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Fausto.  Johann Wolfgang Goethe
Capítulo 10. LA CASA DE LA VECINA
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MARTA (Sola.)

¡Que Dios perdone a mi marido! No me hizo ningún bien. Se ha ido a recorrer el mundo y me dejó sola en la estacada. Yo no hice nada que le molestara. Dios sabe que le amé de veras. (Llora.) Quizás esté muerto. ¡Qué pena! Si al menos tuviera un certificado de defunción.

(Viene MARGARITA.)

MARGARITA

¡Señora Marta!

MARTA

¿Qué hay de nuevo, Margarita?

MARGARITA

Las piernas me tiemblan tanto, que apenas puedo permanecer de pie. He vuelto ha encontrar un cofrecito en mi armario; es de ébano y contiene alhajas mucho más valiosas que las del primero.

MARTA

Ni una palabra a tu madre o se las volverá a dar al confesor.

MARGARITA

¡Mírelas, mírelas tan sólo!

MARTA (Adorna a MARGARITA con las joyas.)

¡Criatura dichosa!

MARGARITA

Por desgracia, no puedo dejarme ver con ellas en la calle ni en la iglesia.

MARTA

Ven a visitarme con frecuencia y ponte las joyas a escondidas. Pasea durante una hora delante del espejo. ¡Será una buena diversión para nosotras! Luego ya habrá alguna ocasión; alguna fiesta donde poco a poco podrás dejarte ver ante la gente, primero una cadenita, luego los pendientes de perlas... Probablemente no lo vea tu madre o podamos engañarla con algo.

MARGARITA

Quién habrá traído los dos cofrecitos. Esto no me huele muy bien. (Llaman a la puerta.) ¡Dios mío, puede que sea mi madre!

MARTA (Observando por la mirilla.)

Es un caballero desconocido. ¡Adelante!

(Entra MEFISTÓFELES.)

MEFISTÓFELES

He de pedir excusas a las damas por haberme tomado la libertad de entrar. (Retrocede respetuosamente ante MARGARITA.) Busco a la señora Marta Schwerdtlein.

MARTA

Soy yo, ¿qué queréis de mí?

MEFISTÓFELES (Hablándole en voz baja.)

Por ahora me basta con conocerla. Tiene usted una visita distinguida. Perdone la confianza que me tomo, pero volveré por la tarde.

MARTA (En voz alta a MARGARITA.)

¡Mira qué cosa más particular!... Ese caballero te toma por una encopetada señorita.

MARGARITA (En voz alta.)

Soy una muchacha de sangre humilde. ¡Válgame Dios!, sois demasiado amable, señor. Las joyas y las alhajas no son mías.

MARTA

¿Qué noticias trae de mi marido? ¿Me pide mucho dinero?

MEFISTÓFELES

Me gustaría traer mejores noticias. Espero que no me reproche por ello. Su marido murió y le manda recuerdos.

MARTA

¿Ha muerto? Pobre de mi fiel corazón. Oh, dolor. ¡Mi marido ha muerto! ¡Me desmayo!

MARGARITA

Ah, estimada señora, no desesperéis.

MEFISTÓFELES

Escuchad mi triste relato.

MARTA

No volveré a amar a nadie. La pérdida me desolará hasta la muerte.

MEFISTÓFELES

La alegría ha de tener pena y la pena alegría.

MARTA

Contadme cómo fue su final.

MEFISTÓFELES

Está enterrado en Padua, junto a San Antonio. En un lugar sacrosanto obtuvo el frío y eterno lecho.

MARTA

¿No habéis traído nada más para mí?

MEFISTÓFELES

Sí, un favor grande y difícil: qué mandéis decir trescientas misas por él. Por lo demás, mis bolsillos están vacíos.

MARTA

¿Cómo? ¿Ni un medallón?, ¿ni una alhaja? ¡Ni eso que el más modesto de los trabajadores manuales guarda en el fondo del saco como recuerdo, conservándolo aunque tenga que pasar hambre y mendigar!

MEFISTÓFELES

Señora, lo siento en el alma, pero él no ha malgastado su dinero. También se arrepintió muy profundamente de sus pecados y se lamenta todavía más de su mala suerte.

MARGARITA

¡Por qué seremos tan míseros los seres humanos! Sí, haré que por él digan muchos Réquiem.

MEFISTÓFELES

Merecéis llegar pronto al matrimonio. Sois una amable niña.

MARGARITA

Todavía no es tiempo de eso.

MEFISTÓFELES

Si no es un marido, puede ser entretanto un amante. Es un don del cielo tener algo tan bello entre los brazos.

MARGARITA

No es esa la costumbre del país.

MEFISTÓFELES

Sea o no sea la costumbre, se hace.

MARTA

¡Contadme!

MEFISTÓFELES

Estuve en su lecho de muerte, que casi era de inmundicia, era de paja semipodrida; él murió como cristiano y vio que había dejado muchas deudas sin saldar. Exclamó: «Tengo que odiarme profundamente por haber dejado mi trabajo y a mi mujer. Este recuerdo me mortifica. Si al menos pudiera perdonarme en vida».

MARTA (Llorando.)

El buen hombre. Hace ya mucho tiempo que lo he perdonado.

MEFISTÓFELES

«Pero, bien sabe Dios que ella es más culpable que yo.»

MARTA

¡Eso es mentira! ¡Vaya! ¡Mintiendo al filo de la tumba!

MEFISTÓFELES

Aunque yo no entiendo mucho de eso, creo que en sus últimos momentos deliraba: «No he podido», dijo, «malgastar el tiempo. Primero vinieron los hijos y luego tuve que conseguirles el pan, el pan en todos los sentidos, y ni siquiera pude comer mi parte en paz».

MARTA

¡Así olvidó mi fidelidad y mi amor, las fatigas que pasé día y noche!

MEFISTÓFELES

Ah, no, él pensó de corazón en usted. Dijo: «Al salir de Malta recé con fervor por mi mujer y mis hijos, y el Cielo nos fue propicio, pues nuestra nave hizo presa a una galera turca que llevaba un tesoro del gran Sultán. La valentía tuvo recompensa, yo también recibí, como era justo, mi parte bien medida».

MARTA

¿Cómo?, ¿dónde?, ¿lo habrá enterrado tal vez?

MEFISTÓFELES

¿Quién sabe dónde se lo habrá llevado el viento? Una linda dama se prendó de él al andar por Nápoles errante y le dio tanto amor y fidelidad que la tuvo presente hasta el fin.

MARTA

Ese pícaro, ese ladrón de sus hijos. Ni toda la miseria ni la escasez le impidieron llevar a cabo su vergonzosa vida.

MEFISTÓFELES

Veis; por eso ha muerto. Si estuviera en vuestro lugar, le guardaría un recatado año de luto mientras me buscaba un nuevo amado.

MARTA

Ah, Dios. Difícilmente encontraría uno como mi primer marido. Apenas podrá haber un loco más enternecedor. Sólo era aficionado al mucho errar, a las mujeres extranjeras, al vino extranjero y al condenado juego de los dados.

MEFISTÓFELES

Bien, yo veo así la cosa. Con la condición de ser más o menos tan tolerante como lo fue con él, cambiaría con usted los anillos.

MARTA

¡Vaya, al caballero le gusta bromear!

MEFISTÓFELES (Para sí.)

Voy a marcharme ahora mismo. Esta es capaz de tomarle la palabra al mismo diablo. (A MARGARITA.) ¿Y a vuestro corazón, cómo le va?

MARTA

¿Qué quiere decir el señor con eso?

MEFISTÓFELES (Para sí.)

¡Niña buena e inocente! (En voz alta.) ¡Adiós, señoras!

MARGARITA

¡Adiós!

MARTA

Pero decidme antes algo. Me gustaría tener un documento de dónde y cómo está enterrado mi esposo. Siempre he sido amiga del orden, e incluso me gusta ver las esquelas de las gacetas semanales.

MEFISTÓFELES

Sí, buena mujer; por boca de dos testigos se establece la verdad. Tengo un distinguido compañero al que os pondré frente al juez. He de traerlo aquí.

MARTA

¡Oh, hacedlo!

MEFISTÓFELES

¿Estará aquí la doncella? Él es un buen muchacho. Ha viajado mucho y ha mostrado su cortesía a muchas jóvenes damas.

MARGARITA

Ante él enrojecería de vergüenza.

MEFISTÓFELES

No deberías hacerlo ante ningún rey de la tierra.

MARGARITA

Detrás de mi casa, en mi jardín, esperaremos esta tarde a los señores.