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Fausto.  Johann Wolfgang Goethe
Capítulo 7. CALLE
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(FAUSTO. MARGARITA se cruza con él.)

FAUSTO

Mi bella señorita, ¿podría atreverme a ofrecerle mi brazo y mi compañía?

MARGARITA

No soy señorita ni bella, y puedo volver a casa sin compañía de nadie. (Se zafa de él y sigue andando.)

FAUSTO

¡Por el cielo, qué niña más hermosa! Nunca he visto nada igual. Llena de bondad y de virtud, al tiempo que muestra cierto desdén. Tiene rojos los labios y luminosas las mejillas. ¡No los podré olvidar en este mundo! Se ha grabado en mi pecho la forma en que bajó la mirada y el momento en que me replicó brevemente; qué entusiasmo sentí. (Entra MEFISTÓFELES.) Tienes que conseguirme a esa muchacha.

MEFISTÓFELES

¿A cuál?

FAUSTO

A esa que acaba de pasar.

MEFISTÓFELES

¿Aquella? Vuelve de hablar con su confesor, que le perdonó todos sus pecados. Me oculté en el confesonario y pude ver que es una inocente que confiesa faltas insignificantes. No tengo ningún poder sobre ella.

FAUSTO

Pero tiene al menos catorce años.

MEFISTÓFELES

Hablas como un auténtico calavera que deseara poseer todas las flores y se enorgulleciera de que para él no hay honor ni bien que no se puedan lograr. Pero esto no siempre ocurre.

FAUSTO

No, elogioso maese; no me vengas a hablar de la ley. Te lo digo claro y alto: si esta noche no siento el palpitar de su joven sangre al tenerla entre mis brazos, a medianoche nos separaremos.

MEFISTÓFELES

¡Piensa en todo lo que hay que hacer y deshacer! Al menos necesito dos semanas para encontrar la ocasión.

FAUSTO

Si tuvieras siete horas disponibles, no necesitaría del demonio para la seducción de esa criaturita. MEFISTÓFELES

Ya habláis casi como un francés, pero no os enojéis. ¿De qué sirve obtener el placer de inmediato? Nunca es tan grande el gozo, ni con mucho, como cuando poco a poco, con todo tipo de embustes, vas encadenando y poniendo en suerte a tu muñequita, tal como ocurre en algunos cuentos extranjeros.

FAUSTO

Aun sin eso, me apetece.

MEFISTÓFELES

Ya sin bromas ni chanzas. Te digo que con esa bella niña no se puede ir tan rápido. Con el empuje no podrás conseguir nada. Tendremos que servirnos de la astucia.

FAUSTO

¡Tráeme algo de su tesoro angélico! ¡Llévame a su lugar de descanso! ¡Haz de su pecho mi pañuelo, hazle una liga con mi deseo amoroso!

MEFISTÓFELES

Para que veas que ante tu pena quiero ser diligente y servicial, no perderemos ni un instante y hoy te llevaré a su cuarto.

FAUSTO

¿Y podré verla?; ¿y será mía?

MEFISTÓFELES

No. Ella estará en casa de una vecina. Mientras tanto podrás hacerte con esperanzas de futuras alegrías en el aire donde ella respira.

FAUSTO

¿Podemos ir ya?

MEFISTÓFELES

Todavía es muy pronto.

FAUSTO

Consígueme un regalo para llevarle. (Se va.)

MEFISTÓFELES

¡Regalos ya! ¡Muy bien! ¡Lo acabará consiguiendo! Conozco lugares adecuados donde están enterrados algunos viejos tesoros. Tengo que volver a echarles un vistazo. (Se va.)