas y deliciosas rameras, con la sonrisa en los labios y rostros insolentes, como les gusta a los sátiros. Tu pie de cabrón puede aventurarse sin miedo en ese terreno.

MEFISTÓFELES

Pero, vosotras, ¿os quedaréis aquí para que os encuentre?

ESFINGES

Sí, mézclate con esa gente alegre, nosotras que somos de Egipto, estamos ya acostumbradas desde hace mucho tiempo a reinar durante miles de años. Respetad nuestra posición y así seguiremos regulando el paso de los días y las fases lunares.

Nos sentamos delante de las pirámides
como supremo tribunal de los pueblos;
a pesar de ver riadas, paz y guerra,
nada varía nuestro rostro impertérrito.

EN EL BAJO PENEO

(PENEO rodeado de corrientes de agua y NINFAS.)

PENEO

¡Avívate, susurro que te filtras por entre los juncos! iSopla suave, hermana de las cañas; zumbad, matas ligeras junto a los sauces; habladme al oído, cimbreantes ramas de los álamos, cuando continúe mi sueño interrumpido! Un estruendo terrible me ha despertado, es un temblor que todo lo sacude, me priva de mi paz y me obliga a salir de mi undosa corriente.

FAUSTO (Avanzando hacia el río.)

Si no he oído mal, debo creer que, detrás de esta cerrada vegetación, de estas ramas, de estos matorrales, suena algo parecido a la voz humana. La ondulación de las aguas crea un parloteo, las brisas parecen bromear.

NINFAS (A FAUSTO.)

Lo que debes hacer
es tenderte sereno,
reposar en fresco lecho
tus miembros fatigados,
disfrutar de esa paz
que siempre te rehúye.
A tu lado estaremos
dulces y susurrantes.

FAUSTO

Ya despierto. Dejad que reinen estas formas incomparables tal como están dispuestas ahí a mi vista. ¡Estoy tan maravillosamente rodeado! ¿Esto son sueños o recuerdos? En otra ocasión ya te sentiste igual de afortunado. Las corrientes de agua se deslizan por la frescura de los espesos arbustos mansamente movidos. Las aguas no corren raudas, apenas avanzan. De todos los puntos brotan cientos de fuentes que se reúnen en un hondo y calmado remanso que invita al baño. Sanos cuerpos de mujer, duplicados por el húmedo espejo, deleitan la mirada. Luego se bañan juntas con alegría, unas nadando atrevidas, otras braceando temerosas y todo acaba con un gran griterío y una batalla en el agua. Debiera satisfacerme y bastarme esto, mis ojos debieran regocijarse, pero mi pensamiento me impulsa a ir más lejos. Mi mirada se dirige con agudeza a la rica envoltura vegetal tras la que se esconde la distinguida reina. ¡Es maravilloso! También vienen cisnes que proceden de los hondones de los arroyos y avanzan majestuosos. Se balancean con suavidad, son delicadamente sociables, pero orgullosos y seguros de sí mismos. Ved cómo mueven la cola y el pico. Pero hay uno de ellos que parece pavonearse con especial osadía y complacencia y navega adelantando a todos. Su plumaje se ahueca hinchándose y se convierte en una ola que, aumentando el ondular de las aguas, se acerca al santo lugar. Los otros van de acá para allá con un plumaje liso y brillante, pero pronto entablan una viva y aparatosa lucha para apartar a las muchachas de allí, pues no quieren ponerse al servicio de ellas, sino sólo preservar su propia seguridad.

NINFAS

Arrimad el oído, hermanas,
a la orilla y su pendiente verde.
Creo no equivocarme. Resuena
un eco de cascos de caballo.
¡Si supiera quién traerá esta noche
el rápido y esperado mensaje!

FAUSTO

Me parece como si la tierra temblara resonando al trote de un caballo. ¡Mira ahí, vista mía! ¿Debe llegar ya a mí un destino favorable? ¡Oh, maravilla sin igual! Viene un jinete al trote, parece virtuoso de espíritu y lleno de valor, lo lleva un caballo de deslumbrante blancura. No me equivoco, lo conozco, es el famoso hijo de Filira. ¡Deténte, Quirón!, ¡alto!, ¡tengo que decirte...!

QUIRÓN

¿Qué ocurre?, ¿qué pasa?

FAUSTO

Modera tu paso.

QUIRÓN

No me detendré.

FAUSTO

Entonces, por favor, llévame contigo.

QUIRÓN

Sube, así podré preguntarte a mi manera: ¿adónde vas? Te encuentras en esta orilla. Estoy dispuesto a llevarte, cruzándolo, al otro lado del río.

FAUSTO

Adonde quieras. Por siempre te estaré agradecido. A ti, al gran hombre, al noble pedagogo que, para su gloria, educó a una generación de héroes, la ilustre estirpe de los nobles argonautas y todos cuantos fundaron el mundo del poeta.

QUIRÓN

Dejemos eso en su lugar. La misma Palas no mereció honores cuando hizo las veces de Mentor. Al final, los discípulos se comportan como si no hubieran sido educados.

FAUSTO

Al médico que nombra cada planta, que conoce las raíces, que da salud al paciente y alivio al herido, yo le abrazo estrechamente el alma y el cuerpo.

QUIRÓN

Cuando a mi lado caía herido un héroe, sabía auxiliarlo y aconsejarlo, pero al final confié mi arte a curanderas y sacerdotes.

FAUSTO

Tú eres de verdad el gran hombre que no puede escuchar alabanzas. Procura esquivarlas modestamente y hace como si hubiera iguales a él.

QUIRÓN

Me pareces diestro en el fingir y para adular tanto al príncipe como al pueblo.

FAUSTO

Con todo, tendrás que confesar que has visto a los más grandes de tu época, que rivalizaste en proezas con el más valioso y que tu vida fue casi la de un dios. Pero entre las figuras heroicas, ¿quién fue para ti el más grande?

QUIRÓN

Entre los argonautas cada cual fue valiente a su modo y según la fuerza que tenía podía bastarse allí donde a los demás la fuerza les faltaba. Los Dióscuros siempre vencieron donde prevalecían la plenitud juvenil y la belleza. La decisión y la diligencia en la acción fue la mejor de las cualidades de los Boréades. Reflexivo, enérgico, listo y presto al consejo, así mandaba Jasón, muy atractivo para las mujeres. Orfeo, tierno y siempre tímidamente discreto, superó a todos tañendo la lira. Linceo, con su penetrante vista, tanto de día como de noche, condujo la nave entre escollos y ante las playas. El peligro sólo se corre en común. Cuando uno de ellos actúa, los demás lo alaban.

FAUSTO

¿No vas a decir nada de Hércules?

QUIRÓN

¡Oh, dolor! No renueves mis pesares... Nunca había visto a Febo ni a Ares ni a Hermes, como se les llama, cuando vi ante mis ojos al que todos los hombres ensalzan como divino. Era rey de nacimiento, era magnífico contemplarlo de joven, pero estaba sometido a su hermano mayor y también a las mujeres más bellas. Gea no volverá a engendrar a un segundo Hércules, ni Hebe lo llevará al Empíreo; en vano se afana la poesía y en vano se atormenta a la piedra.

FAUSTO

Por mucho que se fatiguen los escultores, nunca llegará a tener un aspecto tan impresionante. Ya has hablado del hombre más hermoso, ¡habla ahora de la mujer más bella!

QUIRÓN

La belleza femenina no significa nada; con demasiada frecuencia es una imagen estática que mana felicidad y alegría de vivir. La belleza se satisface a sí misma, la gracia es lo que la hace irresistible, como ocurrió con Helena cuando la llevé.

FAUSTO

¿Tú la llevaste?

QUIRÓN

Sí, sobre estos lomos.

FAUSTO

¿Acaso no estoy ya suficientemente fascinado para que ocupar tal lugar me colme de alegría?

QUIRÓN

Ella se agarraba a mi cabellera como tú lo haces.

FAUSTO

¡Oh!, yo me pierdo por completo. ¡Cuéntame cómo ocurrió! Ella es mi único anhelo. ¿Dónde la recogiste y a qué lugar la llevaste?

QUIRÓN

Es fácil contestar a tu pregunta. Los Dióscuros habían liberado en aquel tiempo a su pequeña hermana de sus raptores. Estos, no acostumbrados a ser vencidos, cobraron energías y se lanzaron con fuerzas sobre ellos. Los pantanos de las cercanías de Eleusis atajaron la rápida carrera de los hermanos, ellos los vadearon, y yo haciendo chapotear el agua, nadé hasta la orilla opuesta. Entonces ella saltó a tierra y, pasando la mano por mis crines mojadas, me acarició y me dio las gracias con discreta amabilidad y desenvoltura. ¡Qué atractiva! ¡Era una delicia para los ojos de un anciano!

FAUSTO

¡Y tan sólo tenía diez años!

QUIRÓN

Los filólogos te han llevado al error en el que ellos están inmersos. Es singular lo que ocurre con esta mujer mitológica; el poeta la representa como le conviene hacerlo: nunca es mayor de edad, nunca envejece, siempre tiene un apetecible aspecto; es raptada de joven y de vieja es aún galanteada. En una palabra, el poeta no está atado a ningún tiempo.

FAUSTO

Bien, que tampoco a ella le imponga sus ligaduras el tiempo. Cuando Aquiles la encontró en Feres estaba fuera de todo tiempo. ¡Qué rara dicha es haber obtenido el amor contra el destino! ¿No podría yo, anhelante energía, darle vida a esa forma única, esa criatura eterna, del mismo origen que los dioses, tan grande como tierna, tan majestuosa como amable? Tú la viste hace mucho, yo la he visto hoy, tan bella como atractiva, tan anhelada como bella. Ella ha hecho fuertemente presa de mi pensamiento y mi ser. No puedo vivir, si es que no puedo obtenerla.

QUIRÓN

Estimado extranjero, como hombre, estás fascinado, pero entre los espíritus das la impresión de tener trastornada la cabeza. Por fortuna, todo parece coincidir para ponerse a tu favor; pues todos los años, sólo durante un breve tiempo, acostumbro a ir a casa de Manto, hija de Esculapio. En silenciosa oración, ella implora a su padre para que, a fin de encontrar su gloria, ilumine por fin la razón de los médicos y los aparte del homicidio temerario. De todas las sibilas ella es la que más aprecio; no se mueve grotescamente, es discreta y benefactora. Si te quedas aquí algún tiempo, ella te curará valiéndose de las propiedades de las raíces.

FAUSTO

No quiero ser curado. Mi espíritu es poderoso. Si me curaran sería tan vulgar como los demás.

QUIRÓN

No desaproveches la curación que procede de tan rico manantial. Apéate ya. Hemos llegado.

FAUSTO

Dime, ¿a qué lugar de tierra firme me has traído en medio de la tétrica noche y a través de orillas arenosas?

QUIRÓN

Aquí, con el Peneo a la derecha y el Olimpo a la izquierda, Roma y Grecia pugnaron por el vastísimo reino que se pierde ante la vista. El rey huye, el ciudadano triunfa. Levanta la vista. Aquí cerca e iluminado por la claridad de la luna, se muestra imponente el templo eterno.

MANTO (Dentro del templo, soñando.)

Cascos de caballo resuenan en el suelo sagrado. Parecen acercarse aquí unos semidioses.

QUIRÓN

Justamente, ¡abre los ojos!

MANTO (Despertando.)

¡Bienvenido! Ya veo que no faltas a tu cita.

QUIRÓN

¿Sigue aún en pie el templo que te sirve de morada?

MANTO

¿Continúa tu infatigable vagabundeo?

QUIRÓN

¿Sigues viviendo en el reposo mientras yo gusto de dar vueltas por ahí?

MANTO

Yo persisto en mi posición. El tiempo va dando vueltas alrededor de mí. ¿Y ese quién es?

QUIRÓN

La malhadada noche, en su torbellino, le ha traído aquí. Piensa locamente en Helena, a Helena quiere conquistar y no sabe cómo ni por dónde empezar. Está mucho más necesitado que otros de una cura de Esculapio.

MANTO

Amo al que desea lo imposible. (QUIRÓN se ha marchado ya.) Entra, temerario, debes alegrarte. Esta oscura senda lleva a la mansión de Perséfone. En la hueca base del Olimpo, está atenta esperando la visita prohibida. Aquí en otro tiempo introduje a Orfeo. ¡Aprovéchalo más! ¡Adelante! Con valor.

(Los dos descienden.)

EN EL ALTO PENEO

SIRENAS

¡Lanzaos a la corriente del Peneo! Es muy agradable nadar chapoteando en sus aguas y entonar canción tras canción para el bien del desgraciado pueblo. No hay salvación sin el agua. Vayamos formando un espléndido ejército con rapidez hacia el mar Egeo y allí tendremos todos los placeres.

(Tiembla la tierra.)

Vuelve otra vez la ola con toda su espuma, ya no fluye bajando por la pendiente de su lecho. El fondo del río se remueve, el agua hace empuje, la masa de arena y la playa se agrietan humeantes. ¡Huyamos! ¡Vamos todas juntas, vamos! Lo extraordinario no le aprovecha a nadie. Id, visitantes nobles y alegres, a las alegres fiestas marinas, id refulgentes a ver cómo las olas temblorosas al romperse en la orilla se hinchan ligeramente. Allí donde luce la luna con redoblado brillo y nos refresca con su sagrado rocío. Allí hay una vida que se mueve con toda libertad, aquí hay un angustioso terremoto. Huyan todos los que sean prudentes. El horror reina en este lugar.

SEÍSMOS (Rugiendo y haciendo ruido.)

Empujemos con fuerza una vez más; elevemos los hombros. Así llegaremos a lo alto, donde todo ha de sucumbir ante nosotros.

ESFINGES

Qué temblor más repulsivo, qué horrible y aborrecible tormenta. Qué estremecimiento, qué oscilación, qué bamboleo nos lleva de acá para allá. ¡Qué fastidio más insufrible! Sin embargo, no nos cambiaríamos de sitio aunque se desatara toda la fuerza del infierno. Ahora se eleva una bóveda maravillosa. Es él mismo, ese viejo hace mucho tiempo encanecido que hizo surgir la isla de Delos de las olas del mar por el amor de una mujer parturienta. Con esfuerzos, apretones y haciendo firmemente empuje con los brazos rígidos y la espalda encorvada, semejante a un Atlas en sus movimientos, elevó el suelo, la hierba, la arcilla, los terrenos pantanosos y los terrones, la arena y el barro, los lechos que reposan en nuestra orilla. Así desgarra, de un lado a otro, la serena alfombra del valle. Esforzándose al máximo, sin cansarse nunca, como una colosal cariátide, lleva a cuestas un entramado de piedras hundido en el suelo hasta la cintura. Pero las cosas no seguirán adelante, las esfinges ya han ocupado su sitio.

SEÍSMOS

Se reconocerá al fin que yo he logrado esto. Si yo no me hubiera estremecido y conmovido, ¿cómo podría ser tan bello el mundo? ¿Cómo se habrían remontado las montañas al éter puro y azul, si no las hubiera elevado para que ofrecieran un aspecto pintoresco y encantador? Cuando en presencia de nuestros primeros antepasados, la Noche y el Caos, yo me porté con bravura, jugué en compañía de los titanes ,con el Pelión y el Osa. En nuestro ardor juvenil, seguimos haciendo locuras, hasta que fatigados al fin, como unos canallas, le colocamos al Parnaso dos montes como si fueran un sombrero de dos picos. Apolo mora allí rodeado del alegre coro de las musas, y a Júpiter y a las flechas de sus rayos yo les erigí un alto trono. Ahora, con un enorme esfuerzo, he surgido del abismo e invito a una nueva vida a sus alegres habitantes.

ESFINGES

Habría que reconocer que esta montaña es antiquísima si es que nosotras mismas no la hubiéramos visto surgir del suelo. Un frondoso bosque se extiende hacia arriba, pero aún se oprimen unas peñas contra otras. Pero una esfinge no se inmutará por ello; nosotras desde nuestro asiento sagrado no nos dejaremos turbar.

GRIFOS

Oro en panes, oro en láminas veo vibrar a través de las grietas. No os dejéis robar un tesoro tan valioso. Venga, hormigas, a extraerlo.

CORO DE HORMIGAS

Como aquellos gigantes
lograron extraerlo,
vosotras, pies inquietos,
subid hasta la cumbre.
Entrad y salid rápido.
En esas hendiduras,
todas las migajitas
son dignas de buscarse.
Hasta lo diminuto
tenéis que descubrir
con vuestra gran presteza
en todos los rincones.
Debes ser diligente,
multitud pululante.
Apilad sólo el oro.
Dejad atrás la escoria.

GRIFOS

¡Adentro, adentro! ¡Todo el oro en montones! Pondremos nuestras garras encima. Estas son los mejores cerrojos. Así queda a buen recaudo el mayor de los tesoros.

PIGMEOS

Ya ocupamos verdaderamente nuestro sitio y no sabemos cómo ha ocurrido. No preguntéis de dónde venimos, puesto que al fin y al cabo estamos ahí. Para vivir con alegría todo país es apto; cuando se ve una grieta en las rocas, allí está el enano dispuesto a todo. El enano y la enana están prestos a trabajar, cada pareja de ellos es un modelo ejemplar. No sabemos si todo esto sería igual en el paraíso, pero nos encontramos estupendamente aquí y con gratitud bendecimos nuestra estrella, pues tanto en el Este como en el Oeste la madre Tierra sigue con gusto engendrando.

DÁCTILOS

Si en una sola noche
dio a luz a los pequeños,
engendrará a los mínimos
junto a sus semejantes.

EL MÁS VIEJO DE LOS PIGMEOS

Deprisa, ocupad
el sitio más propicio.
Deprisa, al trabajo,
más rapidez que fuerza.
Todavía hay paz.
Fabricad en la fragua
vuestros arneses y armas.
Formemos un ejército.
Que todas las hormigas,
multitud diligente,
nos consigan metales.
Y a vosotros, los dáctilos,
numerosos y mínimos,
se os da el mandato
de recoger madera.
¡Haced luego una hoguera,
de misteriosas llamas,
procuradnos carbón!

GENERALÍSIMO DE LOS PIGMEOS

Con el arco y las flechas,
poneos ya en marcha.
En el estanque aquel
abatid esas garzas
que en gran número anídan
con orgullo jactándose.
Hacedlo de un golpe,
así todos nosotros
ornaremos al fin
nuestro yelmo y penacho.

LAS HORMIGAS Y LOS DÁCTILOS

¿Quién nos defenderá?
Extraemos el oro,
ellos forjan cadenas.
Para la libertad
no ha llegado el momento,
sigamos siendo dóciles.

LAS GRULLAS DE IBICO

Gritos y lamentos de muerte,
angustioso batir de alas.
¡Qué suspiros, qué gimoteos
se elevan para nuestro escarnio!
Todos han sido aniquilados.
Su sangre tiñó el mar de rojo.
Una monstruosa codicia
roba a las garzas sus adornos.
El viento agita los penachos
de esos ventrudos patizambos.
Aliadas de nuestro ejército
que surcáis el mar en hileras,
os llamamos a la venganza
pues esta es también nuestra causa.
Que nadie reserve su sangre.
Guerra eterna contra esa chusma.

(Las GRULLAS se dispersan graznando.)

MEFISTÓFELES (En la llanura.)

Sé muy bien cómo manejar a las brujas del norte, pero con esos espíritus extranjeros no me encuentro a gusto. El Blocksberg sigue siendo un sitio muy cómodo, dondequiera que vaya uno se halla como en familia. La señora Ilse vela por nosotros desde su piedra, desde sus alturas se eleva Enrique alegremente. Es cierto que los Roncadores hablan en tono grosero a la Miseria, aunque todo está asegurado por miles de años. Pero aquí, ¿quién sabe adónde va y dónde está, o si debajo de él el suelo no va a estallar? Me dejo llevar despreocupado por un agradabla valle y, de pronto, detrás de mí, se alza una montaña, que, a decir verdad, no parece una montaña, y que es lo suficientemente alta como para separarme de mis esfinges. Aquí se agitan muchos fuegos que bajan por el valle y llamean en tomo a esta aventura. Aún danza y revolotea ante mí el galante coro, que me atrae mientras se aparta de mí de una forma burlesca. Sin embargo, calma. El que está acostumbrado a los caprichos, siempre busca algo que atrapar.

LAMIAS (Atrayendo hacia ellas a MEFISTÓFELES.)

Aprisa, más aprisa,
ven cada vez más lejos.
Luego, al detenernos,
sin parar charlaremos.
Es algo tan gracioso
provocar la atracción
del viejo pecador.
Con su pie atrofiado
se acerca cojeando
y arrastrando su pierna,
entretanto nosotras
de él nos alejamos.

MEFISTÓFELES (Deteniéndose.)

Maldita suerte. Hombrecitos engañados, infelices seducidos desde los tiempos de Adán. Nos volvemos viejos, pero quién sé vuelve juicioso. ¿No tienes ya suficientemente perdida la cabeza? Bien se sabe que no se puede obtener nada bueno de esas que llevan el corsé ceñido al cuerpo y las caras maquilladas. No tienen nada sano que ofrecernos, por donde quiera que se las agarre, sus miembros se descomponen. Ya se sabe, se ve, y aunque pueda palparlo con las manos, uno baila el son que esas putas nos tocan.

LAMIAS

¡Alto!, piensa y vacila, se detiene. Id a su encuentro para que no nos rehúya.

MEFISTÓFELES (Continúa.)

Vamos y no te dejes apresar estúpidamente en la red del titubeo, pues, si no hubiera ninguna bruja, ¿quién querría ser diablo?

LAMIAS (Con extremada gracia.)

Demos vueltas alrededor de este héroe. Seguro que el amor por alguna de nosotras llamará a la puerta de su corazón.

MEFISTÓFELES

Verdaderamente, iluminadas por esta luz trémula, parecéis hermosas damas y así no me gustaría agraviaros.

EMPUSA (Entrando en el corro.)

A mí, siendo de las vuestras, ni siquiera me dejáis formar parte de vuestro corro.

LAMIAS

Esa está de más entre nosotras; siempre hecha a perder nuestro juego.

EMPUSA (A MEFISTÓFELES.)

¡Te saluda Empusa, tu primita, tu colega con pies de asno! Tú sólo tienes un casco de caballo, pero, con todo, recibe mi saludo, primo.

MEFISTÓFELES

Aquí creí que sólo había desconocidos, pero por desgracia encuentro parientes próximos: esto es como hojear un viejo libro, no hago nada más que encontrar primos, del Harz hasta la Hélade.

EMPUSA

Yo sé obrar decidida y con rapidez. Podría transformarme en muchas cosas, pero ahora, en honor vuestro, me he puesto la cabeza de burro.

MEFISTÓFELES

Parece que para esta gente el parentesco es algo muy importante. Pero pasara lo que pasara, me negaría a llevar cabeza de asno.

LAMIAS

Deja a ese ser repugnante que provoca espanto. Todo aquello que se adivina y puede ser agradable y bueno desaparece en cuanto ella irrumpe.

MEFISTÓFELES

También me resultan sospechosas esas primitas tiernas y delicadas; detrás de esas mejillas como rosas presiento metamorfosis.

LAMIAS

Haz la prueba. Somos muchas. Echa mano de una de nosotras... Y, si tienes suerte, te llevarás lo mejor. ¿A qué vienen esas cancioncillas lascivas? Eres un pretendiente miserable, por mucho que te enorgullezcas y te pavonees. Ahora se mete entre nosotras. Quitaos las máscaras y que vea nuestro verdadero ser.

MEFISTÓFELES

He elegido a la más bonita. (Al abrazarla.) ¡Qué escoba desgastada! (Echando mano de otra.) Y esta, qué cara más horrible.

LAMIAS

No te creas que te mereces algo mejor.

MEFISTÓFELES

Quisiera asegurarme la más pequeña... Es como si un lagarto se me escapara de las manos, y su trenza de pelo liso parece una sierpe. En lugar de esta agarraré a la alta... Agarro un tieso con una piña en su extremo por cabeza. ¿Qué saldrá de todo esto? Todavía queda una rolliza con la que tal vez disfrutaré. ¡Haré un último intento! ¡Adelante! Muy gordinflona, mofletuda. Esto lo pagan los orientales a alto precio. Pero, ay, el hongo ha reventado.

LAMIAS

Disgregaos, temblad y flotad por el aire. Con la rapidez del rayo rodead como una bandada de aves negras al intruso hijo de la bruja. Trazad círculos imprecisos y que provoquen pavor, murciélagos de alas silenciosas. ¡Demasiado bien librado ha salido!

MEFISTÓFELES (Moviéndose de un lado para otro.)

No parece que haya despabilado mucho. Todo es absurdo aquí y todo es absurdo en el norte. Aquí, lo mismo que allí, hay grotescos fantasmas, pueblo y poetas de mal gusto; aquí todo es una mascarada, una danza sensual como en todas partes. Tenté bellas máscaras y abracé seres que me espantaron. Bien me hubiera gustado que el engaño no se disipara, que durara algo más. (Perdiéndose entre las rocas.) Pero, ¿dónde estoy?, ¿qué va a salir de esto? Esto era una senda y ahora es un horrible montón de escombros. Llegué aquí por un camino liso y ahora sólo veo guijarros ante mí. En vano escalo y desciendo la montaña, ¿dónde volveré a encontrar las esfinges? Nunca me hubiera figurado una cosa tan extravagante. Subir una montaña de esas en sólo una noche. Eso parece una cabalgata de brujas que llevan consigo su Blocksberg.

UNA OREADA(Saliendo de una roca.)

Sube aquí, la sierra donde moro es muy antigua, pero conserva su forma originaria. Honra estas estribaciones del Pindo. Ya estaba yo así impasible cuando Pompeyo huyó cruzándome. Al lado está el producto de la ilusión que se desvanecerá cuando cante el gallo. A menudo veo nacer y de inmediato desaparecer quimeras de ese tipo.

MEFISTÓFELES

Honor a ti, noble cumbre adornada por la vegetación circundante de robustas encinas. La claridad extremada de la luz de la luna no se atreve a adentrarse en tu penumbra. Pero junto a los matorrales brilla tímidamente una luz. Todo parece ser propicio. Caramba, si es el homúnculo. ¿De dónde vienes, pequeño colega?

HOMÚNCULO

Voy revoloteando de un lado para otro y me gustaría nacer en el mejor sentido de la palabra. Estoy ansioso por romper mi vidrio, pero a la vista de lo ocurrido, no me gustaría arriesgarme. Pero, para decírtelo en confianza, estoy en busca de dos filósofos, yo los escuché decir «¡Naturaleza!, ¡naturaleza!». No quiero apartarme de ellos, pues deben conocer la esencia de lo terrestre y acabaré sabiendo cuál de las posiciones es la más sabia.

MEFISTÓFELES

Eso hazlo por ti mismo, pues allá donde reinan los fantasmas es también bienvenido el filósofo. Para que la gente goce de su arte y favor, crea al instante una docena de nuevos fantasmas. Si no te equivocas, nunca llegarás a comprender. Si quieres nacer, hazlo por ti mismo.

HOMÚNCULO

Nunca se debe despreciar un buen consejo.

MEFISTÓFELES

Vete entonces. Ya veremos.

(Se separan.)

ANAXÁGORAS (A TALES.)

Tu terco espíritu no se doblega. Hace falta algo más para convencerte.

TALES

La onda se doblega con gusto a todos los vientos, pero se mantiene lejos de la escarpada roca.

ANAXÁGORAS

Por las emanaciones del fuego estas rocas están aquí.

TALES

Lo viviente nació de lo húmedo.

HOMÚNCULO (Entre los dos.)

Permitidme marchara vuestro lado, tengo vivos deseos de nacer.

ANAXÁGORAS

¿Has hecho salir del fango en una noche, oh Tales, una montaña como esta?

TALES

Nunca la naturaleza en su vivo fluir estuvo sujeta al día, a la noche y a las horas. Ella construye regularmente todas las formas y ni en lo grande hay violencia alguna.

ANAXÁGORAS

Pero aquí la hubo. Hubo un horrible fuego plutónico. Resonaron con fuerza los estallidos de vapores eólicos y rompieron la vieja costra del suelo llano y una nueva montaña surgió de inmediato.

TALES

¿Y qué se deduce de eso? Está y ahí se queda. Sea como fuere, ahí está la montaña. Con esas discusiones se pierde el tiempo y la paz y se enreda a la gente para llevarla al redil que uno desea.

ANAXÁGORAS

Pronto de la montaña empiezan a surgir mirmidones que acuden a habitar la hendiduras de las peñas, la familia de los pigmeos, las hormigas, los gnomos y otros diminutos y diligentes seres. (Al HOMÚNCULO.) Tú nunca aspiraste a lo grande, has vivido solitario y aislado. Si te acostumbras a la jerarquía, te coronaré rey.

HOMÚNCULO

¿Qué dice a esto, Tales?

TALES

Yo no te lo aconsejaría, con lo pequeño se hacen pequeños logros. Mira ahí, mira esa nube negra de grullas. Amenaza a ese pueblo agitado y amenazaría a su propio rey. Con sus puntiagudos picos y sus patas con terminaciones afiladas se lanzan sobre los pequeños. Ya resplandece en el cielo la tormenta del destino. Por medio de un crimen murieron las garzas que vivían a las orillas del tranquilo y pacífico lago. Pero aquella lluvia de mortales venablos dio lugar a que se urdiera una cruel y sangrienta venganza, despertó la ira de las parientes cercanas contra la criminal ralea de los pigmeos. ¿De qué os sirven ahora el escudo, el yelmo y la lanza? ¿Qué ayuda les prestan a los enanos los penachos de garza? ¡Cómo se esconden los dáctilos y las hormigas! ¡Su ejército flaquea, huye, sucumbe!

ÁNAXÁGORAS (Solemnemente después de una pausa.)

Si hasta aquí pude celebrar a las potencias subterráneas, en esta ocasión me he de dirigir hacia arriba. Tú, situada arriba, eterna y que nunca envejecerás. Tú, que tienes tres nombres y tres formas. Te invoco ante el dolor de mi pueblo: ¡Diana, Luna, Hécate!. Tú, que ensanchas el pecho y reflexionas con la más extremada profundidad, tranquila en apariencia, violenta en tu interior, abre el impresionante abismo de tus sombras, que se muestre tu antiguo poder.

(Pausa.)

¿He sido escuchado demasiado pronto?

¿Acaso mi súplica

hacia las alturas

ha trastornado el gran orden natural?

Y se acerca y se ve cada vez más grande y más grande el trono circular de la diosa. Temible para los ojos, inmenso, su fuego al rojo se va oscureciendo. No te acerques más, círculo amenazante y poderoso. ¿Vas a llevar a su final al mar y a la tierra? ¿Entonces sería cierto que algunas mujeres de Tesalia, con una impía confianza en la magia, te hicieron abandonar tu trayectoria y extraer de ti el peor de los influjos? El luminoso escudo se ha oscurecido. En un momento se ha rasgado, brilla y centellea. ¡Qué estruendo! ¡Qué zumbido de viento! Humildemente me postro ante el trono. ¡Perdón!, yo he invocado esto. (Se arroja de cara contra el suelo.)

TALES

Qué no habrá visto u oído este hombre. No sé muy bien qué nos ha pasado. Tampoco he percibido lo que él sentía. Confesemos que son horas locas y la luna se mece plácidamente en su sitio igual que antes.

HOMÚNCULO

Mirad la morada de los pigmeos. La montaña antes era redonda y ahora es puntiaguda. He sentido un enorme retumbar. La roca ha caído precipitándose desde la Luna y de inmediato ha matado, sin hacer distingos, tanto a amigos como a enemigos. De todas formas he de alabar estas artes que dieron lugar en una noche a la creación de una montaña.

TALES

Tranquilízate, sólo fue una ilusión. ¡Que se vaya de aquí esa repugnante raza! Afortunadamente para ti no has sido su rey. ¡Vayamos ahora a la alegre fiesta marina! Allí se espera y se honra a prodigiosos huéspedes.

(Se alejan.)

MEFISTÓFELES (Trepando por el lado opuesto.)

No tengo más remedio que ascender por empinados escalones de roca y arrastrarme por viejas encinas de recias raíces. En mi Harz, el aroma resinoso tiene un cierto matiz de pez que es de mi gusto, en él predomina el azufre... Aquí, entre estos griegos, apenas si hay rastro de estos olores. Tengo curiosidad por averiguar con qué avivan los tormentos y las llamas del infierno.

DRÍADA

En tu país podrás ser inteligente, pero en el extranjero no eres suficientemente diestro. No debieras pensar tanto en tu patria, debieras venerar la dignidad de las encinas sagradas.

MEFISTÓFELES

Aquello a lo que uno está acostumbrado es un paraíso. Pero decidme: ¿Qué es aquel ser de triple figura que se ve acurrucada en esa hendidura de la montaña?

DRÍADA

Son las Fórcidas. Acércate a ellas y háblales si no te espantan.

MEFISTÓFELES

¿Por qué no? Yo veo algo y me asombro. Con lo orgulloso que soy, debo reconocer que nunca he visto nada igual. Son más horrorosas que las figuras de la mandrágora. ¿Es posible encontrar algo de mayor fealdad en los más reprobables pecados que en ese engendro triple? No podríamos soportarlas ni en los márgenes de nuestros infiernos. Aquí echa raíces en el país de la belleza. ¿Y esto recibe el nombre de clásico?... ¡Se mueven! Parecen advertir mi presencia. Dan silbidos agudos como los murciélagos vampiros.

UNA FÓRCIDA

Dadme el ojo, hermanas, para ver quién se aventura a acercarse tanto a nuestros templos.

MEFISTÓFELES

Respetabilísimas damas. Permitidme acercarme a vosotras y recibid vuestra triple bendición. Yo me presento todavía como un desconocido, pero, si no me equivoco, soy un pariente lejano. He visto dioses viejos y dignos. Ya me he inclinado ante Ope y Rea. Ayer vi a las Parcas, hermanas del caos y vuestras, las vi ayer... o anteayer; y con todo no he visto a nadie igual que a vosotras. Ahora callo y permanezco fascinado ante vuestra presencia.

FÓRCIDA

Parece que tiene inteligencia este espíritu.

MEFISTÓFELES

Me sorprende que no haya ningún poeta que os aprecie. Y decidme: ¿qué pasó, qué pudo ocurrir para que ninguna estatua os representara a vosotras, las más dignas de ser inmortalizadas? Que el cincel intente esculpiros a vosotras y no a Juno, a Palas o similares.

FÓRCIDA

Sumidas en la soledad y en la más calmada noche, nuestra tríada jamás pensó en ello.

MEFISTÓFELES

Pero, ¿cómo puede ser que estéis apartadas del mundo y a nadie veáis y nadie os vea? Deberíais ir a vivir en los lugares donde la magnificencia y el arte estaban sentados en el mismo trono, allá donde todos los días, veloz y con paso redoblado, un bloque de mármol cobra vida con la figura de un héroe, donde...

FÓRCIDA

Calla tu boca y no nos inspires deseos. ¿Qué nos ayudaría saber algo más a nosotras, nacidas en la noche, emparentadas con lo tenebroso y casi desconocidas para nosotras mismas?

MEFISTÓFELES

En estos casos no hay mucho que decir. También se puede expresar uno a sí mismo. A vosotras tres os basta con un ojo y con un diente. Así pues, según la mitología, sería posible reunir en dos la esencia de tres y que me dejarais la figura de la tercera por poco tiempo.

UNA FÓRCIDA

¿Qué os parece?, ¿es posible eso?

LAS OTRAS

Lo intentaremos, pero sin ojo y sin diente.

MEFISTÓFELES

Pues entonces prescindiríais de lo mejor. ¿Cómo podría ser perfecta la imagen?

UNA FÓRCIDA

Cierra un ojo, eso es fácil, deja luego ver un solo colmillo, y visto de perfil conseguirás parecerte a nosotras como un hermano a unas hermanas.

MEFISTÓFELES

Es un honor. ¡Que así sea!

FÓRCIDAS

¡Que así sea!

MEFISTÓFELES (Imitando a las FÓRCIDAS de perfil.)

Aquí estoy yo, el hijo preferido del caos.

FÓRCIDAS

Nosotras somos las hijas del caos y de eso no hay duda alguna.

MEFISTÓFELES

Oh vergüenza, ahora se me representará como un hermafrodita.

FÓRCIDAS

Qué belleza hay en la nueva tríada de las hermanas, ahora tenemos dos ojos y dos dientes.

MEFISTÓFELES

Ahora tendré que esconderme de los ojos de todos para ir a asustar a los demonios en el abismo del infierno.

CALAS ROCOSAS EN EL MAR EGEO

(La Luna está en su cenit.)

SIRENAS (Tocando música y cantando en las rocas.)

Si en una pavorosa noche
unas mujeres de Tesalia
te atrajeron sacrílegamente,
mira desde tu curvatura
serena las trémulas olas,
hormigueo suave y brillante,
e ilumina el tenue bullicio
que hacen la olas al romper.
Estamos siempre a tu servicio.
Luna, danos tu favor siempre.

NEREIDAS Y TRITONES (Conforma de monstruos marinos.)

Emitid fuertes y agudos
sonidos que el mar atraviesen,
llamad al pueblo del abismo.
El arremolinado mar,
nos incita a retroceder
a profundidades más tranquilas.
Un dulce canto nos atrajo.
Ved cómo, estando fascinados,
nos ponemos cadenas de oro,
una corona de diamantes,
broche y pasador enjoyados.
Vuestro trabajo lo labró.
Los tesoros de aquel naufragio
los atrajeron vuestros cantos,
demones de esta bella cala.

SIRENAS

En el grato frescor del mar
los peces mucho se complacen
de una vida serena y libre;
mas vosotros, tropel festivo,
hoy nos gustaría saber
si sois algo más que los peces.

NEREIDAS Y TRITONES

Antes de que hasta aquí llegáramos,
ya lo teníamos pensado.
Hermanos y hermanas, deprisa.
Valdrá con el más breve viaje
para demostrar plenamente
que somos mucho más que peces.

(Se alejan.)

SIRENAS

Se han marchado en un instante
nadando rumbo a Samotracia;
el viento propició su marcha.
¿Qué pretenderán hacer ellos
en el reino de los Cabires?
Son dioses, y muy singulares,
que se engendran continuamente
a sí mismos sin conocerse.

TALES (En la orilla hablando al HOMÚNCULO.)

No me importaría llevarte ante el viejo Nereo, pues no estamos lejos de su cueva, pero es muy tozudo, avinagrado y arisco. Nadie en el mundo entero hace nada a gusto del viejo gruñón. Sin embargo, sabe leer el futuro y por eso se ha ganado el respeto de todos y todos le honran en su retiro, además ha hecho bien a más de uno.

HOMÚNCULO

Hagamos la prueba y llamemos a su puerta. No creo que me cueste el vidrio y la llama.

NEREo

¿Son voces humanas las que perciben mis oídos? ¡Qué ira siento en el fondo de mi corazón! Son criaturas que pretenden llegar a ser dioses y están condenadas, sin embargo, a semejarse siempre a sí mismas. Desde hace años podría estar disfrutando de un descanso divino y con todo sentía el impulso de hacer bien a los mejores de los hombres. Y cuando veía lo que habían hecho, me percataba de que daba igual lo que les hubiera aconsejado.

TALES

Y a pesar de ello, oh anciano del mar, se confía en ti. Tú, que eres sabio, no nos expulses de aquí. Mira esta llama, aunque tiene forma humana, se entrega enteramente a tu consejo.

NEREO

¿Qué? ¿Un consejo? ¿Ha tenido en cualquier ocasión algún consejo valor para un hombre? Una palabra sensata se atrofia en un oído duro. A pesar de que la mayoría de las veces todos se reprochan despiadadamente por sus errores, la gente sigue igual de recalcitrante. ¡Cuántas paternales advertencias le hice a Paris antes de que su pasión enredara a una mujer extranjera! En la playa griega estaba él lleno de audacia, yo le anuncié lo que veía en mi espíritu: el aire estaba cargado, todo se inundaba de un rojo vivo, un maderamen abrasado, debajo la masacre y la muerte; era el día de la sentencia de Troya, inmortalizado por los versos y tan horrendo como famoso durante miles de años. La palabra del viejo le pareció un juego al descarado muchacho. Él siguió los dictados de su deseo e Ilión cayó. Era un cadáver gigantesco yacente después de un largo tormento que sirvió de festín para el águila del Pindo. ¿No le predije también a Ulises contra los manejos de Circe y la crueldad del Cíclope? ¿No le hablé de su propia irresolución y del frívolo espíritu de los suyos y qué sé yo de cuántas cosas más? ¿Sacó él algún beneficio de esto? Ninguno, hasta que, bien zarandeado, las olas lo llevaron a una costa hospitalaria.

TALES

Para el hombre sabio este proceder es un tormento, con todo, el bondadoso prueba una vez más. Un dracma de agradecimiento contará más para llenarlo de gozo que una arroba de ingratitud. Y es que no es poco lo que tenemos que suplicar: este muchacho que está a mi lado quiere nacer.

NEREO

No turbéis uno de mis rarísimos buenos momentos. Hoy estoy a la espera de algo muy diferente: mandé venir aquí a todas mis hijas, las gracias del mar, la dóridas. Ni el Olimpo, ni vuestra tierra ha dado lugar a un conjunto que se mueva con tanto donaire. Con los más graciosos gestos, se lanzan desde el dragón marino a los caballos de Neptuno. Están tan unidas tiernamente al líquido elemento, que incluso la misma espuma parece sostenerlas. Realzando el juego de colores del carro de moluscos de Venus viene Galatea, la más bella de todas, quien desde que Cipris se alejó de nosotras es adorada en Pafos como diosa. Y por eso hace ya mucho tiempo que este noble ser posee, en su condición de heredera, la ciudad del templo y el trono del carro.

Marchaos de aquí. Es la hora de los goces paternales, que el odio abandone el corazón, que las imprecaciones se alejen de la boca. Id ante Proteo. Preguntad a ese hacedor de milagros cómo puede uno nacer y transformarse.

(Se aleja en dirección al mar.)

TALES

No hemos adelantado nada dando este paso. Apenas se encuentra a Proteo, ya ha desaparecido, y si se detiene ante vosotros, no dice más que frases sorprendentes que lo dejan a uno perplejo. Pero de todas maneras, como estás tan necesitado de consejo, lo intentaremos y cambiaremos nuestro rumbo.

(Se alejan.)

SIRENAS (En lo alto de las rocas.)

¿Qué vemos en la lejanía
dejando tras de sí las olas?
Se asemejan a blancas velas
que rinden obediencia al viento.
¡Qué transfigurado esplendor
el de las señoras del mar!
Bajemos por aquellas rocas.
Escuchad atentas sus voces.

NEREIDAS Y TRITONES

Lo que llevamos en las manos
debe a todos agradar.
El gran escudo de Quelona
refleja una imagen severa,
son deidades que aquí traemos.
Hay que cantar sublimes cantos.

SIRENAS

Pequeños de talla
mas de gran poder.
Salvan a los náufragos,
su culto es remoto.

NEREIDAS Y TRITONES

Hemos traído a los Cabires
para una serena fiesta,
pues allá donde ellos están,
Neptuno se muestra propicio.

SIRENAS

Siempre en todo nos superáis,
cuando una embarcación encalla
con una fuerza insuperable
salváis a la tripulación.

NEREIDAS Y TRITONES

A tres traemos con nosotros.
El cuarto no quiso venir.
Él dijo que era el verdadero,
que pensaba por los demás.

SIRENAS

Un dios de otro dios
puede burlarse.
Alabad sus gracias,
temed sus castigos.

NEREIDAS Y TRITONES

En realidad son siete.

SIRENAS

¿Dónde están los otros tres?

NEREIDAS Y TRITONES

No sabríamos decíroslo.
En el Olimpo preguntad.
Allí también mora el octavo,
en el que nunca nadie pensó.
Dispuestos siempre a los favores,
aunque no todos todavía.
Estos seres incomparables
siempre desean algo más,
siempre nostálgicos o ávidos
de aquello que es inalcanzable.

SIRENAS

Estamos acostumbradas
a alabar a cualquier rey
bajo la luna y el sol.
Nos resulta provechoso.

NEREIDAS Y TRITONES

Nuestra fama se hace mayor
por organizar esta fiesta.

SIRENAS

Los héroes de la antigüedad
carecían de toda fama
mírese por donde se mire.
Consiguieron el vellocino,
mas vosotros a los Cabires.

(Repetido en coro.)

NEREIDAS, TRITONES Y SIRENAS

Consiguieron el vellocino,

mas vosotros / (nosotros) a los Cabires.

(Las NEREIDAS y los TRITONES siguen adelante.)

HOMÚNCULO

Esos engendros me parecen

ollas de barro mal cocido.

Los sabios se encuentran con ellos

y rompen sus cabezas duras.

TALES

Esto es precisamente lo que se desea. La pátina hace valiosa la moneda.

PROTEO (Sin ser observado.)

Así me gusta, viejo charlatán, cuanto más raro, más respetable.

TALES

Proteo, ¿dónde estás?

PROTEO (Hablando como un ventrílocuo, unas veces cerca y otras lejos.)

¡Aquí y aquí!

TALES

Te perdono esta vieja broma, pero no le hables vanamente a un amigo. Sé que hablas desde un lugar incierto.

PROTEO (Como si estuviera en la lejanía.)

Adiós.

TALES

Está muy cerca. Brilla con fuerza. Es curioso como un pez y dondequiera que esté, bajo una u otra forma, es atraído por la llama.

HOMÚNCULO

Derramaré enseguida mucha luz, pero tendré cuidado, no vaya a romper la linterna.

PROTEO (Con la forma de una enorme tortuga.)

¿Qué es eso que reluce con tan hermoso fulgor?

TALES (Ocultando al HOMÚNCULO.)

Bueno, si lo deseas, puedes verlo más de cerca. No te sientas agobiado por ese pequeño esfuerzo. Y muéstrate como un humano, sobre dos pies. El que quiera ver lo que oculto, que lo consiga por nuestro favor, por nuestra voluntad.

PROTEO (Con noble figura.)

Todavía dominas las sutilezas filosóficas.

TALES

Y a ti te sigue causando placer el cambio de forma. (En esto descubre al HOMÚNCULO.)

PROTEO (Extrañado.)

¡Un enanito luminoso!, ¡nunca vi nada igual!

TALES

Solicita consejo y le gustaría nacer. Según he sabido, vino al mundo de manera muy extraordinaria, aunque sólo a medias. No le falta ninguna capacidad espiritual, pero le faltan muchas propiedades tangibles. Hasta ahora lo único que le da consistencia es el vidrio, pero le gustaría estar dotado de cuerpo.

PROTEO

Eres un auténtico hijo de virgen. Antes de haber nacido, has nacido ya.

TALES (En voz baja.)

Por otra parte, el caso parece crítico, es probable que se trate de un hermafrodita.

PROTEO

Entonces tendremos más posibilidades de triunfar. De cualquier modo, que se presente la cosa, todo se arreglará. Pero no es hora de muchas cavilaciones. Deberás encontrar tu origen en el vasto mar. Allí uno empieza siendo pequeño y le encuentra gusto a engullir a los diminutos, de este modo se va creciendo poco a poco y se adquiere forma para emprender acciones más elevadas.

HOMÚNCULO

Aquí sopla un airecillo muy suave, esto enverdece y el aroma me agrada.

PROTEO

Ya lo creo, delicioso jovencito. Más lejos te sentirás mucho mejor; en esa estrecha lengua de playa rodeada por el mar, la atmósfera es inenarrable. Ahí enfrente vemos bastante cerca a la multitud que llega flotando. Acompañadme.

TALES

Yo voy contigo.

HOMÚNCULO

Paseo de espíritus triplemente digno de verse.

(Los TELQUINOS DE RODAS llegan montados sobre caballos de mar y dragones marinos, manejando el tridente de Neptuno.)

CORO DE TELQUINOS

Hemos forjado a Neptuno el tridente con que apacigua las más embravecidas olas. Si el Dueño de los truenos despliega las nubes llenas de tormentas, Neptuno responde al pavoroso rumor del trueno. Y si de las alturas se descargan rayos de línea quebrada, desde abajo se levanta una oleada tras otra. Y aquello que en medio ha luchado sintiendo el miedo, y que durante mucho tiempo ha sido zarandeado, es tragado por el profundo abismo. Por eso él nos ha concedido hoy el cetro. Y ahora flotamos festivamente, tranquilos y libres.

SIRENAS

Vosotros, consagrados a Helios, benditos ante la luz del día, salud en esta hora que invita

a venerar a la suave Luna.

TELQUINOS

Tú, diosa, que eres la más amable de todas y estás en la bóveda celeste. Tú oyes cómo se celebra con entusiasmo a tu hermano. Prestas atención a lo que se oye en la privilegiada Rodas, de allí surge un himno eterno. Al empezar el día y cuando este se acerca a su fin, nos echa una mirada de fuego. Las montañas, las ciudades, las orillas, las olas le gustan al dios, pues son agradables y luminosas. No hay niebla en torno a nosotros; si un poco de ella se desliza, basta un rayo de luz y una brisa leve para que quede pura la isla. Allí, el Supremo se contempla en cien formas: como adolescente, como gigante, grandioso, benéfico. Nosotros fuimos los primeros en representar el poder del dios con una digna forma humana.

PROTEO (Al HOMÚNCULO.)

Déjalos cantar, déjalos jactarse de sus logros. Para los sagrados y vivificadores rayos del sol, las obras muertas son una broma. Su luz funde infatigablemente dando forma a todo. Ellos, por haberlos fundido en metal, piensan que han hecho una proeza. Pero, ¿qué les pasó al fin a estos soberbios? Las imágenes de los dioses fueron imponentemente erigidas, pero una sacudida de tierra las destruyó y hubo que refundirlas hace mucho tiempo. Todo aquello que se hace en la Tierra no es más que un afán vano. La ola es mucho más provechosa para la vida; al reino de las aguas eternas te va a llevar Proteo-delfín. (Se transforma.) Ya está hecho. Esto debe beneficiarte, montarás sobre mi lomo y te desposaré con el océano.

TALES

Cede a ese loable deseo de empezar tu creación desde un momento anterior. Permanece dispuesto a una rápida acción. Allí te moverás según leyes eternas, cambiarás mil y diez mil veces de forma. Hasta llegar a ser hombre tienes tiempo.

(El HOMÚNCULO se monta sobre PROTEODELFÍN.)

PROTEO

Acompáñame, ser inmaterial, a la húmeda inmensidad. Allí te moverás a tus anchas y por donde quieras. Sólo te ruego que no quieras remontarte a un orden más elevado, pues cuando llegues a ser hombre, todo acabará para ti.

TALES

Eso según y cómo, pues es muy digno ser un esclarecido hombre de la propia época.

PROTEO (A TALES.)

Es bueno ser uno de tu estilo, pero eso sólo dura un momento, pues desde hace ya cientos de años, te veo ya rodeado de pálidas legiones de espíritus.

SIRENAS (Desde las rocas.)

¿Qué anillo de nubes rodea tan deliciosamente la Luna? Son palomas encendidas de amor, con plumas blancas de una claridad pareja a la luz. Ha sido enviada desde Pafos esta bandada en celo. Nuestra fiesta está completa, en su alegre deleite, pleno y puro.

NEREO (Avanzando hasta TALES.)

Un viajero nocturno llamaría a esa corte que se ha formado en torno a la Luna fenómeno aéreo, pero nosotros los espíritus somos de un parecer muy diferente, y estamos en lo cierto. Son palomas que forman el cortejo de mi hija, llevado por su carro de conchas de molusco, que vuela admirablemente al estilo de la escuela antigua.

TALES

Estimo que lo mejor es lo que le place al hombre ilustre cuando en el nido tranquilo y cálido se mantiene vivo algo sagrado.

PSILOS Y MARSOS (A lomos de toros, becerros y carneros marinos.)

En las agrestes cuevas de Chipre, no sepultadas por el dios del mar y no derruidas por Seísmos, nosotros, rodeados por las eternas brisas, y, como en los viejos tiempos, con una tranquila satisfacción, guardamos el carro de Cipris, y el susurro de la noche, a través del adorable tejido que hacen, entremezclándose, las olas, hasta aquí conducimos, invisibles para la nueva generación, a la más encantadora de tus hijas. Silenciosamente activos, no tememos ni al Águila ni al León alado, ni a la Cruz ni a la Media Luna, nos importa muy poco cómo viven y quién gobiema allá arriba, ellos se agitan y se mueven alternativamente, se diseminan y se matan, saquean las mieses, asuelan ciudades. Nosotros, como siempre, seguimos llevando a cuestas a nuestra magnífica diosa.

SIRENAS

Con movimientos suaves y rapidez discreta,
formando, en torno al carro, uno y otro círculo,
enlazadas unas a otras formando filas,
colocadas en una serpenteante hilera,
acercaos hasta aquí vigorosas Nereidas,
recias mujeres, de salvaje y agreste encanto,
conducid y portad, tiernas y gráciles Dóridas
a Galatea, la viva imagen de su madre.
Grave su semblante, similar al de los dioses,
es dueña de una respetable inmortalidad,
pero, al igual que las nobles mujeres mortales,
atesora una muy atractiva gentileza.

DÓRIDAS (Pasando en coro ante NEREO, todas sobre delfines.)

¡Luna, préstanos tu luz y tu sombra!,
¡dona claridad a esta joven flor!,
pues aquí presentamos, suplicantes
ante el dios, a los amantes esposos.

(A NEREO.)

He aquí unos jóvenes muchachos
que salvamos de la rompiente cruel,
tendimos en lechos de junco y musgo
y nuestro calor la luz les devolvió.
Ahora, dándonos cálidos besos,
deben agradecérnoslo cordialmente.
Mira propicio a estos nobles jóvenes.

NEREO

Es digna de ser tenida en cuenta esa doble ventaja: poder ser compasivas y al mismo tiempo deleitarse.

DÓRIDAS

Padre, si apruebas nuestro proceder,
nos das una merecida alegría.
Estrechémoslos, pues, inmortalmente
contra nuestro eternamente joven pecho.

NEREO

Podéis disfrutar de esa buena presa, haced del muchacho un hombre, pero no puedo daros aquello que sólo Zeus puede garantizar. La ola en la que os mecéis y columpiais no permite que el amor perdure. Cuando el juego de la atracción haya terminado, tendréis que depositarlos apaciblemente en la orilla.

DÓRIDAS

Nobles muchachos, tenéis nuestro amor,
mas tristes deberemos separarnos.
Queríamos fidelidad eterna,
pero los dioses no nos la toleran.

JÓVENES

Con tal que sigáis así, recreándonos
a nosotros, valerosos marinos...
No hemos disfrutado tanto nunca
y no aspiramos a disfrutar más.

(GALATEA se acerca con su carro de conchas de molusco.)

NEREO

Eres tú, mi pequeña.

GALATEA

¡Oh, padre!, ¡qué fortuna! Deteneos, delfines, que esa mirada me cautiva.

NEREo

Ya están lejos, pasan de largo como un torbellino que hace círculos. ¿Qué les importa el estremecimiento interno del corazón? ¡Ojalá me llevaran consigo! Pero tan sólo una mirada me deleita resarciéndome por todo el año.

TALES

¡Salve!, ¡salve otra vez! Me alegro y florezco, invadido por lo bello y lo verdadero. Todo surge del agua y todo se mantiene vivo gracias al agua. Océano, favorécenos con tu eterno poder. Si no enviaras las nubes y no derramaras ricos arroyos, si no dirigieras los ríos hacia un lado u otro, si no dieras acabado a los torrentes, ¿qué serían entonces, las montañas, las llanuras y el mundo? Tú eres el que mantiene la siempre fresca vida.

ECO (Con coro de todos los círculos.)

Tú eres el que mantiene la siempre fresca vida.

NEREO

Se retiran a la lejanía, balanceándose. Sus miradas ya no se encuentran con las mías. Formando extensas cadenas circulares, va serpenteando la innumerable multitud para mostrar maneras festivas. Pero sigo y seguiré viendo el trono de conchas de molusco de Galatea. Luce como una estrella por entre la multitud. A través de ese tropel reluce el objeto amado. Incluso desde la lejanía, se ve su claridad, siempre cercana y verdadera.

HOMÚNCULO

En esta noble humedad todo lo que ilumino tiene una agradable belleza.

PROTEO

En esta humedad vital, tu luz empieza a refulgir con magnífica armonía.

NEREO

¿Qué nuevo misterio, en medio de las multitudes, quiere revelarse ante nuestros ojos? ¿Qué es lo que reluce entre las conchas de los moluscos a los pies de Galatea? Tan pronto arde con violencia, tan pronto con suavidad, tan pronto con dulzura, como si fuera movido por las pulsaciones del amor.

TALES

El homúnculo ha sido seducido por Proteo... Estos son los signos de una dominante nostalgia. Presiento el gemido de una sacudida angustiosa, va a estrellarse contra el brillante trono. Ahora despide llamas, echa chispas, se está derramando.

SIRENAS

¿Qué ardiente prodigio ilumina las olas que rompen centelleantes unas contra otras? Eso reluce, se mece y lo inunda todo de fulgor. Los cuerpos se abrasan en una huida nocturna y todo queda cercado de fuego. Que reine
Eros, que a todo dio comienzo.
Salve al mar, salve a las olas,
rodeados del sacro fuego.
Salve al agua, salve al fuego.
Salve a ti, rara aventura.

TODOSJUNTOS

Salve, aire que te meces.
Salve, gruta misteriosa.
Aquí se os alaba a todos
vosotros, cuatro elementos.