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Fausto.  Johann Wolfgang Goethe
Capítulo 9. PASEO
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(FAUSTO, pensativo, va andando de un lado a otro. Se le acerca MEFISTÓFELES.)

MEFISTÓFELES

Por todo el amor desdeñado, por todos los elementos infernales; ¡quisiera saber lo más ofensivo posible para poder maldecir!

FAUSTO

¿Qué te pasa?, ¿qué mosca te ha picado? No he visto peor cara en mi vida.

MEFISTÓFELES

Me daría ahora mismo a los diablos si no fuera yo uno de ellos.

FAUSTO

¿Estás perturbado? La verdad es que te da empaque ponerte como un loco.

MEFISTÓFELES

Las joyas que reuní para Margarita se las ha llevado un cura. La madre, en cuanto vio aquello, empezó a sentir miedo. La mujer tiene un fino olfato, pues siempre tiene las narices dentro del misal, y empieza a oler todos los muebles a ver si son sagrados o profanos, y cuando vio las joyas comprendió al momento que no tenían muchas bendiciones. Ella exclamó: «Hija mía, este bien injusto apresa el alma y consume la sangre. Lo consagraremos a la madre de Dios y quedaremos satisfechos con el Maná del Cielo». La pequeña Margarita torció el gesto, pensó que era caballo regalado y que no era ningún impío el que lo había traído con tanta finura. La madre hizo llamar a un cura que, en cuanto presintió el placer, se dejó agradar la vista. El dijo: «Está muy bien pensado, el que supera la prueba gana. La Iglesia tiene un buen estómago, ha devorado países enteros y nunca se ha empachado hasta ahora. Sólo la Iglesia, estimadas señoras, puede digerir bienes injustos».

FAUSTO

Ese es un uso general. El judío y el rey hacen lo mismo.

MEFISTÓFELES

Se llevó el prendedor, el collar y los anillos como si fueran bagatelas, y sin dar más gracias que por un cesto lleno de avellanas, les prometió la recompensa celestial y ellas se sintieron muy edificadas.

FAUSTO

¿Y Margarita?

MEFISTÓFELES

Ahora está intranquila, no sabe lo que quiere ni lo que debe hacer; día y noche se acuerda de las joyas y piensa aún más en quién se las dejaría allí.

FAUSTO

Me duele la preocupación de mi pequeña amada. ¡Consíguele nuevas joyas! Las primeras valían poca cosa.

MEFISTÓFELES

Sí claro, para el señor todo es un juego de niñas.

FAUSTO

Hazlo y dispónlo a mi voluntad. Pégate a su vecina. Demonio, no seas blandengue y trae nuevas joyas. MEFISTÓFELES

Sí, gran señor, lo haré con gusto y de corazón.

(FAUSTO se va.)

Así es cómo un loco enamorado hace estallar el sol, la luna y las estrellas para la diversión de la amada. (Sale.)