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Fausto.  Johann Wolfgang Goethe
Capítulo 11. UNA CALLE
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(FAUSTO y MEFISTÓFELES.)

FAUSTO

¿Cómo va todo?, ¿se avanza?, ¿lo lograremos?

MEFISTÓFELES

¡Ah, bravo! ¿Estás en ascuas? En poco tiempo Margarita será tuya. Esta noche la verás en casa de su vecina Marta. Una mujer que ni pintada para celestineos y gitanerías.

FAUSTO

¡Bien!

MEFISTÓFELES

Pero se exige algo de nosotros.

FAUSTO

Bien merece la pena devolver un favor por otro.

MEFISTÓFELES

Hemos de dar fe de que los restos de su esposo descansan en Padua y están enterrados en tierra sagrada.

FAUSTO

¡Muy inteligente! Entonces tendremos que viajar primero allí.

MEFISTÓFELES

¡No se trata de eso; sancta sinplicitas! Hay que atestiguarlo sin informarse previamente.

FAUSTO

Si no hay otro camino, el plan ha fracasado.

MEFISTÓFELES

Oh, santo varón, ¿con esas sales? ¿Es esta la primera vez en tu vida que das falso testimonio? ¿No has dado definiciones más fuertes sobre Dios, el mundo y lo que en él se mueve, sobre el hombre y sobre lo que en el interior de su corazón se agita?, ¿y no lo hiciste con pecho audaz y mente disipada? Si miras en tu interior, ¿no has de confesar que sabes tanto de eso como de la muerte del señor Schwerdtlein?

FAUSTO

Eres y serás un mentiroso, un sofista.

MEFISTÓFELES

¡Ah, si no se supiera un poco más! Pues mañana, con todo el honor, ¿no irás a aturdir a la pobre Margarita jurándole un amor profundo?

FAUSTO

¡Lo haré de corazón!

MEFISTÓFELES

¡Muy bonito! Luego hablarás de la eterna lealtad, amor de un único deseo todopoderoso. ¿Y todo eso saldrá del corazón?

FAUSTO

¡Sí saldrá! ¡Déjalo ya! Si siento algo y busco nombre para el sentimiento y el fuego en el que ardo, y no lo encuentro y ando por el mundo para alcanzar las palabras más elevadas, y a ese fuego que me quema lo llamo infinito, ¿es esto un juego y un engaño diabólico?

MEFISTÓFELES

Pero tengo razón.

FAUSTO

Escucha y atiéndeme, y sobre todo no me fatigues más: quien se empeña en tener razón, si se apoya en la elocuencia, acaba teniendo razón. Vamos, ya estoy harto de tanto cotorreo. Tienes razón, sobre todo porque no me queda más remedio.